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Vocación y amor, métodos educativos de Oilda

Hace 46 años que Oilda Cardeso Mulet forma parte del ejército de maestros que en Cuba no se ha cansado de impulsar el desarrollo educacional. Gracias a sus desvelos, consustanciales a la labor de enseñar, varias generaciones se irguieron desde los pupitres de la escuela primaria José Martí, del municipio holguinero de Antilla, y son hoy hombres y mujeres de bien.

Vocación y amor es la receta de Oilda Cardeso, una mujer que desde Holguín prestigia a la educación cubana. Foto: Juan Pablo Carreras

“Por las necesidades de maestros que tenía el país, me incorporé a trabajar con solo 16 años, en 1973. Me hice maestra tras varios años de estudio. Después de estar un tiempo en el municipio de Banes, me incorporé en 1978 a esta escuela, donde siempre me preocupé porque mis estudiantes aprendieran, que es la tarea más importante de un maestro. Y en la actualidad me da mucha satisfacción ver  el fruto de mi obra”, cuenta.

La consagración de esta docente, que desde hace 20 años funge como directora de la primaria José Martí, ha sido determinante para que ese centro acumule diversos reconocimientos y descuelle en el municipio y la provincia. “Ahora soy directora de los hijos de quienes fueron alumnos míos y eso me regocija. Tengo el honor de dirigir a un colectivo muy bueno, que lleva cinco años consecutivos siendo vanguardia y martiano. Hemos respondido al llamado que se nos ha hecho de ser continuidad. Nos hemos mantenido firmes siempre, sobre todo cuando hubo déficit de maestros”, asegura.

Por suerte, el talento innato de esta educadora, que prefiere las asignaturas de ciencias, no se ha desplegado solo en el municipio. Niños angolanos tuvieron la posibilidad de ser también sus pupilos, cuando en 1981 cumplió misión internacionalista, etapa que atesora como una de las más importantes de su vida. “La experiencia que tuve durante dos años en África fue muy enriquecedora. Los que estuvimos allí pudimos apreciar mucho más lo grande que es nuestro país y el significado de la educación.

“Aprender el portugués no fue difícil pero los dialectos sí, no obstante logramos el objetivo de enseñar a los estudiantes en circunstancias difíciles. Yo me encontraba en la provincia de Zaire, donde trabajé los dos años sin corriente y con  situaciones críticas con el agua, pero me mantuve, porque el cubano donde quiera que va demuestra su valentía y solidaridad”, subraya.

Tras terminar exitosamente la misión, se incorporó nuevamente al municipio, en cuyo gobierno cumplió más tarde diferentes responsabilidades. Incluso llegó a ser diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular entre los años 2003 y 2008, lo cual habla de la vocación de pueblo que tiene esta incansable mujer, que combina el magisterio con sus roles de madre, abuela y esposa.

Así lo reafirma cuando expresa: “El trabajo del maestro no termina cuando se llega a la casa, sino que implica mucha laboriosidad, esmero y amor. Por eso han sido muy importantes para mí la ayuda de mi esposo y de la familia. La del maestro es una carrera bastante difícil, pero cuando uno siente amor por lo que hace se sobrepone a las circunstancias”.

Esa forma de pensar y actuar explica los resultados muy positivos que obtiene su plantel de maestros, para los cuales es muy importante fomentar el vínculo entre la tríada escuela-familia-comunidad. “Somos capaces de detectar cuando un niño tiene problemas o no con solo mirarlo. Somos muy cuidadosos con eso. A los muchachos hay que darle mucho amor y cariño, aunque también hay que educarlos en el respeto”, manifiesta.

Quien ha obtenido variados reconocimientos a nivel de municipio y país, se contenta en saber que “la educación en Antilla va en avance. El sector siempre está a la vanguardia, los educadores somos fundamentales para esta Revolución. Somos los que tenemos la función de guiar, enseñar, educar. Somos un ejército decidido y comprometido”.

Así, repleta de convicciones sobre el arte de enseñar continúa Mima, como muchos la llaman, su paso por la vida. A la vuelta de tantos años no se cansa de sembrar para recoger. Es la primera en llegar y la última en irse. Entre pañoletas, pupitres y la alegría de los muchachos, esta fémina encuentra, cada jornada, motivos para hacer más.

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