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Adolfo Guzmán: desde la eternidad

Hay canciones que se escriben un día y que se escucharán toda la vida. Muchas del maestro Adolfo Guzmán, por ejemplo. El gran compositor cubano, nacido en La Habana el 13 de mayo de 1920, dejó un legado inmenso que permanece en el repertorio de muchos intérpretes.

Era un músico con muchas facetas: pianista, director de orquesta, arreglista y compositor.

Durante casi cuatro décadas de carrera —interrumpida en la plenitud por su muerte a los 56 años— estuvo muy vinculado con la radio, la televisión, el cabaret y el teatro.

Fue director musical, pianista y arreglista de varias cadenas antes del triunfo de la Revolución. Desde 1961 se desempeñó como director musical del programa Álbum de Cuba, conducido por Esther Borja, quien lo consideraba un acompañante de lujo, y un arreglista fabuloso.

Algunos musicólogos señalan la clara influencia del jazz en sus composiciones, que se caracterizaban por su riqueza y variedad.

No pocos de los músicos que siguieron su batuta lo recuerdan como un director estricto, capaz, pendiente siempre del conjunto y de la ejecución cabal de los detalles.

Pero su obra mayor está en la canción: varios temas suyos integran el más selecto acervo de la música cubana de todos los tiempos.

La Televisión Cubana le rindió homenaje con la creación de un importante concurso a finales de la década de los setenta, que lleva su nombre, y que ha sido reeditado recientemente.

Adolfo Guzmán fue uno de los puntales del filin, esa corriente musical de mediados del siglo pasado que revolucionó la manera de concebir e interpretar la canción.

«Te espero en la eternidad», dice una de sus composiciones más populares. Ahí están instaladas muchas de sus creaciones, patrimonio compartido de la cultura cubana.

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