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A propósito de vinos y reencarnaciones

Una telenovela establece con su espectador un pacto ficcional, un acuerdo tácito que abre el abani­co de posibilidades más allá de la vocación documental con que se asumen otros géneros. El folletín siempre ha sido campo fértil para la invención y el énfasis, y en la tradición brasileña (no tanto en la cubana) se han narrado muchas historias de decidido (y a veces singularmente hermoso) realismo mágico, con milagros incluidos.

¿Por qué algunos se asombran de los presupuestos de A través del tiempo (Cubavisión; lunes, miér­coles y viernes)? Estaban perfec­tamente planteados desde el prin­cipio. Había criaturas angélicas propiciando o torciendo peripecias, había encuentros de personajes que parecían predestinados, había un regodeo místico que involucraba a varios núcleos de la historia. Y aquí y allá se hablaba de reencarnacio­nes, de pagar o intentar resolver en otras vidas los errores que se come­tían en la presente.

Más allá de una identificación con ciertas corrientes metafísicas (que cuentan con bastantes y muy entusiastas seguidores), esta tele­novela dialoga con un entramado filosófico y cultural que está en el tronco de la identidad brasileña.

De acuerdo, aquí se halla sim­plificado, puesto en función de una historia potable y sin grandes pretensiones conceptuales. Con­vence o no convence a potenciales espectadores. Pero es perfecta­mente legítimo. Y nadie debería poner en duda sus posibilidades dramáticas.

Hay tela para cortar en todas las tramas, hay puntos de giro, hay contraposición. Los capítulos son una sucesión de acciones más o menos trascendentes, que no de­jan caer el interés. Al principio hubo quizás demasiado regodeo en el planteamiento de los conflic­tos, pero a medida que la telenovela avanzó se movilizaron las líneas ar­gumentales y por momentos capítu­los antes del cambio de época en que no se le dio respiro al público.

Aquí nadie ha descubierto el agua tibia: héroes románticos y villanos, personajes trágicos y nú­cleos humorísticos. Cuando hay tanta intensidad dramática se dis­tiende con escenas más ligeras. El folletín de toda la vida.

La telenovela puede ser mucho más, obviamente, y en el propio Brasil se ha demostrado. Nume­rosos temas de gran impacto po­pular y polémicas de la contem­poraneidad han encontrado en algunas producciones de ese país una plataforma propicia, sin que se alterara en su esencia el abecé del género.

No es el caso, en A través del tiempo no hay grandes reivindi­caciones sociales, esta es sencilla­mente una historia de amor. Y los altibajos del amor y las relaciones humanas seguirán siendo la co­lumna vertebral del folletín.

Notable —aunque eso no es noticia a estas alturas— el nivel de la factura. Hace mucho que la productora Globo ha alcanzado estándares de calidad formal que la ubican en la vanguardia del arte televisivo universal. La pues­ta en pantalla es un mecanismo funcional y exquisito: fotografía, ambientación, decorados, diseños de presentación y despedida, mu­sicalización, dinámicas espacia­les… La marca de la casa, que se sostiene también en la simpatía y el “saber estar” de los elencos.

Las telenovelas son como los vinos (nunca mejor el referente): las hay de contundente bouquet y las hay más ligeras. Esta, si se quiere, es un refrescante tinto de verano. Ni más ni menos.

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