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Día del Trabajador de la Hotelería y el Turismo: Reverencia a la consagración (+ Fotos)

En la industria del ocio la reputación de las empresas se asocia mucho a la eficacia en la adquisición y manejo de recursos propios, en un sector donde los bienes deben parecerse al diseño del servicio, a la categoría del hotel.

Ocupar un puesto en la referida área implica suficiente presión como para no dedicarle tiempo a otra cosa que no sea garantizar el óptimo desenvolvimiento de la estratégica logística. Cualquiera, incluso, eludiría tamaña responsabilidad para esquivar cargas extras. En una excusa así hubiera podido escudarse Amaurys Echavarría Ruiz cuando pensaron en él para dirigir el buró sindical.

Cinco años después de haber dicho sí, un giro completo ha dado la vida del especialista en Compras del Royalton Hicacos y también la de ese colectivo de Varadero, el único de la hotelería en la provincia de Matanzas que obtuvo la Bandera 80 Aniversario de la Fundación de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

El sitio que resume la historia del hotel Royalton Hicacos es uno de los lugares favoritos de Amaurys.

El relevante merecimiento resume el desempeño del centro, posicionado en la preferencia del más del medio centenar de instalaciones de Varadero, un destino frente al que cualquiera de sus competidores tendría que quitarse el sombrero ante el palmarés del mayor ganador de premios internacionales de Varadero. Sin embargo, no existe gozo comparable con galardones como la condición de Colectivo Líder de la Calidad, Por las Sendas del Triunfo o la Bandera de Proeza Laboral.

Hace apenas unas horas supieron de la conquista, por cuarto año consecutivo, de la categoría de Vanguardia Nacional. La  noticia coincidió con el triste suceso de la muerte del esposo de una camarera del Royalton Hicacos, diagnosticado con leucemia un mes después de concluir su vínculo laboral con ese hotel.

Del funeral llegaba Amaurys cuando  nos  encontramos  en  el  lobby. A pesar de que ya no trabajaba con ellos, la dirección y especialmente él  atendieron con esmero al joven de 39 años. “Por eso dolió tanto su partida”, me dice y clava la vista en el piso.

Asumir como propios los problemas de sus compañeros, llevar a una dimensión superior las tareas, innovar, están en su singular genética. Encargarle cualquier misión es asunto ganado, coinciden directivos del sindicato de Cárdenas y de la provincia.

Eso es perfectamente entendible para quien se considera heredero de la vocación solidaria de sus padres y de Fidel, de una Revolución cubana que le enseñó la significación de salvar a las personas, de darles oportunidades; y por otra parte, de regañar e incluso sancionar si hiciera falta.

Esa postura es la responsable de una relación de honda admiración entre él y sus afiliados. Que la gente lo quiere es un secreto a voces.  En el Royalton, el sindicato se ha vuelto tan creíble como imprescindible. Si a alguien le duele una uña, ahí está Amaurys. “Yo no, el sindicato entero”, me rectifica.

Él lo sabe bien. Sin el apoyo del consejo de dirección hubieran sido imposibles la cafetería, la tienda para los trabajadores, las anuales olímpicas de los servicios o el Día del Bienestar, alternativa con la que los empleados reciben beneficios, entre estos un relajante masaje.

Lo importante, señala Amaurys, es atender lo mejor que se pueda a los trabajadores. El concepto se ha revertido en saldos para la prestigiosa instalación gestionada por las cadenas Cubanacán y la internacional Blue Diamond.

“Es una dicha inmensa contar con un colectivo como el nuestro, que siempre responde”, asevera. Fue por eso que a solo minutos de ser electo, publicó en su página de Facebook: “El Royalton Hicacos está presente en el Consejo Nacional de la CTC”.

Alguien pudiera imaginar que estas líneas exageran la personalidad de Amaurys, y no es así. Basta conocerlo para comprender que es incomparable, dice Amado Acosta, exdirector del Royalton.

De técnico en Control de la Calidad a licenciado en Turismo, el hombre que comenzó en este sector por la lavandería de Cárdenas, su ciudad natal, a sus 46 años puede considerarse un trabajador de éxito, esa suerte de fortuna labrada a base de algo tan sabido y no siempre reverenciado como la consagración.

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