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Venezuela acusa y tiende ramo de olivo

En la Conferencia vía Zoom, organizada en Canadá el pasado 20 de agosto por el Instituto Canadiense de Política Exterior y por el medio Canadian Dimension, el Ministro del Poder Popular de Relaciones Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza, evaluó, entre otras cuestiones, el impacto de la injerencia del gobierno de Trudeau (en nombre de Trump) en los asuntos internos de Venezuela.

 

El ministro de Relaciones Exteriores venezolano, Jorge Arreaza expresó: Esta agresión está relacionada con los intereses petroleros. Foto: Tomada de Canal Caribe

 

Cualquier canadiense amante de la justicia podría pensar que Simón Bolívar, el héroe de la independencia venezolana del siglo XIX, tenía razón en su célebre afirmación: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Actualmente, bajo la administración de Justin Trudeau, podemos incluir a Canadá al lado de Estados Unidos. Aquellos canadienses impregnados de los principios de soberanía, por no hablar del derecho internacional, deberían reconocerlo.

En un momento de su larga conferencia, Arreaza preguntó:

“¿Por qué Canadá ha venido siguiendo los mismos pasos de Estados Unidos? ¿Por qué Canadá ha venido incluso soportando los golpes para decir cosas que Estados Unidos no podría decir debido a la muy mala reputación que tiene en los países latinoamericanos? Canadá empieza a estar presente en la primera línea de agresión contra Venezuela. Y nosotros realmente no teníamos idea de lo que podía suceder.

«¿Por qué Canadá? Siempre habíamos visto a Canadá como un puente, como un actor con el que podíamos establecer un diálogo y a través suyo buscar el diálogo con Estados Unidos e incluso con otros países del mundo.

Pero no fue así, y [Canadá] siempre ha utilizado el marco de la defensa de los derechos humanos. No obstante, ustedes saben que el primer ministro de Canadá, el Sr. Trudeau –quien, debo aclarar, no se parece a su padre−, ha tenido algunas diferencias con la administración de Trump, especialmente en cuanto al cambio climático, a los acuerdos comerciales, etc. Y lo que realmente creemos y concluimos es que, aun teniendo estas diferencias importantes, Venezuela resultaba una carta fácil acerca de la cual ponerse de acuerdo, así que esto es lo que hicieron.

Dijeron: bien, tenemos estas discrepancias, pero pongámonos de acuerdo acerca de Venezuela. Haremos lo que ustedes no pueden hacer. Organicemos el grupo Lima. No será usted directamente, señor Pompeo, quien lo haga. Va a ser Chrystia [Freeland], va a ser Trudeau. Será más fácil si lo hacemos de esta manera, puesto que, si Estados Unidos es miembro del grupo Lima, nadie le va a dar credibilidad a este grupo, puesto que creerían que es Estados Unidos y su política de cambio de régimen quien estaría tratando de atacar a Venezuela.

«Y debemos decir además que hay una segunda razón o motivación que produce esta agresión de Canadá contra Venezuela. Esta agresión está relacionada con los intereses petroleros, con las grandes compañías de Alberta, aquella provincia de Canadá donde se produce petróleo pesado, como el petróleo venezolano. Petróleo pesado, y sus refinerías, especialmente en el sur de Estados Unidos, en Texas, en Florida y en otras partes, destinadas para el petróleo venezolano, para el petróleo pesado. Porque tradicionalmente Venezuela suministraba este petróleo a las refinerías. Ahora, debido a esta agresión contra Venezuela, debido a estas sanciones contra Venezuela, el petróleo de Canadá está sustituyendo al petróleo de Venezuela.

«Hubo una motivación clara, aun cuando había también cierto interés por parte de algunas empresas como Crystallex, una empresa minera en Venezuela, una empresa falsa que en realidad nunca existió. Su nombre es Crystallex, puesto que fue creada para una región en Venezuela que tenía importantes minas de oro llamadas Cristinas, así que se llamó Crystallex. […] Pero, en algún momento, el presidente Chávez decidió nacionalizar la industria del oro y les pidió a estas compañías que salieran de Venezuela. Así que acudieron a un proceso de arbitraje y, de repente, durante estos últimos años, perdimos dicho proceso y con ese dinero del pueblo de Venezuela, de la República Bolivariana de Venezuela, ahora se debe pagar a esta supuesta empresa Crystallex.

