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¿Quién teme a Mike Pompeo?

El Secretario de Estado de Estados Unidos Mike Pompeo es un personaje siniestro, prepotente y mendaz. Las concepciones que aplica en el implemento de la política internacional de su país no rebasan el coeficiente de inteligencia del hombre de las cavernas antes que este último ascendiera en la escala zoológica al nivel de homo sappiens.

Desde abril del 2017 ocupó la dirección de la tenebrosa Agencia de Inteligencia (CIA), pero tras la abrupta destitución de Rex Tellerson, fue designado por Donald Trump para asumir la secretaria de Estado, cargo en el que fue confirmado por el Congreso en abril del 2018. .

Sus agresivos discursos se basan en la fatua creencia de que Washington, unilateralmente domina al mundo. A tal certeza, propugnada por su presidente Donald Trump, ajusta sus ultraderechistas  e infundadas convicciones de tensionar las relaciones con la Federación Rusa y China a pesar, según analistas, de tener una vasta experiencia en asuntos de inteligencia y militar.

En los frecuentes encuentros con jefes de Estado o Gobierno, ministros u otros  funcionarios para influenciar a favor de los dictados de la Casa Blanca, o en sus tronantes salidas al escenario mediático nacional y extranjero, el jefe de la diplomacia norteamericana centra sus retóricas diatribas en apoyar e imponer nuevas sanciones a la República Islámica de Irán, amenazarla con acciones belicistas; en difamar a Venezuela, Cuba y Nicaragua con el iluso empeño de derribar Gobiernos elegidos constitucionalmente por sus pueblos.

Tan infame proceder subversivo lo secunda su estrecha amistad e identidad ideológica con Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel; el farsante venezolano Juan Guaidó; el servil secretario de la OEA, Luis Almagro; y los  furibundos legisladores estadounidenses anticubanos Marcos Rubio, Bob Menéndez, y los hermanos Díaz Balart.

A la vez, Pompeo ha sido uno de los principales defensores del asesinato perpetrado en Irak, por órdenes de Trump, del líder iraní y jefe de los Guardianes de la Revolución Islámica, Qassem Suleimani.

Como miembro de la Cámara de Representes, Pompeo fue defensor de mantener  abierto el centro de detención de la ilegal base norteamericana en Guantánamo y sostuvo severas críticas al acuerdo nuclear de Barack Obama con Irán que ahora ha saltado en pedazos.

En su currículo profesional, difundido por diversas publicaciones estadounidenses,  consta ser graduado con honores  de la Academia Militar West Point y de la Escuela de Derecho de la Universidad de Havard, licenciatura esta última que no se corresponde con su furibundo desempeño diplomático en el que rechaza principios como el de la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados y el respeto a los derechos humanos. También es obvia su visión islamofóbica acerca de los musulmanes y sus líderes.

Como  prominente empresario, se le señala que antes de llegar al Congreso fundó  una fábrica de piezas de aviación y una compañía de suministros para yacimientos petrolíferos.

Fiel amigo de Trump, le apoyó en su campaña electoral durante la cual publicó un informe muy perjudicial a la candidata Hillary Clinton, lo que influyó grandemente en la derrota del Partido Demócrata en las presidenciales del 2016.

Pero el mayor error de cálculo de Michael Richard Pompeo en su afán de revivir la Doctrina Monroe es no tomar en cuenta la firme resistencia de pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe ante los planes imperialistas de Estados Unidos.

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