Chávez en el verbo de un poeta

Chávez en el verbo de un poeta

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Este jueves serán siete los años que Hugo Chávez lleva plantado en la eternidad, pero al corazón de Latinoamérica llegó mucho antes, cuando se convirtió en portavoz de las mejores utopías de la región.

Nadaba en el ámbito de la cultura con naturalidad, pero en realidad fue su inmensa obra social y política la que le permitió conquistar la admiración de muchos intelectuales, entre ellos del sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, quien falleciera a los 95 años el pasado 1 de marzo.

Ambos, el jesuita y el Comandante buscaron el “reino de los cielos en la Tierra” para compartirlo con los humildes.

El 2 de octubre del 2005, a propósito de un encuentro en Caracas de la Red de intelectuales en Defensa de la Humanidad, Cardenal escribió una crónica de viaje titulada Venezuela: la revolución silenciada, de la cual Trabajadores reproduce hoy algunos fragmentos a modo de homenaje al Comandante eterno de Latinoamérica.

 

Venezuela: la revolución silenciada (fragmentos), por Ernesto Cardenal

“(…) En Venezuela uno oye a cada momento la palabra «bolivariano». Pero no es una palabra hueca, como había sido en los discursos oficiales de los otros gobiernos. Se trata nada menos que de retomar el sueño de Bolívar.

Bolívar soñó en la unificación de los pueblos de América Latina y emprendió una cruzada para lograrlo. Fue el primer hombre en nuestro continente que se dio cuenta del peligro que Estados Unidos significaba para nosotros. Sin un gobierno Americano unificado, decía, nuestros pueblos se verían envueltos en guerras civiles, y a merced de bandidos; que es lo que ha acontecido.

Chávez ha retomado el sueño de Bolívar. Lo que él pretende no es sólo venerar una figura que todos sus predecesores han venerado sino continuar con la obra histórica y política que no completó, y hacer que el Libertador no sea sólo un mito sino una realidad actual. Chávez luchó arduamente en la Asamblea Nacional, ante una fuerte oposición, hasta lograr cambiarle el nombre al país haciendo que se llamara República Bolivariana.

No fue un capricho ni una extravagancia como se ha publicitado, ni mucho menos una banalidad. Ese cambio llevaba una intención oculta, decía en lenguaje cifrado que en Venezuela se reanudaba el sueño de la unificación de América Latina. Ese nombre fue borrado durante las pocas horas del golpe contra Chávez, lo cual es muy revelador. Falló el golpe, y Bolívar sigue siendo un proyecto político y un programa de gobierno.

El Plan Bolívar es un vasto plan de participación del ejército en las obras sociales. Los militares han estado en todas partes limpiando calles, pintando escuelas, reparando clínicas, construyendo viviendas, haciendo parques, poniendo inodoros en las escuelas.

El Plan Bolívar ha unido a las Fuerzas Armadas con los pobres. Hay que ver la familiaridad que hay ahora entre los civiles y los uniformados (quienes antes eran obligados a usar balas de plomo para reprimir a los manifestantes). Esta unión de civiles y militares siempre ha sido una meta de Chávez.

La oposición ataca a Chávez porque es militar, y por lo que ellos llaman la «militarización» del gobierno. Debe recordarse que la revolución peruana fue de militares, y que el general Torrijos fue militar como también lo fue el coronel Jacobo Arbens de Guatemala; y que tanto el teniente Báez Bone de Nicaragua como el general Seregni de Uruguay procedían de los cuarteles. En realidad la revolución de Venezuela se apoya en dos pilares: el pueblo y el ejército.

Una rara característica de la revolución de Venezuela es que es una revolución sin partido. Chávez ha querido crear un partido de gobierno, pero parece que después de los dos grandes partidos que antes se turnaban en el gobierno y que ahora están liquidados, al pueblo ya no le es atractivo ningún partido. También es una revolución que no se define de ninguna manera más que como bolivariana.

Es una revolución «sin teorías», como nos lo dijo el alcalde de Caracas, un militar que había sido jefe de la contrainsurgencia y fue atraído por los insurgentes y se pasó a la clandestinidad junto con ellos. Es una revolución de elementos heterogéneos, pues hemos visto a Hugo Chávez inaugurar el congreso En Defensa de la Humanidad teniendo a su lado al ministro de Relaciones Exteriores que antes fue un guerrillero en el estado de Falcón.

A Chávez lo acusan de ser un caudillo antidemocrático, aunque no tiene un solo reo político, y no ha cerrado ningún medio de comunicación, de radio, prensa o televisión. Y a pesar de que tiene el record de haber ganado ocho elecciones y que su gobierno es el único en el mundo en el que el pueblo puede destituir a su gobernante por una ley que él mismo impulsó. Si de alguna manera hay que calificar este gobierno debería ser de constitucional.