«Pero está relacionada con Canadá, es canadiense y tienen vínculos con el diputado Juan Guaidó. Debo decir que nadie conocía a Juan Guaidó antes de levantar la mano en medio de una manifestación en la calle y autoproclamarse Presidente de nuestro país. Muchos venezolanos han olvidado su nombre. Con cierta dificultad, aprendieron a escribir su nombre y ahora incluso lo han olvidado. Así, todo este interés empresarial entró a hacer parte de este nuevo juego de ajedrez, y Canadá ha estado a la vanguardia de esta agresión contra Venezuela.

«Debemos recordar que el grupo de Lima fue creado porque Estados Unidos no logró obtener los votos que necesitaba en la Organización de Estados Americanos (OEA) para expulsar a Venezuela o aplicar la Carta Democrática de las Américas e intervenir en Venezuela, especialmente porque no pudieron convencer a los países del ALBA y de la CARICOM, las naciones del Caribe. Nunca lograron obtener los 24 votos necesarios, ni siquiera lograron obtener los 18 votos inicialmente. Así, crearon este grupo de Lima, un grupo informal. No es legal, no está registrado ante ninguna organización internacional. Se reúne para atacar a Venezuela y, por lo general, lo preside Perú, por lo general, pero eso es formal. Las órdenes e instrucciones reales son dadas por Canadá, pero especialmente por Estados Unidos, de Washington a Canadá y de Canadá al grupo Lima. En una de sus últimas reuniones, incluso se comunicaron por videoconferencia con Pompeo. Estados Unidos no es miembro del grupo, y Pompeo les dice qué hacer”.

En una primera reunión en la ONU con Elliot Abrams (enviado especial de Trump para Venezuela), en referencia a los planes y predicciones para derrocar a Maduro, Arreaza recordó que no se materializarán:

“Después de esa [primera reunión] nos encontramos y le dije: Señor Abrams, como usted puede ver, no sucedió nada, nuestros militares respetan a nuestra Constitución y a nuestro gobierno, y su golpe de Estado fracasó. Y él respondió, ‘De acuerdo, si falló, debo aceptarlo, al menos por ahora. Entonces vamos a aplicar la estrategia de presión máxima. Y tenemos muchos aliados’. Y en su lista, Canadá siempre fue el primero”.
Sin embargo, a pesar del apoyo cruel y cínico del gobierno de Trudeau a las sanciones de cambio del régimen por parte de Trump y Pompeo, y a pesar del intento de golpe de Estado, Arreaza le extendió la rama de olivo:

“Y deseo compartir con ustedes [el público canadiense], e insisto, si el Sr. Champagne, Ministro de Relaciones Exteriores de Canadá, desea conversar con el Ministro del Poder Popular de Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela, puedo llamarlo ahora mismo. Si desea reunirse conmigo en Ottawa, en Caracas, en la Ciudad de México, en Beijing o donde sea, puedo viajar. Cuando lo desee. Porque creemos que debemos respetar a Canadá y Canadá debe respetar a Venezuela, y no interferir en los asuntos internos venezolanos”.

Durante el período de preguntas y respuestas de los periodistas, Arreaza reiteró lo siguiente, refiriéndose a una pregunta relacionada con los planes de otra intervención militar dirigida por Estados Unidos:

“Tal vez ellos [funcionarios del gobierno canadiense] puedan escuchar esta [conferencia]. Estoy tan seguro de que, no sé si el Ministro o funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá estén escuchando esta conferencia, este intercambio, y estén tomando notas, espero que rectifiquen, y que nunca apoyen −ni ahora ni en el futuro, una operación militar contra Venezuela”.

El gobierno canadiense no se ha pronunciado. Sin embargo, el 26 de agosto fue publicado un artículo en el National Post de uno de los periodistas que participó en la conferencia. Citando extensamente al falso embajador de Guaidó, señaló esencialmente dos puntos:

El artículo, elaborado con un mínimo de principios periodísticos, no valdría la pena ni por el papel en el que fue escrito. Sin embargo, la narrativa coincide con los actuales planes de Estados Unidos para realizar una intervención militar en Venezuela en el mes de octubre, con la participación de Colombia y la aquiescencia −o deberíamos decir, la aprobación tácita del Gobierno de Trudeau, y una narrativa político-diplomática cuidadosamente nutrida por parte de los medios corporativos.

A la luz de esta colosal violación del derecho internacional, ¿pueden los canadienses permanecer en silencio? Por el contrario, los miembros del Parlamento, los sindicatos, las organizaciones sociales, políticas, y los intelectuales de Canadá y de todo el mundo ¡deben pronunciarse ahora!

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