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Gratitud italiana desde Holguín

El italiano Giancarlo Fusetti regresará a Cuba. Cuando la normalidad se asiente en este mundo enfermo, él volverá a esta Isla para recorrer sus playas y conversar con su gente. Así lo sueña y así lo cree desde su cubículo de aislamiento en el Hospital Militar Fermín Valdés Domínguez, de Holguín, donde la vida le ha sido devuelta, después de que el coronavirus intentara escamoteársela.

 

Con 71 años de edad, Giancarlo logró rebasar su gravedad por la Covid-19 de la mano del personal médico holguinero. (Foto: Alexis del Toro)

Los últimos días no han sido fáciles para el europeo trasladado desde Puerto Padre hasta la Ciudad de los Parques. Los síntomas previos de fiebre, tos seca y problemas respiratorios se le agudizaron a partir del 17 de marzo, cuando comenzó a presentar signos de hipotensión celular y saturación baja de oxígeno hasta derivar en un empeoramiento radiológico con estrés respiratorio ligero.

Sin embargo, ahora su bienestar es evidente. A través del cristal de su cubículo, habla muy animado con un equipo de la prensa holguinera. Dice sentirse bien, sonríe y pide que se le repitan las preguntas porque a veces no entiende. Pero aun así, en medio de su “itañol” enrevesado, es posible comprender sus palabras de agradecimiento al pueblo de Cuba y a sus médicos, que ahora, subraya, están yendo a curar a otros países.

La dicha de Giancarlos no es fortuita. Detrás de su mejoría hay un batallón de médicos que no ceden al cansancio. La institución hospitalaria militar es el centro en Holguín de la lucha contra la pandemia. Hasta este viernes 27 de marzo, allí se habían ingresado y mantenido bajo vigilancia y atención 149 pacientes y dado de alta a 80.

La teniente coronel Milagros Meking Guerra, directora de la institución sanitaria de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, asegura que desde que asumieron tamaña responsabilidad de hacerle frente al nuevo coronavirus, se implementaron con prontitud un grupo de medidas, las cuales han permitido cumplir la necesaria y honrosa tarea “de restaurarle la salud a los pacientes, proteger a los trabajadores y capacitar a todo el personal”.

Giancarlo es testigo de ese desvelo. Lo dicen sus ojos, reveladores de la gratitud italiana que le late en el pecho.

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