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La Guagua: los troles que trolean contra Cuba

En la anterior salida dominical de La Guagua: águila no caza moscas, pero… dijimos que

dejamos sin final, o para ser más exactos: llegamos en este recorrido de hoy hasta aquí, pero con el compromiso de reanudar el trayecto para hablar de las técnicas de esos personajillos conocidos como troles y, por supuesto, también discutiremos sobre cómo evitarlos con el uso de recursos tecnológicos, pero también mediante la conducta individual y colectiva.

 

 

Y para cumplir la promesa, están invitados a mantenerse a bordo para continuar el tema (que tampoco lo terminaremos en este viaje) con datos extraídos del Fundeu, buscador urgente de dudas donde afirman que trolear y troleo, con una sola ele y sin comillas, pues el verbo trolear y el sustantivo troleo, están formados a partir de trol y escritos con una sola ele, por lo cual son palabras bien formadas y su uso por tanto puede considerarse correcto.

También señala el sitio de consultas que

El sustantivo trol, adaptación de la voz noruega troll, ha dado lugar a las formas derivadas trolear y troleo, empleadas en un principio en internet para referirse a la acción y al efecto de intervenir en un foro digital con el objetivo de generar polémica, ofender y provocar de modo malintencionado a los demás usuarios, a menudo enviando multitud de mensajes que pretenden captar la atención e impedir el intercambio o desarrollo habitual de dicho foro.

Y seguidamente añade

A partir de este primer uso, estas voces han ido extendiendo su significado, de modo que se aplican a múltiples contextos, no siempre digitales, con la idea sobre todo de ‘intervenir con ánimo de hacer fracasar algo’. Con este sentido, trolear puede alternar con otros verbos como reventar, boicotear, provocar…
También se documentan usos con significados próximos como ‘molestar, cansar o enfadar’ y, especialmente, ‘tomar el pelo, vacilar o gastar una broma, por lo general pesada’.

El escenario en el que actúan los troles no siempre es digital, pero es al que nos vamos a referir y queda pendiente tratar sobre otros lugares como las reuniones que son desviadas y malogradas por el inescrupuloso troleo que hace perder el tiempo, cansan y tronchan las intenciones de debatir un asunto para hallar soluciones de beneficio colectivo.

Aunque en esencia sus tácticas y técnicas son comunes, en el caso de Cuba tienen un toque distintivo dado por el ensañamiento con que procede el costoso y moderno dispositivo que se ha ido creando por cada uno de los gobiernos de los Estados Unidos para destruir la Revolución o impedir que sea visible su ejemplo para otros pueblos del mundo.

Todo tiene excepciones que confirman la regla, y en este caso nos referimos a que las agresiones se caracterizan por una avalancha de mensajes cuya mayoría apuntan hacia otros asuntos que nada tienen que ver con el tema que coloca un participante cubano revolucionario en los sitios de redes sociales en Internet.

Y no se trata únicamente de una cantidad descomunal de mensajes, sino que también aparece un número inusitado de emisores que resultan la mayoría de las veces imposibles de igualar, lo cual es perfectamente posible porque mientras una persona seria elabora textos con argumentos para establecer un diálogo constructivo, estos personajillos que trolean sencillamente escriben disparatadamente, sin cuidar las normas elementales de redacción, ni corregir los errores mecanográficos.

Es más fácil trolear que transmitir una idea, y si es para defenderla, es aún más titánica la labor para fundamentar lo que se afirma cuando están presentes quienes se dedican a boicotear sistemáticamente a cualquier hora del día, la noche o la madrugada.

Nadie ha dicho que sea imposible neutralizar a los troles, pues para ellos existen recursos tecnológicos y de actitud de las personas. En el primer caso, basta con no aprobar los mensajes o borrarlos cuando no aportan nada al debate y se ven claras intenciones de fastidiar, ya sea mediante bromas de mal gusto o burlas.

Y si de Twitter se trata, es posible acudir a la herramienta «Cualquier persona puede responder», donde se desplegará un menú para elegir: «Todos», «personas a las que sigues» o «solo las personas que mencionas», tal y como se muestra en la siguiente imagen:

 

 

Si seleccionamos la segunda opción «personas a las que sigues» podría dialogarse constructivamente, en tanto la segunda «solo las personas que mencionas» limita el universo de interlocutores, pero lo más importante quizás sea saber que se aplican por separado a cada tuit, es decir, que este instrumento no se generaliza.

Y hay otros recursos para defendernos de los troles, cuyo uso dependen totalmente de nuestra voluntad como son las de conservar la calma y no dejar que nos revienten la paciencia ni caer donde los provocadores quieren mediante frases que molestan y causan enfado. Así, continuamos el debate constructivo, sin que el reptar de los personajillos nos puedan desviar de la ruta.

En resumen: En el trayecto de esta guagua conversamos sobre cómo proceden los troles y una de las herramientas que desde hace pocas semanas Twitter habilitó para el área geográfica de Cuba (meses antes estuvo disponible para otras zonas del mundo) y que permite neutralizar troles.
Nos referimos a esa novedad de esa red social, pero hacemos énfasis en la de no dejarnos provocar para no perder el tiempo empantanados en discusiones con alguien que no solo es un enemigo de la Revolución, de Cuba y del Socialismo, sino que son personajillos convencidos de que no tienen razón, y por eso acuden a las tácticas de trolear.
Por último, no todos los troles reciben una paga por el mercenarismo en la redes sociales, hay algunos que son víctimas que han caído en las trampas de las guerras de cuarta generación, y tampoco faltan los resentidos, útiles todos para los que controlan el dispositivo mediático contra la Mayor de las Antillas.

 

Si no llegó a tiempo para leer las guaguas anteriores, puede abordarlas desde aquí

 

En una reunión con trabajadores de la Cooperativa de Ómnibus Aliados en La Habana, el 30 de marzo de 1959, Fidel dijo: «Ustedes saben que uno de los lugares donde más se discute de política, de revolución, de economía y de todo, es en el ómnibus, ¿no? Es como una plaza pública el ómnibus, es como una mesa redonda; un ómnibus es como una mesa redonda permanente, donde todo el que sube opina. (…) a veces pregunto qué se habla en los ómnibus, para enterarme de cómo andan las cosas.»
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