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Calidad: una mancha que debe desaparecer

La inclusión del sector de la construcción entre los priorizados en el Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 lo sitúa ante un nuevo reto que debe tener, inexorablemente, una respuesta positiva.

Son diversos los ejes estratégicos a atender para cumplir el encargo hecho, como el cumplimiento de los cronogramas de ejecución de las obras que responden a inversiones en diversas ramas, el incremento de la producción de materiales, la materialización del programa de la vivienda… Pero hay uno al que me quiero referir de manera particular: la calidad.

 

 

De los problemas que tradicionalmente han presentado el control estricto de los indicadores cualitativos y la exigencia que debe mantenerse al respecto se ha escrito y hablado mucho, pero aún no acaban de resolverse. Las buenas intenciones no acaban de erradicarlo y por tanto, deviene una “oveja negra” para los constructores cubanos.

No hay balance anual, conferencia o encuentro de análisis del cumplimiento de los objetivos ni de la marcha de las obras que el asunto no salga a relucir. Y aunque pueda existir cierta mejoría en determinadas ejecuciones (pienso en algunas del turismo o en las que realizan cooperativas no agropecuarias) no hay solidez en lo que se logra en términos de calidad.

La pregunta de los “cien mil pesos” es: ¿Por qué? Como todos los caminos conducen a Roma, en este aspecto llevan a la falta de exigencia, control y responsabilidad sobre todo y a descuidos que no siempre están relacionados con la preparación y los conocimientos de los trabajadores, técnicos y especialistas.

El Ministerio de la Construcción, el Sindicato del ramo y las Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial han organizado talleres y exámenes en aras de determinar con exactitud las causas y encontrar las soluciones. Pero evidentemente, lo hecho no es aún insuficiente y, por ende, debe reforzarse la acción.

No se concibe un consejo de dirección que en sus reuniones periódicas no analice como punto esencial el referido a la calidad, que oriente y adopte medidas y hasta sancione a los infractores, porque esa asignatura pendiente ya pesa demasiado y hasta demerita al sector, el cual, por cierto, se ha caracterizado siempre por una consagración enorme y una actitud revolucionaria a toda prueba.

Con solo pensar que sobre el hombro de los constructores descansa una parte considerable del necesario desarrollo del país es suficiente para no descuidar ningún aspecto y poner a la calidad de manera definitiva en el sitio prioritario que le corresponde.

Es cierto que corren tiempos difíciles y que la pandemia afecta de manera considerable a ese sector, pero lo uno no tiene que ver con lo otro. Pueden faltar materiales en una obra, pero cuando se dispone de estos el trabajo tiene que ejecutarse de acuerdo con los indicadores establecidos, y los ojos de los jefes y técnicos tienen que estar en cada labor, para corregir a tiempo y hasta detenerla si resultara preciso.

Casi finaliza octubre, mes dedicado en Cuba a la calidad y propicio para hacer un análisis profundo sobre tan importante asunto. La mancha tiene que ser definitivamente borrada.

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