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Más sindicatos canadienses denuncian el golpe de estado contra Evo

El 27 de noviembre el Congreso celebrado en Toronto de la Federación del Trabajo de Ontario (Ontario Federation of Labour Congress, OFL), organización que representa a un millón de trabajadores, adoptó una resolución donde se reconoce que “Evo Morales fue elegido democráticamente como primer Presidente indígena de la historia, en una Bolivia de mayorías indígenas, y que fue forzado a dimitir el pasado 20 de noviembre de 2019”.

 

 

Después de citar a gobiernos, a personalidades políticas y a otras federaciones sindicales que han condenado el golpe de Estado, el documento resuelve que la OFL condene el golpe de Estado en Bolivia y haga una declaración pública en la que denuncie el apoyo del gobierno de Canadá y pide la restauración de la democracia y el retorno seguro de Evo Morales.

 

Delegado en Congreso Sindicato Canadiense: Debate Sobre la Resolución en Favor de Evo Morales

Tal resolución había sido prevista por el Consejo Regional Laboral de Durham (Durham Region Labour Council), que representa numerosos sindicatos afiliados en esa ciudad de Ontario, y que el 14 de noviembre tuiteó “van a presentar una resolución urgente para ser discutida en@OFLabor, #ElMundoConEvo, #GolpeDeEstadoBolivia.”

Hasta ahora la denuncia del golpe de Estado ha sucedido desde el Congreso del Trabajo de Canadá (Canadian Labour Congress, CLC), y se ha expresado en la firma de la declaración moderada de la Confederación Sindical de Trabajadores de las Américas (Trade Union of the Americas, TUCA), que no menciona a Evo: “El CLC apoya la posición de la TUCA que condena el golpe de Estado en Bolivia y expresa su solidaridad con el pueblo de Bolivia, los sindicatos y las organizaciones sociales”.

Tal como se ha indicado en artículos anteriores acerca del impacto del golpe de Estado contra Evo en Bolivia en la escena sindical canadiense, el movimiento de condena ha sido significativo, destacan el Sindicato Canadiense de la Función Pública (Canadian Union of Public Employees, CUPE) con 680 mil trabajadores; el Sindicato de Trabajadores Postales (Canadian Union of Postal Workers, CUPW) con 54 mil trabajadores; la Federación de Trabajadores de Ontario (Ontario Federation of Labour, OFL) con un millón de trabajadores;el Sindicato Nacional de la Industria Automotriz, Aeroespacial y otros Trabajadores (National Automobile, Aerospace, Transportation and General Workers Union of Canada, UNIFOR) con 300 mil trabajadores; y ahora al Consejo Central del Trabajo (Central Labour Council, CLC) con 3 millones de miembros, que incluye un millón en la OFL.

Esto significa que prácticamente todo el movimiento sindical en Canadá se opone a la posición del gobierno de Trudeau que apoya el golpe de Estado.

No obstante, ¿cómo se expresa esto en los medios corporativos canadienses? Una  búsqueda en Google acerca de los principales medios de comunicación canadienses muestra que no se reporta ni un solo artículo acerca de este  movimiento sindical en Canadá.

Todos los artículos en los principales medios de comunicación acerca de Bolivia y Evo previos a las elecciones del 20 de octubre de 2019, y los sucesivos, se han hecho  eco de la narrativa de Trudeau y Trump quienes apoyan el golpe de Estado.

Sin embargo, esos mismos medios repiten continuamente que en un país como Cuba, la prensa es “controlada por el Estado”, según lo cual todos los informes y análisis son elaborados de “la misma manera”.

Investigaciones realizadas durante los dos últimos decenios muestran que en Cuba hay una gran variedad de opiniones dentro la prensa y blogueros revolucionarios alternativos. Aparte de Venezuela, en muy pocos países del mundo tiene lugar tanto debate y controversia en la prensa y en las calles, en los lugares de trabajo y en las instituciones educativas, como sucede en Cuba. Esto se hizo evidente una vez más entre 2018 y 2019, durante el debate público acerca de la nueva Constitución Cubana.

