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Van Van sigue ahí (+Videos)

A fines de 1969, en una de las etapas más entusiastas de la utopía revolucionaria mundial y especialmente de la cubana, el entonces joven músico Juan Climaco Formell Cortina (1942-2014) presentó una agrupación que devino en su obra mayor y en uno de los proyectos más creativos y perdurables de la música popular bailable cubana, hoy Formell y los Van Van.

 

 

Las influencias artísticas que en ella se expresaron fueron diversas, según consta en artículos y entrevistas a expertos, y a un lustro de la muerte de su fundador, es posible afirmar que el legado de Formell y su orquesta es profundo y creciente.

El empuje, el talento y la creatividad allí reunida, les permitió imponerse en el ámbito nacional,  cruzar el Caribe y expandirse al mundo entero.

 

En el 2013, casi al final de su vida, Formell recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical. Se lo dedicó a Cuba, que diez años antes le había entregado el Premio Nacional de la Música, y fue la confirmación de que colegas, expertos y productores de la Academia de Grabaciones de Las Vegas, Estados Unidos, centro neurálgico en la comercialización de la música, reconocían la sonoridad Van Van, esa que acrisoló modernidad con tradición y continuó sonando vital.

 

En el mismo 2013 Formell había recibido otro gran premio, el Womex (World Music Expo), en Cardiff, Gales, Reino Unido. En esa ocasión recordó a todos los músicos que hacen su trabajo en el Tercer Mundo, “ajenos a las grandes disqueras y los mercados, pero con tesón y profesionalidad”.

 

En ese entorno de lauros y felicitaciones tuvo lugar esta conversación que hoy, a medio siglo de la fundación de la orquesta Los Van Van, rescato para los lectores de Trabajadores.

 

A estas alturas nadie cuestiona que cada uno de los discos de Los Van Van contiene una porción de Cuba y de lo mejor de la música popular bailable que se hace en el mundo. No obstante, el Grammy Latino le ha sido esquivo a pesar de las cinco nominaciones. Ahora el comité organizador decide entregarle un honorífico. ¿Cómo interpreta ese hecho?

 

Los jurados internacionales y los bailadores de todo el mundo han reconocido en Los Van Van un trabajo muy serio desde el punto de vista musical, que ha puesto a bailar a la gente desde hace ya ni sé cuántos años. El Concierto por la Paz y otras cosas que han sucedido en este país en los últimos años vienen a resumir todo ese quehacer.

 

Es cierto que hemos tenido cinco nominaciones a los Grammy Latinos y uno se pregunta:  ¿Por qué no ha llegado el premio?. No tengo respuesta, pero entiendo este Grammy a la Excelencia como un reconocimiento a eso y un poco decir: “Oye, está bueno ya, vamos a darle un reconocimiento especial”.

 

Cuando Paco de Lucía ofreció su concierto en Cuba (octubre/2013) escuchamos citas musicales de «Sandunguera». Usted estaba allí y lo disfrutó. Otros músicos también han versionado temas suyos, como Rubén Blades…

Sí, hay varias versiones de «Tal vez», una de ellas es de la brasileña María Betania con Omara Portuondo. Otra de Rey Barreto. De «Muévete» hay una de Harry Belafonte con un coro sudafricano, otra de un grupo puertorriqueño que se llama Batacumbele, y también está esa de Rubén Blades… Son cosas bonitas que han pasado con la música de uno.

 

¿Qué siente cuando identifica una música suya en otras voces o intérpretes?

Lo más importante para un compositor es trascender, para eso trabaja, y esa es una de la formas de conseguirlo: que alguien, sin que tú lo impongas, haga su versión de una composición que escuchó en un determinado momento. Yo creo que ese es el mayor reconocimiento.

 

¿Mis temas trascenderán? Puede ser, si es que de aquí a 30 años todavía están cantando «Sandunguera» o cualquiera de mis números. Pero eso no lo voy a ver.

 

¿Después de tantos años de labor y de tantos hits podría decirse que ha conseguido descifrar los secretos para pegar un tema en el gusto popular?

Eso no se sabe. Es una caja de sorpresa. Lo que sí he sacado cuenta es que a veces una cosa sencilla, simple, sin complicarte mucho, pero que toque puntos y resortes que son comunes a millones de personas, define el éxito de un número. Cuando logras eso, uno analiza y dice: ¿qué pasó?, ¿qué hice? Es algo que no se puede copiar.

Yo no podría hacer otro número como «La compota de palo», ni como «Sandunguera», ni como «La cabeza mala». Basta con la satisfacción que tú recibes y la experiencia que deja algo así. Lo demás es un misterio.

 

Pero sí consiguió develar los misterios para que los vocalistas peguen…

Bueno, eso sí. Uno escoge a los vocalistas a partir de la experiencia, y lo haces con luz larga. De todas formas siempre queda la duda y uno dice: «Esto me parece que puede funcionar». Muchas veces das pie con bola, pero decir que exactamente uno sabe quién pegará un número y quién no, es una falsedad.

La verdad absoluta no se tiene nunca. Esa es de los bailadores, del público.

 

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