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Venezuela e Irán: tanqueros contra cerco de EE.UU.

Tenemos a Maduro cercado por todos lados, vociferó el presidente Donald Trump en Washington mientras desde Irán se dirigían hacia Venezuela cinco tanqueros con insumos para reactivar la bloqueada industria petrolera del país sudamericano.

Los barcos de guerra del Comando Sur merodeaban por el mar Caribe y las amenazas del inquilino de la Casa Blanca auguraban que sus aguas cálidas burbujearían bajo los pregones de guerra, antes escuchados en el Estrecho de Ormuz, donde los navíos del Pentágono desarrollaban maniobras militares con fuego real.

Pero la repetida por estos días Doctrina Monroe quedaba ridiculizada con las imágenes que le han  dado la vuelta al mundo de los supertanqueros iraníes escoltados por barcos de la Armada bolivariana, mientras en  el cielo pilotos venezolanos cuidaban desde los aviones Sukoi, de fabricación rusa.

El cerco a Venezuela se rompió sin que Trump se atreviera a pasar de sus bravuconadas.

Dos países que están bajo su colimador y sanciones, Venezuela e Irán,  protagonizaban acciones de soberanía, solidaridad y de reto a la mayor potencia militar del planeta. Lo hacían además en la vecindad que Estados Unidos ha considerado como su traspatio. Y lo concretaban a apenas seis meses de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, lo que hace al presidente-candidato Trump particularmente peligroso.

Cuando se editan estas líneas, el cuarto buque de la flotilla petrolera iraní, el Foxon,  se aprestaba a fondear en el Complejo Refinador de Amuay,  en el estado venezolano de Falcón.  Lo acompañaba la fragata Guaquerí  PO11, encargada de la escolta.

El Foxon es el penúltimo navío enviado por el país persa a Venezuela cargado de gasolina y aditivos, como parte de los acuerdos bilaterales en materia energética firmado por ambos países. Un quinto tanquero debe ingresar en la zona económica exclusiva venezolana en los próximos días.

Se habrá consumado un capítulo que deja muy mal parado al gobierno estadounidense, en particular  su política de aplicar sanciones unilaterales a países que se mueven fuera de su órbita.

Teherán había dejado en claro que las naves llegarían a su destino y que responderían a cualquier ataque o intento de detenerlas. Claro que la réplica iraní sería en el escenario donde puede hacer efectiva su trinchera geopolítica: el Estrecho de Ormuz, en el Golfo Pérsico, por donde transita alrededor del 30 % del petróleo a nivel mundial.

Venezuela no se había quedado atrás, y para ello desplegó, de forma soberana y sin titubeo, a la Armada y la Fuerza Aérea Bolivarianas. “Estamos listos para cualquier cosa en cualquier momento”, advirtió el presidente Nicolás Maduro.

Durante el recibimiento del primero de los buques, el  Fortuner,  en la Refinería El Palito, el embajador persa, Hojjatollah Soltani, recordó que en 2008 su nación sufrió una situación similar de bloqueo y persecución como la que actualmente vive Venezuela.  Entonces, subrayó, el presidente Hugo Chávez tomó la decisión de enviar buques cargados con gasolina a la República Islámica de Irán.

Doce años después, lo que en cualquier otro escenario sería una operación comercial entre dos estados soberanos, se convirtió en un episodio cargado de tensión que pudo tener consecuencias negativas para la región e incluso la paz mundial.

Hasta ahora la Casa Blanca ha hecho mutis y pudiera reservarse otra partida de sanciones adicionales contra Caracas y Teherán. Pero ha sido reconocida como perdedora en una partida que no debió ser y en la que su política hegemónica transfirió la tensión predominante en el Golfo Pérsico casi hasta sus fronteras, sin que sus poderosas flotas asomaran para hacer valer las amenazas del presidente Trump.

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