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Chichi no se pasa con ficha

La economía no es una asignatura pendiente para Vicente Segura Expósito, quien emprendió la faena en edad temprana como pesador de cañas cerca del lugar conocido por Desengaño, donde el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, sugirió a los lugareños llamarle Ilusión y con ese nombre fue reinscrita la comunidad en la historia de Cuba.

«El costo predeterminado es como un patrón de pruebas para medir los costos reales, controlarlos es vital para actuar en caso de desviaciones», afirma Vicente Segura Expósito, fundador de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC). Foto: José Luis Martínez Alejo

En esas tierras fértiles, del centro de la provincia de Ciego de Ávila, no se quedó para siempre Chichi Segura. Con su juventud y talento, recorrió empresas cañeras y vianderas. Dotado de sólidos conocimientos y habilidades, asesoró la agricultura en la República Bolivariana de Venezuela, por su experiencia como Máster en costos.
Ahora tal especialización es una fortaleza frente al desafío de la crisis económica mundial impuesta por el Coronavirus. Porque él no pierde oportunidades para poner sobre la mesa su mejor carta de triunfo: la ficha de costo.
Y es que él desdeña todo lo que consista en buscar ganancias a costa de altos precios o cumplir un plan con exceso de gastos. Así vence día a día los avatares de la jornada laboral porque tiene un medidor de la eficiencia, en la minindustria Ceballos Uno.
Allí se emplea a fondo, con lujo de detalles en los controles económicos, el fundador de la  Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC).

¿Cuál ha sido el aporte suyo para lograr que la fábrica sea una de las cinco mejores, de una veintena de centros de ese tipo, que tributa sus producciones a la Empresa Agroindustrial Ceballos, líder del primer polo agrícola exportador de Cuba?

«Logramos que las mermeladas, los jugos, los dulces en almíbar, los derivados del tomate y otros productos sean elaborados con eficiencia. No todos los renglones son iguales, ni tienen la misma tasa de rentabilidad, por eso organizamos la producción para que no haya pérdidas en los procesos, además que cada trabajador esté vinculado y obtenga el salario acorde con los resultados finales de su labor».
«No importa que cada quien gane mucho, porque si lo logró es porque trabajó mucho. De analizar al detalle esa relación costo beneficio para la economía y del que trabaja, nos ocupamos nosotros para saber, por ejemplo, cuántas toneladas de frutas y de azúcar necesitamos por cada tonelada de productos industrializados».

¿Usted siempre ha triunfado en esta batalla, nunca se ha enfrentado a las pérdidas económicas?

«Cuando asumimos hace mucho tiempo la tarea de subdelegado económico de la Delegación Provincial de la Agricultura en Ciego de Ávila, había 78 millones de pesos de pérdidas, al año siguiente la disminuimos a 16 millones y luego a cero, logrando así la rentabilidad».

Resulta vital la actualización del modelo económico cubano, ¿cuál es su punto de vista?

«La eficiencia no solo se obtiene a partir de un mejor control. Todavía uno ve por ahí que la jornada laboral no se aprovecha al máximo, hay tractores y tierras improductivas, no se siembra lo suficiente; en fin, no habrá eficiencia económica donde no exista eficiencia productiva o no haya una exigencia muy fuerte en el uso óptimo de los recursos».
Es por tanta consagración a la profesión de toda su vida que Vicente Segura Expósito afirma estar enamorado de los controles económicos, en los que no se pasa con  ficha, porque, precisamente, tiene en la ficha de costo su principal instrumento para medir las riquezas que se crean con el trabajo cotidiano.

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