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1er Lugar Concurso Cuba Deportiva: Ñico Capote, un Guajiro Natural

Una mañana fui al encuentro de una leyenda, celebraba su cumpleaños 80, organizado por el Inder y su familia, no obstante, como buen atleta me aceptó el reto e iniciamos la carrera.

Antonio Ñico Capote en un maratón de 1962. Foto: tomada de un periódico nacional.

Con un brillo intenso en los ojos me dijo. ¿Usted se dedica a investigar sobre las glorias deportivas? ¿Y por qué no escribes mi historia, para que el pueblo de Cuba la conozca? Si usted hiciera la historia de este Guajiro Natural, pues como Polo Montañez, vengo de la yunta de buey que tira del carretón, traigo el olor a carbón y el aroma del batey.

Conociendo la resistencia que poseía para este tipo de carrera, le manifesté; pues cuéntemela, le escucho. Si algo nunca fallaba en Ñico era un tema de conversación, y digo Ñico, pues por Antonio Capote Vera muy pocos lo conocían en el pueblo de Guaos, donde nació el 7 de noviembre de 1934.

“Yo con 15 años jamás había visitado Cienfuegos… imagínese éramos 17 hermanos y teníamos una colonia, como a unos siete kilómetros de la casa… Para llegar hasta ella contábamos con varios caballos, un privilegio en aquella época y mientras unos iban montados, yo corría a su lado, me levantaba las patas del pantalón de trabajo y con zapato y todo salía para allá”.

El primer día cuando atravesó el pueblo fue un asombro, todo el mundo exclamaba mira a Ñico está loco, mira, mira… “En la colonia, si era tiempo muerto, me ponía a guataquear y chapear; y en tiempo de zafra a cortar caña. Así estuve hasta que la situación se puso mala para mi papá, quien se vio en la necesidad de vender la colonia.

“Entonces fui a trabajar para la cantera de San Antón a sacar piedra. El mismo giro, por la mañana corriendo hasta la cantera y de regreso terminaba el entrenamiento en un potrero cercano…”

Quienes vieron correr a Ñico recuerdan como los domingos, su única jornada de descanso, corría hasta Cumanayagua, y la semana siguiente invertía la ruta hasta la Calzada de Dolores o la tienda de Arimao.

El 4 de diciembre de 1953, día de la Patrona Santa Bárbara de Guaos, se organizó una maratón de cinco kilómetros. “Ese fue un maratón muy grande, vino un camión lleno de corredores que con su atuendo deportivo patrocinaban a diferentes casas en Cienfuegos.

“Aquí había un corredor muy famoso ,Manolo Gallardo, y le gané. Me costó porque siempre andaba pisándome los talones, Después corrí la carrera Caonao Cienfuegos… Yo gané los dos últimos años 58 y 59”.

Los cambios sociales a partir del triunfo de enero de 1959 abrieron aún más el espectro de posibilidades para el talento de Ñico. Y a las nuevas oportunidades respondió con los mejores hábitos, pues siempre presumió de nunca llevar a la boca un cigarro, ni tomar café o consumir bebidas alcohólicas.

Gracias a su dedicación y esfuerzo integró la delegación que tomó parte en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Kingston, Jamaica, en 1962. Cuatro años más tarde, tuvo el honor de formar parte del grupo de atletas cubanos que dignamente nos representaron en la cita centrocaribeña de Puerto Rico, a la cual llegó a bordo del buque Cerro Pelado, para competir en los 10 mil metros y la maratón.

Su constancia fue premiada en los Juegos de Panamá 1970, cuando logró agenciarse la medalla de plata en los 42 kilómetros.

De regreso a su tierra natal fungió como instructor de atletismo en la Eide por cerca de una década; luego se acogió al retiro como operador de caldera en la Fábrica de Cemento.

Quiso el destino que el 17 de mayo de este año, mientras celebrábamos las actividades por el Día del Campesino, conociéramos la triste noticia, de que el Guajiro había sufrido su última derrota. La vida se le escapó entre el cariño del pueblo, que siempre lo admiró y lo vio montarse en el avión y regresar, porque con él no había confusión.

Antonio Ñico Capote integra, sin discusión, la galería virtual, pero ilustre y mística de los grandes atletas cubanos. Por su ejemplo de tesón, entrega, humildad y sacrificio, y sobre todo por su fructífero expediente deportivo, el Guajiro Natural de Guaos es y será por siempre mi ídolo.

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