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Ofrenda lírica a La Habana

La otrora villa de San Cristóbal de La Habana ha sido privilegiada, a lo largo del tiempo, por los poetas. Son numerosos los textos que, firmados por autores de diversas generaciones, tendencias y estilos, se han referido a esos espacios, ambientes, sucesos, figuras, acontecimientos, relacionados, de una u otra manera, con el devenir histórico de la ciudad.

 

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Quien quiera conocer la magia y el encanto de esos versos, que han rendido tributo a la capital de la isla, puede consultar un libro revelador. La poética Habana. Cien poemas (Colección Sur Editores, Festival Internacional de Poesía de La Habana, La Habana, 2018, 336 pp.) es el título de ese volumen, que pertenece a la autoría del poeta, ensayista y periodista Ángel Augier.

Se sustenta esta entrega en la obra que, preparada por el propio Ángel Augier bajo el título Poesía de la Ciudad de La Habana, aparecía, en el año 2001, por Ediciones Boloña, Publicaciones de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, y la Editorial Letras Cubanas, del Instituto Cubano del Libro.

Fruto de una exhaustiva investigación, y muestra de un amplio conocimiento del tema, en estas páginas se ofrece un recorrido por la poesía que, entre los siglos XVIII y XX, fue dedicada a La Habana. Una colección que, a través de diversas formas estróficas, retrata, dibuja, exalta, el sortilegio de una urbe que ya ha arribado a su medio milenio de vida.

El propósito no es sólo reproducir, total o parcialmente, los textos inspirados en la ciudad. En sus dieciocho capítulos, Ángel Augier, mediante una inteligente estructura, inserta esos poemas en el contexto de un discurso que brinda las coordenadas esenciales para conocer, entre otras características, el origen y valor literario de los versos seleccionados.

El lector conocerá, así, de los poemas dedicados a fortalezas coloniales como el Castillo de los Tres Reyes de El Morro, a símbolos de la villa como la Giraldilla, a espacios emblemáticos como la Plaza de Armas, a iglesias legendarias como la Catedral de La Habana, a construcciones paradigmáticas como el Palacio de los Capitanes Generales…

Ángel Augier no sólo ha recopilado los versos referidos a La Habana de autores cubanos. Se ha dedicado, igualmente, a reunir aquellos textos que dejaron escritores llegados de otras latitudes, como testimonio de admiración y respeto por la urbe que visitaron en algún momento o en la que vivieron en cierta etapa de la vida.

Entre los nacidos en la isla, ha seleccionado un poema de Eliseo Diego (La Habana, 1920-Ciudad México, 1994). Se trata de «El Torreón de San Lázaro», incluido en su poemario para niños Soñar despierto (1988):

¡Son demonios éstos?
Piratas de América

Antaño el Malecón
no fue calle ni casas sino monte,
y allá en el Torreón,
cuando calla el sinsonte,
vigilaba un soldado el horizonte.
Azul, azul el mar,
como hoy lo ves entonces se veía.
Mas otro era el cantar
de la resaca fría
entre las rocas hacia el fin del día.
Una nerviosa mano
quizás crisparse vieras en la almena,
cuando un punto lejano
rayase la serena
llanura en paz con ágil nieve ajena.
¿Tal vez algún navío
que trae de Cádiz el perfume amado?
Puede que sea el sombrío
Demonio inglés osado,
el que va siempre con la muerte al lado.
El viejo Torreón
siente que nunca nadie abre su puerta,
pero en su corazón
la costa está aún desierta
y aguarda tenso el grito aquel de ¡alerta!

Considerado uno de los más serios estudiosos de la literatura cubana, y de manera especial de la vida y la obra del Poeta Nacional Nicolás Guillén, Ángel Augier (Holguín, 1910-La Habana, 2010) legó una vasta producción literaria, tanto en verso como en prosa. Entre sus libros se encuentran Fabulario inconcluso (1998), Decimario mío (1999) y Rafael Alberti en Cuba (1999).

Al presentar este libro de Ángel Augier, La poética Habana. Cien poemas, Eusebio Leal Spengler se refiere a «esta corona lírica que ahora deposita a los pies de la Ciudad que le acogió cuando, llevado por el mandato de su destino, abandonó su suelo natal…». Y concluye el Historiador de la Ciudad de La Habana:

Ahora que la Ciudad es sacudida por un impulso renovador, resultará útil gozar y meditar en cómo ella inspira a tantísimos poetas a ofrendarle sus cantos.

Que ese manto estrellado descienda como un bálsamo sobre las piedras heridas, disipe las brumas del tiempo, aparte resueltamente el polvo del olvido y exalte el valor regenerador de la poesía. Sin ella nada es perenne ni prevalece como una luz cuando todo declina.

Con La poética Habana. Cien poemas, Ángel Augier entrega un libro que nunca perderá su vigencia. En sus páginas, los lectores, de hoy y de mañana, siempre encontrarán el elogio a una urbe que, a pesar de los siglos, no ha perdido la gracia, el hechizo, el embrujo, que la mantienen viva, fresca, lozana, en constante desafío al irrevocable paso del tiempo.

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