Hubo opiniones abiertamente opuestas a la inclusión del término “comunismo”, por ejemplo, como ideal a alcanzar a largo plazo, o como objetivo de la Revolución Cubana.  El término “comunismo” fue consagrado en la Constitución original (1976) y eliminado por el Parlamento en la versión preliminar de la nueva Constitución, enviada a toda la población con el fin de permitir su participación.

No obstante, fue tan fuerte el deseo de mantener la meta consagrada en la Constitución de alcanzar el comunismo a largo plazo, que el segundo proyecto la incluyó, así como cientos de cambios impulsados por los ciudadanos, donde los medios de comunicación cubanos también desempeñaron un papel activo. Luego la población fue consultada por medio de un referéndum que aprobó la carta magna por una abrumadora mayoría de votantes.

Sin embargo, en un país capitalista como Canadá, los medios de comunicación SÍ son “controlados por el Estado” y repiten las mismas opiniones en cuanto al Gobierno, tal como lo demuestra el caso de Bolivia. Si no fuese así, ¿cómo se explica que los medios masivos de comunicación no hayan publicado ni un solo artículo acerca del punto de vista del movimiento sindical canadiense con relación a Bolivia y a Evo, el cual contradice la posición del gobierno de Trudeau que apoya el golpe?

Si un artículo en una publicación importante de la prensa corporativa llegase a informar al público acerca de este movimiento de trabajadores en Canadá, citando ampliamente a los sindicatos, esto habría provocado una explosión en la escena política canadiense. Trudeau habría sido expuesto públicamente en contradicción con millones de canadienses.

Una vez más, haciendo una comparación con Cuba, el denominado epítome de “los medios de comunicación controlados por el Estado”, este periodista puede recordar claramente las reacciones iniciales procedentes de blogueros revolucionarios, como Iroel Sánchez, en apoyo a la reinserción del término “comunismo” en la nueva Constitución. Esto fue un pequeño terremoto, luego de lo cual tuvo lugar un efecto dominó hasta la victoria final de las ideas en el momento del referéndum.

Bolivia ha sido, y es, el “momento” canadiense para mostrar al mundo que sus principales medios de comunicación no están controlados por el Estado. No obstante, éstos no se desvían ni un milímetro de la política trazada por el Gobienro, como sucede en el caso Venezuela.

Un ejemplo más lo confirma: durante la rueda de prensa pública de Mike Pence y Trudeau, el 30 de mayo de 2019 en Ottawa, tan sólo unas pocas semanas después de la activación del Título III de la Ley Helms-Burton, todos los periodistas canadienses allí presentes siguieron el ejemplo de Trudeau.

Como él, ninguno planteó públicamente la cuestión del endurecimiento del criminal bloqueo contra Cuba, incluso si esto implica una injerencia en los asuntos internos de Canadá y puede afectar a empresas canadienses en Cuba. ¿Adicionalmente, qué otro tema se trató aparte del antagonismo hacia China? ¡Usted lo ha adivinado! Por supuesto, se trata de la oposición a Maduro en Venezuela.

Esta experiencia de Bolivia constituye una importante lección para los trabajadores y para los sindicatos canadienses: no sólo la de apoyar a los medios alternativos en Canadá, sino además participar en la ampliación de la audiencia de los sindicatos, escribiendo para ellos y publicando sus propias declaraciones, por ejemplo, acerca de Bolivia. No es posible confiar en los medios de comunicación convencionales.

Para este periodista es un placer citar profusamente muchas de estas posturas inspiradoras antiimperialistas de EE.UU. y Canadá provenientes de las declaraciones sindicales en los artículos presentados a los medios de comunicación alternativos (los cuales, por cierto, gozan de una audiencia mucho mayor de la que comúnmente se cree). No obstante, sería deseable que los sindicatos participen directamente en los medios alternativos.

Esto ayudaría a evitar que la población canadiense caiga en manos de la presión imperialista nacional e internacional que intenta aplastar el sentimiento antiimperialista de los trabajadores canadienses. Y que, además, busca apoyar la política exterior de Trudeau en América Latina. Este escritor lo declara: ¡Jamás!

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