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Lourdes, una Mariana orgullosa de su Isla

Por Marianela Bretau Cabrera

 

Cuando Lourdes Pérez Suárez arribó a la Isla tenía 17 años. No existían las grandes edificaciones de escuelas al campo, los extensos cultivos de toronja ni la autopista y los poblados eran pequeños; por aquel entonces arribaban al terruño miles de jóvenes de todo el país con inmensas ganas de transformar e impulsar el desarrollo de esta tierra.

 

Foto: Marianela Bretau Cabrera

 

Ha transcurrido más de medio siglo desde que ella, maestra y dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en su Mantua querido, en Pinar del Río, se convirtió en una de las Mariana Grajales del contingente de igual nombre, dedicado a la siembra de café y cítrico, donde trabajaba a diario hasta altas horas de la noche.

“Aquí llegué a finales de 1967, estaba en la Escuela Nacional de Cuadros de la UJC cuando se planteó la necesidad de que un grupo de compañeras vinieran en avanzada a preparar los campamentos que recibirían a las columnas Mariana Grajales, conformadas por militantes y federadas del país, quienes llegaron en febrero del ’68 al campamento del escuadrón en el reparto Juan Delio Chacón.

“Fue ahí donde comenzaron la siembra de cítricos que ya se hallaban en viveros, la selección de semillas y preparación de injertos; llenábamos bolsas de noche y también teníamos el compromiso con Fidel del cultivo del café en el área de La Americana, donde nos mantuvimos hasta cumplir el plan en julio de ese año”.

Una vez finalizado ese primer compromiso, hubo un encuentro en Villa Clara entre las columnistas y el Comandante en Jefe, justo al inaugurarse la Plaza de la Revolución allí, donde se encuentra hoy el monumento al Che, “y decidimos quiénes regresaríamos para la Isla a continuar el trabajo y las que se quedaban en la planta nuclear de Cienfuegos”, rememora entusiasmada  a sus 68 años a la vez que muestra el certificado otorgado entonces.

“Regresé a la Isla el 13 de agosto de 1968 con el compromiso de trabajar dos años más y me ubicaron en la avicultura, ahí estuve hasta el año ’70 y después empecé a fungir como organizadora de trabajo en Cultivos Varios y pecuario… y ya le digo, en ese tiempo me enamoré, me casé y me quedé.

“Me entusiasmó la idea del trabajo, la efervescencia de la juventud de ese momento, como se llenaba la calle 37 frente a la UJC, los camiones repletos de jóvenes a limpiar las playas, dispuestos a todas las tareas asignadas sin importar la hora. Imagínese, pasábamos el día trabajando en el cítrico y por la noche íbamos para el área de El Abra a llenar bolsas, eso lo hacíamos con luminarias que se ponían y en el campo trabajábamos con las luces de los camiones hasta tarde.

“Esa era la vida de la juventud aquella, aunque no dejábamos de hacer fiestas, actividades deportivas, bailábamos, inclusive comparsas en el campamento, jugábamos ajedrez, voleibol y hasta las dirigentes de nosotras se incorporaban para arrollar con la conga por todo Chacón.

“Vivimos momentos muy laboriosos, pero felices, una etapa maravillosa con las Mariana, los Seguidores de Camilo y Che, los Vikingos, las columnas juveniles agropecuarias, las Picolinas, los jóvenes del Centenario… estoy orgullosa de haber participado en la construcción de lo que es hoy el territorio y ser parte de la Isla de la Juventud, proclamada hace ya 42 años, como todo un símbolo de la confianza de la Revolución en sus jóvenes”.

Lourdes, ya jubilada y satisfecha de seguir laborando en su poblado, La Fe, evoca a aquella muchachita que con sus manos labró junto a miles de brigadistas cubanos por este presente pinero y expresa con total convicción: “La Isla para mí es mi segundo lugar de nacimiento, al que he dedicado mi vida entera aunque no dejo de reconocer que soy de Pinar del Río, pero aquí formé mi hogar y tuve a mi hijo que es pinero.

(Tomado del periódico Victoria)

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