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El rostro de los días (+ Fotos)

La telenovela cubana que ahora mismo está en el aire tres días a la semana por Cubavisión, aborda un tema sensible para todos: la maternidad, aquí y ahora; se sabe que nuestra sociedad envejece y no contamos con índices precisamente elevados de natalidad que garanticen un relevo cuantitativamente satisfactorio, de ahí que El rostro de los días focalice un problema acuciante.

Original de Ángel Luis Martínez Rodríguez, con guion suyo y de Sergei Svoboda , el audiovisual con dirección de Nohemí Cartaya, codirección de Rafael “Felo” Ruiz, producción general de Alexander Alfonso y asesoría de Nilda Pérez , abre sin embargo su abanico temático a rubros muy vinculados con esa, su línea dramática principal: matrimonios infértiles, embarazos no deseados , madres solteras y ese tópico que alimenta toda novela “que se respete”: las relaciones de pareja.

Sus historias parten de una investigación que refleja casos reales y uno de sus espacios esenciales resulta simbólico: el hogar materno donde están ingresadas gestantes con factores de riesgo; mujeres a las que se asesora sobre la alimentación más adecuada durante el embarazo, futuras madres ya pasadas de edad o adolescentes encintas.

La obra mantiene un ritmo fluido que permite seguirla sin dificultades, si bien en no pocos capítulos se siente algo alargada y como henchida mediante frecuentes cortinas musicales — imágenes muy hermosas de la capital fundidas auditivamente a las canciones— algo típico en el subgénero y que se explota mucho, digamos, en las telenovelas turcas, pero que en este caso privilegia demasiado tales paratextos, con las canciones casi completas, que restan contenido y dejan una sensación de incompletez, de poca sustancia, como si deliberadamente se tendiera a estirar el relato.

Sobre las canciones propiamente dichas (con la autoría de Adrián Berazaín, Yoel Martínez, Abel Geronés, el Dúo Iris, Dairon Rodríguez, Giordano Guerra y Camila Daniela) se agradece que exista un nivel en el alcance de esos textos musicales, acordes con la complejidad de los temas y sub temas del dramatizado, pero algunas resultan un tanto rebuscadas, con imágenes que a fuerza de vanguardistas están llenas de metáforas desconcertantes.

A ello se une el criterio de edición seguido por Humberto Fernández y Esteban Vázquez Aldama (este último también director de posproducción), proclives a un exceso de cortes en las escenas con picos dramáticos altos (Se sabe que esto es un recurso habitual para generar expectativas en el auditorio, pero aquí con frecuencia se aprecia cierta precipitación y excesos de rupturas).

La imagen en general pudo ser un tanto más audaz, pues generalmente resuelve los encuentros entre personajes con el clásico plano/contraplano dela cámara, pudiendo integrar más aquellos en función de (y en fusión con) el espacio, si bien se aprecian ocasionalmente movimientos y encuadres más arriesgados estéticamente, en los cuales se crece el concepto de visualidad. La dirección de arte de Violeta López , la escenografía a cargo de Roberto González y Alberto Pauste, el diseño de vestuario por María Caridad Capote y el trabajo del estilista Tony Angelino contribuyeron favorablemente, desde sus rubros, a ello.

Respecto al contenido per se, muchos televidentes se molestan (y así lo han manifestado en redes sociales), ante el nivel social predominantemente elevado que prácticamente excluye, o al menos refleja en menor medida, un sector poblacional menos favorecido, pero en realidad esa clase media alta que protagoniza El rostro…existe, crece incluso entre nosotros y a los realizadores asiste el derecho de mostrar historias que la tienen como protagonista.

Los conflictos sobre la maternidad en específico abarcan un radio suficientemente variopinto que en términos generales se desarrolla con bastante acierto y precisión dramatúrgica. Algunos de ellos resultan verdaderos lugares comunes, tal el motivo dramático de madre e hija que lo ignoran y se re- conocen y re-encuentran años después , uno de los motivos candentes en los capítulos que corren y resulta un verdadero tópico de la telenovela heredado del melodrama clásico que viene caminando desde el siglo XIX.

Al igual que otros ( triángulos amorosos , hermanos desconocidos, etc) muchas de nuestras representantes del patio lo incluyen, y de veras se hace difícil ser original en este acápite realmente manido, pero reconozco que con el asunto que alimenta El rostro…, la maternidad en su amplia gama, sería difícil eludirlo.

También se agradece que otros temas no menos importantes (la fidelidad, la adopción, la amistad, los lazos familiares, etc) hayan ocupado un lugar significativo en la diégesis de la obra.

Un rubro notable es el de las actuaciones, tanto veteranos como nuevos o novísimos llenan, en su casi totalidad, con algo más que decoro las características de sus roles, si bien se echa de menos un poco más de matices en los personajes negativos, defecto este que padece la telenovela clásica (miremos por ejemplo, las de Brasil) y del que no ha logrado escapar del todo, la nuestra.

Quedan capítulos aun, El rostro de los días con una original presentación de Rafael García Lorenzo, Felito, —sobre la base de fotos familiares— depara de seguro nuevas sorpresas y emociones, pero desde ya, considero que, aun con sus limitaciones y defectos, estamos ante un paso de avance en la historia del polémico e irregular dramatizado en Cuba.

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