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Guerrillero genial

En ocasión del aniversario 60 de la desaparición física del comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán, acudimos a los recuerdos que de él atesora el general de brigada (r) Miguel Ángel Lorente León, quien lo conoció en la Sierra Maestra luego de incorporarse a la guerrilla rebelde en noviembre de 1957. Al año siguiente fue de los seleccionados para integrar la Columna Invasora no. 8 Ciro Redondo, bajo el mando del comandante Ernesto Guevara de la Serna, Che.

Para el general de brigada (r) Miguel Ángel Lorente León, Camilo fue un hombre cabal en todos los sentidos, un jefe comprensivo, firme, valiente, fiel, muy humano, alegre y bromista. Foto: Agustín Borrego

El 14 de septiembre, él y otros ocho combatientes de esa columna se extraviaron  tras el combate de Cuatro Compañeros, en territorio de Camagüey, y se unieron a la Columna Invasora no. 2 Antonio Maceo, encabezada por el comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán; en la que permaneció Lorente hasta finalizar la guerra.

Para este destacado combatiente, en su fructífera vida, Camilo fue un discípulo aventajado de Fidel y del Che, tanto que resulta imposible hablar de él sin referirse a ellos. Fue un hombre cabal en todos los sentidos; un jefe comprensivo, firme, valiente, fiel, muy humano, alegre y bromista aun en las situaciones más difíciles.

Designado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz como jefe de la Columna Invasora no. 2 Antonio Maceo, dirigió victoriosamente la marcha de esta hasta territorio villareño y el 15 de octubre de 1958 arribó a La Caridad, en el monte Alicante, donde fijó la comandancia y dejó fundado el Frente Norte de Las Villas. Ese mismo día libró allí su primer combate en la región central del país.

Abanderado de la unidad

A su llegada, la Columna Antonio Maceo asimiló el grupo guerrillero del capitán Regino Machado —posteriormente traidor—, del Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR 26-7), y el del comandante  Félix Torres González, del Partido Socialista Popular (PSP), asentados en el monte Alicante y en Jobo Rosado, respectivamente.

“Camilo fue capaz de unir  a todas  esas fuerzas con la nuestra, sin mostrar preferencia por ninguna; lo mismo les pasaba el brazo por los hombros o regañaba a un integrante de la columna invasora que a cualquiera de los buenos guerrilleros que encontramos en territorio villareño; igualmente lo hizo con la clase obrera, con los estudiantes, con los campesinos, y organizaba la cooperación entre ellos.

“Conocimos todo el terreno, los centrales azucareros…, teníamos amigos entre los obreros, quienes nos daban de lo poquito que tenían: un caldero con malangas, un saco de maíz, un poco de pinol, cualquier cosa de su propia alimentación.

“Durante una reunión los campesinos le plantearon que había una finca atravesada  por varios caminos, cuyo propietario los cerró y empezó a cobrarles para que pudieran pasar con su mercancía. Él les prometió que en cuarenta y ocho horas eso estaría resuelto. Y así fue, porque mandó a buscar al individuo y se lo exigió.

“En una ocasión un terrateniente se presentó y le planteó que iba para que le entregara un yipi que le habían quitado los rebeldes. Camilo, quien lo había recibido amablemente, le preguntó: ‘¿Y cómo usted no va a pedir el yipi que tantas veces le ha quitado la guardia rural para aplastar al pueblo?’. Y lo mantuvo retenido hasta el día siguiente”.

El mejor y más completo de los guerrilleros

“Recorría todo el frente, desconcentraba las fuerzas y las unía cuando ya tenía planeado atacar un cuartel o establecer una emboscada. Con el ir y venir atravesando montes, trillos, terraplenes y carreteras, y pasando por el lado de los pueblos, nos hizo dominar la región donde operábamos.

“En el mando  era muy flexible, olfateaba  al enemigo  y  estudiaba el  terreno  donde actuaríamos; creó una red de informantes del MR-26-7, e incluso dentro del adversario, capaz de llegar rápido, a caballo o a pie, y avisar acerca del movimiento del enemigo, o sea, controlaba totalmente una amplia zona que se extendía hasta Caibarién.

“También estableció  redes de comunicaciones para que los exploradores, enlaces y vecinos de  los pueblos protegidos por nosotros llegaran e informaran la situación.

