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Guatemala: Presidente que a mala sombra se cobija…

Estadísticas de la Co­misión Económica para América Lati­na y el Caribe (Cepal) afirman que el 50 % de los guatemaltecos vive en la pobreza y que la desnutrición in­fantil afecta a más de la mitad de los niños de esa nación centro­americana, especial­mente a los indígenas.

El hartazgo de los guatemaltecos es grande. Foto: Prensa Libre/María José Bonilla

La situación ha sido agravada este año por la pandemia de la COVID-19 y por el de­vastador paso de los huracanes Eta e Iota, que dejaron 60 muertos, 100 desaparecidos, más de 2 millones de damnificados y cientos de miles de hectáreas anegadas, según reporte gubernamental divulgado el pasa­do jueves.

Sobre ese lecho y otras desgra­cias, además de una corrupción sis­témica, descansan las revueltas que tuvieron lugar en noviembre, de las cuales trascendieron al menos dos muertos, cientos de heridos, y el edificio sede del Congreso parcial­mente inutilizado por un incendio.

Para los manifestantes el gran culpable es el Gobierno y su rostro visible es el mandatario Alejandro Giammattei, quien realmente poco ha hecho por resolver los problemas medulares de Guatemala.

El médico de profesión, que ha­bía aspirado varias veces a la pre­sidencia antes de conseguirlo en segunda vuelta en los comicios del 2019, habló durante su campaña de potenciar la lucha contra la corrup­ción, tema que un lustro antes sacó del poder al mandatario Otto Pérez Molina. Asimismo, prometió reacti­var la pena de muerte como herra­mienta frente al crimen, y condenó el aborto y el matrimonio entre per­sonas del mismo sexo.

La pretensión de manejar el país con mano dura no convence, y su verdadera gestión de gobierno se ha vuelto en su contra al llevar los niveles de aceptación por debajo del 30 %, según afirman encuestadoras locales.

Académicos entrevistados por el diario guatemalteco Prensa Li­bre, a raíz del conato por el Presu­puesto General de la Nación para el 2021 que motivó las protestas, de­nunciaron que “la intencionalidad de los políticos de turno es controlar a su beneficio el gasto público”, lo que pudo ser verificado en la forma poco transparente con que operó el Congreso en ese caso.

Al final, el presupuesto de la discordia quedó definitivamente suspendido, el año próximo el Go­bierno tendrá que arreglárselas con partidas similares a las del 2020, pre-COVID-19 y prehuracanes. No obstante, la maniobra reveló que la clase política en el poder ha echado el ojo a programas de salud y protec­ción social, ámbitos donde habían previsto los mayores recortes: pre­vención de la desnutrición, atención materno-infantil y tratamiento del cáncer, entre otras dolencias que afectan a la población guatemalteca.

Según análisis del portal Pla­za Pública, el presupuesto previsto también perjudicaba a la universi­dad pública y al ejercicio del poder judicial, al tiempo que destinaba 100 millones de quetzales (más de 12 millones de dólares) para cons­truir una nueva sede al Congreso, lo cual confirma las denuncias de que el Gobierno pretende priorizar grandes proyectos de infraestruc­tura, manejados por compañías con conexiones gubernamentales, y pasa por alto el impacto social y económico de la pandemia, así como las graves secuelas dejadas por los huracanes.

“Si no levantamos nuestra voz y no somos enérgicos al condenar lo que pasó en el Congreso, será un patrón que va a seguir de aquí en adelante, donde van a negociar todo detrás de la ciudadanía”, dijo Paul Boteo, integrante de la agru­pación de intelectuales Fundación Libertad y Desarrollo; mientras Dionisio Gutiérrez, directivo de esa misma organización, reveló que con el tema del presupuesto “están ha­ciendo piñata frente a los ojos del pueblo, con la diferencia ahora de que la gente está molesta y con gran necesidad por la crisis económica y el desempleo”.

El hartazgo de los guatemalte­cos es grande y Giammattei lo sabe, por eso echó mano a la veleidosa Carta Democrática Interamericana de la OEA y el pasado viernes llegó a Guatemala una comisión de ex­pertos encabezada por el argentino Fulvio Pompeo, a quien la fama le precede por haber estado vincula­do a una turbia y fallida venta de aviones a Guatemala mientras era funcionario del presidente Mauricio Macri.

Latinoamérica conoce cada vez más a la OEA, la ha sufrido por sus afanes entreguistas y serviles al imperio estadounidense, ejemplos recientes son Venezuela y Bolivia, donde el organismo regional ha he­cho de todo por promover un cam­bio de Gobierno, pero ese riesgo no lo corre Guatemala, más bien todo lo contrario.

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