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Un premio para el ingenio

Trabajar, sin horarios, solo trabajar; eso es lo que más lo motiva. Para Eudel Barroto Cabezal esa fue la mayor enseñanza que le ha legado su padre; ese que, en sus ochenta y tanto, aún cacharrea en el patio buscando algo que pueda reutilizar. Ese a quien, dice, intenta imitar a diario.

 

Eudel asegura que aún le quedan innovaciones por crear y conocimiento que enseñar a las nuevas generaciones. Foto: Gretel Díaz Montalvo

“Sus viejos” son su orgullo, y para ellos, lo es su Eudel. El hijo que los llenó de alegría, una vez más, cuando en Radio Reloj lo anunciaron como uno de los ganadores del Premio de Mayor Impacto Económico y/o Social del 2018.

Eudel suma más de 30 años de trabajo en la unidad empresarial de base (UEB) de Producciones Varias (Provari) Camagüey, del Ministerio del Interior. Y acumula, además, un número considerable de innovaciones y de ahorro monetario. Se desempeña como jefe del taller de desarrollo y se encarga del equipamiento técnico productivo y el transporte, pero su experiencia como mecánico y electricista le ha aportado mucho.

“Yo me gradué en Ajuste y Reparación de Máquinas y Herramientas, y con apenas 18 años entré a esta empresa. Lo primero que me dieron a hacer fue programar dos tornos de reproducciones en serie. Ese fue un momento duro, porque creí que me tragaba la tierra. Imagínate, sin ninguna experiencia. Por suerte los que trabajaban aquí, grandes expertos, me ayudaron y me enseñaron también”, recuerda este agramontino.

“Son muchos los equipos y maquinarias viejas que debe atender nuestra UEB –continúa–, y a las que hay que darle un mantenimiento constante, sobre todo en lo relacionado con la producción de materiales de la construcción. Y en estos años, a base de innovaciones, es que mantenemos las cosas.

“A veces le ponemos neuronas hasta a equipos nuevos. Hace un tiempo entraron unas ponedoras de bloques que desde el principio tuvimos que hacerles modificaciones a los vibradores para la compactación de los bloques, y gracias a eso llevan más de 20 años funcionando.

“Otra vez casi construimos completamente un molino de piedra, uno de los trabajos que más me costó, pero que a la vez más me gustó. Ese nos llevó mucho tiempo porque debimos revestirlo con materiales de aleación dura y desechos de otro molino viejo para que la piedra no se lo comiera.

“También fue necesario que en una ocasión adaptáramos un motor de Lada a una camioneta china. Esto ha permitido que muchos de estos carros puedan circular, aunque no entren sus respectivos motores; incluso si se adquirieran, no se modificó nada esencial para que se pueda instalar el original”.

Un electricista, un ingeniero industrial, un tornero y un ayudante, ese es el “gran” equipo que, lidereado por Eudel, contribuye a que Provari continúe desarrollándose con los mismos equipos de hace décadas.

“La Anir –alega– está para resolver problemas. No nos conformamos con el horario de 8 a 5 de la tarde, si es necesario venimos los fines de semana a reparar equipos. En mi diccionario no están las palabras “eso no se puede, eso no sirve”. Siempre hay una solución y hay que tratar de encontrarla, porque una máquina parada una hora, es una hora donde no se produce, donde no se gana dinero”.

 

¿Cuál es el secreto para ser un buen innovador?

Innovar no es algo que tenga secretos; es solo resultado de mucho trabajo y estudio. Yo guardo los manuales de los equipos más viejos y siempre tengo cerca la “biblia del mecánico”, un libro sobre soldadura que consulto mucho.

Además, si no fuera por este movimiento creado por el Che, hoy no fuéramos nada. El bloqueo de los Estados Unidos impide que entren piezas, equipos y toda esa necesidad lo revertimos los innovadores. A nosotros nos toca ser ágiles en las intervenciones y en las soluciones, nos toca pensar para avanzar.

 

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