“Fue un estratega, el mejor de los guerrilleros, el más completo, al decir del Che y del propio Fidel. Organizaba las operaciones teniendo en cuenta el armamento del enemigo, la cantidad de sus efectivos, que estaba mejor alimentado y se movía más rápido, en tren y camiones, por lo cual nos superaba en todos los sentidos”.

Un aparte para la vanguardia

“El hoy coronel (r) Rafael Ochoa Sánchez, Albis, combatiente de la Sierra e invasor de la Columna 2, me contó que un día encontró a Camilo moliendo maíz y le preguntó qué hacía. Le respondió: ‘Albis, moliendo maíz, ¿no me ves?’, ante lo cual él le dijo: ‘¿Entonces vamos a comer maíz?’, y le aclaró: ‘No, Albis, este maíz es para hacerle alimentos a la vanguardia, la cual va delante, cruza  caminos, explora, recibe los primeros tiros de las emboscadas del enemigo, busca los alimentos y cigarros en tiendas para que nosotros podamos comer y fumar, y también lugares donde acampar’. Y así era; la vanguardia representaba todo para nosotros, y de su jefe, Orestes Guerra González, ya fallecido, Camilo decía que era tan guapo como Maceo”.

Asegura Lorente que el jefe del Frente Norte de Las Villas fue ejemplo para todos ellos. “No tenía inclinación por grupo alguno; repartía calor, alegría, a todos por igual, y se desvivía por los niños. Me contaron, yo no estaba presente, que en una reunión unos campesinos hablaban de religión, de si pertenecían a uno u otro partido, y entre ellos había un chiquillo.  Camilo, quien les escuchaba,  de momento preguntó: ‘Y tú, niño, ¿de quién eres?’;  el  pequeño le miró y respondió: ‘Yo soy tuyo, Camilo’, y él, muy emocionado, lo apretó fuertemente contra sí.

Humor y sensibilidad

Finales de diciembre del año 1958 en Yaguajay. Camilo recibió la tercera visita del Che, quien estaba dirigiendo la batalla de Santa Clara, pero le preocupaban los días que su compañero llevaba combatiendo sin que se rindiera aquella posición. Le llevó una bazuca con escasas municiones y le prometió enviarle un mortero. Camilo, disgustado, se quejó de que el Dragón I, un tanque de guerra artesanal construido por su tropa, no había dado el resultado esperado. El Che no estuvo de acuerdo con él argumentando que su utilización había obligado al adversario a gastar muchas balas. Seguidamente preguntó a Camilo:

“Ven acá, chico, ¿cuántos días llevas tratando de tomar el cuartel?” Tras obtener la respuesta y las causas de la demora, consideró: “No es tan difícil. Mira, quítate el sombrero y ponte mi boina y verás que cuando sepan que aquí estuvo el Che se rendirán enseguida”. La respuesta no demoró en llegar: “Y tú, llévate mi sombrero, que cuando en Santa Clara vean que allá está Camilo de inmediato harán lo mismo”.

Emoción por una melodía

Acaba de salir a la luz un discohomenaje titulado Nuestro canto una flor. Homenaje a Camilo Cienfuegos, de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, Egrem. La pieza escogida como cierre es la titulada Rezo en la noche, bolero de Francisco Escorcia, en la voz de Benny Moré y su Banda Gigante. De Escorcia es la siguiente anécdota de la noche del estreno de su obra en el Alí Bar, por el Bárbaro del Ritmo.

Esa madrugada del 59, relató, al terminar de cantar Rezo en la noche: Hoy mi canto no comenta/ un dolor ni un desengaño./ Hoy mi canto no presenta/ vulgaridades en el amor./ Hoy dedico mi canto a las madres/ que sufren la ausencia/ del hijo idolatrado/ que valientemente cayera/ defendiendo el sagrado derecho de la libertad/ y a la patria que solemnemente jurara lealtad./ entre el público presente hay un joven de 27 años. Es uno de los grandes protagonistas de la epopeya, Camilo Cienfuegos.

Apenas terminó la canción, el joven comandante fue hasta el camerino del Benny y su saludo fue. “¡Benny, qué clase de canción has cantado!”. Lo hizo como si se conocieran de toda la vida.

Fuentes: Camilo en la memoria. Suárez, Felipa y Quesada, Pilar; y periódico Granma: Camilo Cienfuegos entre versos y canciones Alonso Venereo, Ricardo, 25 de octubre del 2019.

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