Chávez está citando siempre la Constitución y mostrándola en una edición miniatura que lleva siempre con él, y el pueblo, que también la lleva consigo hace lo mismo. «Democracia con justicia» es un lema que Chávez mucho repite. Y también insiste que la democracia debe ser representativa: que es la que se ve todos los días en Venezuela; y no la otra que era solo votar por uno de los dos partidos.

Se acusa al gobierno de corrupción y es cierto, pero el Ejecutivo ha enviado a los tribunales grandes cantidades de casos para que los investiguen o sancionen, y la Fiscalía y la Contraloría –que también son corruptas– no lo hacen.

Son vicios de una burocracia heredada que no se han podido erradicar. Según las leyes aún vigentes los burócratas puestos por gobiernos anteriores no pueden ser destituidos aunque sean corruptos o incompetentes. Por eso la revolución va por otros cauces.

Esta revolución está siendo una verdadera alternativa al neoliberalismo. Los micro-créditos están creando una clase nueva de empresarios, y la economía ha crecido el 12%. Venezuela ha tenido unos ingresos parecidos a los de Arabia Saudita, pero el 80% de la población ha sido pobre; por primera vez los ingresos del petróleo son para el pueblo.

Chávez no ha firmado nunca ningún acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, y más bien en las cumbres latinoamericanas les ha propuesto a los otros gobiernos crear un Fondo Monetario Latinoamericano para que nuestros países se presten a ellos mismos. No le han hecho ningún caso, y Chávez dice que esas cumbres no sirven para nada.

Dice que una vez les dijo a los otros presidentes: «Nosotros de cumbre en cumbre y nuestros pueblos de abismo en abismo». También cuenta que la primera vez que asistió a una cumbre latinoamericana y empezó a pelear con los otros presidentes Fidel Castro le pasó un papelito: «Antes yo era el único diablo, ahora somos dos».

El mayor aliado que tiene Cuba ahora es Venezuela, y el mayor aliado de Venezuela es Cuba. «Bolívar y Martí son un solo país unido» ha dicho Chávez. Aunque una vez hubo una pugna entre los dos.

(…)

Sus discursos son tan largos como los de Fidel, una conferencia de prensa puede ser de dos horas, y su programa dominical «Aló Presidente» puede ser de seis o siete. Cautiva al auditorio como Fidel, aunque su estilo es diferente: muy campechano y jocoso, contando anécdotas y haciendo digresiones con las que no pierde el hilo, cantando y recordando versos, citando a Bolívar y a los otros libertadores, con frecuentes risas tanto de él como del público, con intervenciones que le hacen a gritos desde el público y que él a veces contesta con gran rapidez, y aun a veces entabla diálogo con el que lo ha interrumpido. (Me han dicho que «Aló Presidente» se puede captar por Internet o por radio).

En Chávez hay una sonrisa permanente que vuelve radiante su rostro medio mestizo y medio mulato, con el cual las clases populares deben sentirse muy identificadas. Tiene también una manera muy peculiar de mirar a los ojos, fijamente, como quien mira algo especial.

Pero la revolución venezolana no es sólo un líder carismático sino un pueblo detrás. Los enemigos han hecho la caricatura de un carisma que parece cómico, y una popularidad que es totalitarismo. Lo cierto es que en Venezuela para muchísimos se está cambiando la vida.

En 1999 Chávez en China ante la tumba de Mao declaró que Venezuela se había levantado como lo había hecho China 50 años antes con Mao Tse Tung. Así es, aunque lo ignoran los medios de comunicación tanto de Venezuela como del extranjero. La revolución cubana ha sido calumniada todo el tiempo, y así lo fue la de Nicaragua. Con la de Venezuela la táctica ha sido silenciarla.

Una profesora en España me preguntó cómo era que ella siendo profesora universitaria no sabía de la revolución de Venezuela. Le dije que era por las fuentes de información que ella tenía. Porque 9 transnacionales de la información producían el 90% de la información mundial, y ésta era de acuerdo con sus intereses. Y la revolución de Venezuela no está entre sus intereses.

Cuando me preguntaban en aquellos cerros qué se decía en el extranjero de lo que ellos hacen, a mí me dolió decirles que nada. Los revolucionarios venezolanos ignoran que su revolución es ignorada. «La revolución bonita» como le llama Chávez es una revolución silenciada.

A pesar de todo Bolívar vive y la lucha sigue.
Y estemos seguros que va a seguir, «Dios mediante y mi Comandante Jesucristo» como ha dicho Chávez”.

 

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