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Díaz-Canel en Belarús: Con los buenos amigos siempre se logran buenas cosas (+Fotos)

Por René Tamayo León, enviado especial

MINSK, Belarús.- A las 3:00 de la tarde en punto de ayer  (hora local, pues en Cuba eran las 8:00 de la mañana), llegó el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez al aeropuerto de esta ciudad procedente de Dublín… como ya se sabe.

Díaz-Canel fue recibido por el ministro de Industria Pavel Utiopin ; por el viceministro de Relaciones Exteriores de ese país, Pavel Shestakov; y por el embajador cubano en Minsk, Juan Valdés Figueroa (Foto: Estudios Revolución)

Del Oeste al Este del planeta, o viceversa, los usos horarios son siempre un arma de doble filo. En apariencia, te quitan tiempo o te regalan más, pero «el tiempo es el tiempo», y siempre cobra lo que parece «beneficio» o subsana —si se regresa al punto de partida— lo que se dio por perdido.

Como ya es público y notorio en los medios de comunicación del mundo, Díaz-Canel realiza una gira internacional por países de Europa (Irlanda, Belarús y Rusia), además de su anunciada participación en la 18va Cumbre del Movimiento de Países no Alineados, en Bakú, Azerbaiyán.

Viajar rumbo meridiano de Greenwich, pasarlo, traspasarlo, «etc.», borra de la vida horas y horas. A los días hay que apurarlos mecánicamente: es decir, corriendo con los dedos las manecillas del reloj; y a las noches, que llegan de pronto, hay que deshacerlas bruscamente: o sea, acortando el sueño lo más posible. No hay otra manera de optimizar el tiempo así.

El jefe del Estado cubano ya tiene acostumbrada a la gente de la Isla a sus largas y cargadas agendas de trabajo personal y del equipo de Gobierno. La mayoría de ellas las hace públicas, a fin de informar a la ciudadanía y/o hacerla partícipe, prolija manera de establecer sinergias y promover un actuar más proactivo por parte de todos y para el bien de todos.

En la actual gira internacional —como las anteriores, aunque ahora es flamante Presidente de la República— Díaz-Canel mantiene el trepidante ritmo laboral que lleva en Cuba. Solo que ahora el tiempo lo tiene «más en contra todavía». Parece, sin embargo, que poco caso le está haciendo.

El mandatario, los ministros y los directivos que lo acompañan, además de los compañeros encargados de asegurar su protección, duermen poco, trabajan mucho y viajan largo (y con ellos el grupo de profesionales de la información y la comunicación social que damos cobertura al largo viaje).

«El Hombre» —como le dicen la gente de barrio cuando hablan de él mientras echan una data de dominó— parece querer aprovechar cada momento. Y lo está haciendo. Tal vez por eso no se le ve cansado. No hay como querer hacer para no cansarse.

De la  ZED-Mariel a Great Stone

Tras una intensa jornada de lunes que terminó tarde en Irlanda, sueño corto y un viaje de unas tres horas desde Dublín hasta Minsk, el Presidente cubano fue recibido en esta capital con la altura que los pueblos eslavos ofrendan a sus amigos: guardia de honor al lado de la alfombra roja, dos jóvenes ataviadas con vestidos típicos y flores y otra con una hogaza de pan y sal sobre un rushnik (bordado típico) que ofreció al dignatario para que lo probara.

El Presidente cubano fue recibido en el aeropuerto de Minsk con un ceremonial tradicional de los pueblos eslavos que se reserva para dar la bienvenida a una personalidad im-portante, respetada o admirada. (Foto: Estudios Revolución)

En la escalerilla del avión lo esperaron los funcionarios bielorrusos Pavel V. Utiopin, ministro de Industria y que está a cargo de las relaciones bilaterales con Cuba; Pavel V. Shestakov, viceministro de Relaciones Exteriores; y Aleksander N. Aleksandrov, embajador de Belarús en Cuba.

También allí se le agregaron para las jornadas de trabajo que iniciaba, los directivos cubanos, Ricardo Cabrisas Ruíz, vicepresidente del Consejo de Ministros; Gustavo Rodríguez Rollero, ministro de Agricultura; e Irma Martínez Castrillón, presidenta del Banco Central de Cuba.

Participan además los viceministros Rogelio Sierra y Marcia Cobas, de Relaciones Exteriores y de Salud Pública, respectivamente; así como Eduardo Martínez, director de Biocubafarma. Rodrigo Malmierca, titular de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, es parte de la delegación, pero acompaña al Presidente desde el inicio de la gira.

Del aeropuerto el Presidente cubano se dirigió directamente al parque industrial chino-bielorruso Great Stone (Roca Grande), donde fue recibido por Aliaksander Yorashenko, jefe de la Administración de la zona y su contraparte china.

Con muchas semejanzas (y también diferencias) con la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), el emprendimiento se inauguró oficialmente en 2015 por los presidentes Xi Jinping y Alexander Lukashenko.

El Parque industrial Great Stone y la ZED-Mariel emulan, pero se complementan. Díaz-Canel se interesó por conocer los conceptos y desarrollos que se llevan a cabo en el enclave productivo chino-bielorruso situado a 25 km de Minsk. (Foto: Estudios Revolución)

El proyecto desarrollará industrialmente una superficie superior a los 110 kilómetros cuadrados (Km2) y ya ha completado el plan de inversiones en un área de 8,5 Km2 donde están establecidas 55 firmas de 13 países —la mayoría de ellas chinas y bielorrusas, así como de Europa— que han comprometido alrededor de 1000 millones de dólares. De ellas, ya están en plena marcha 15 plantas que producen rubros de alto valor agregado.

El avance de la iniciativa y los resultados que ya se logran, siempre bajo el principio de una estricta protección medioambiental, son un reflejo de las buenas relaciones entre China y Belarús, le indicaron al Presidente cubano los anfitriones, que le dieron una amplia explicación sobre todo el proceso inversionista que se lleva a cabo en el lugar y que está intrínsecamente vinculado a la Franja y Ruta de la Seda.

Los ejecutivos de Great Stone aprovecharon la oportunidad para promover que entidades cubanas de la biotecnología y la farmacéutica (las que —señalaron— han logrado un reconocimiento mundial por sus resultados científicos e investigativos) se establezcan en la zona prevista para la expansión de empresas de la alta tecnología.

Añadieron que China es un gran mercado para los productos médico-farmacéuticos, por lo que —dijeron— el parque industrial de Minsk podría colocar los productos desarrollados por los ciencia cubana allí y en otros países cercanos.

Díaz-Canel les informó que en la delegación cubana estaba el presidente de Biocubafarma, Eduardo Martínez, y la viceministra Marcia Cobas, a quienes encomendó analizar la propuesta.

Este encuentro —les dijo a sus anfitriones— nos da dos salida: una, conocer lo que ustedes hacen y cómo podríamos insertarnos aquí a partir de esa propuesta; y dos, evaluar el establecimiento en la Zona Especial de Desarrollo Mariel de empresas chino-bielorrusas formadas aquí, de forma tal que se pudiera agilizar la extensión al Caribe y a América Latina de la Franja y la Ruta de la Seda.

Trataremos de estar en este parque industrial, les dijo. Trabajemos para eso, porque —agregó— «con los buenos amigos siempre se pueden lograr cosas como estas».

Belarús, tierra heroica llena de historia

El Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, visitó en la noche de este martes, importantes hitos históricos, culturales y religiosos de Minsk, como la iglesia católica de San Simeón y Santa Elena, y la catedral ortodoxa del Espíritu Santo San Cirilo y Metodio. En ambos templos cristianos fue recibido por las máximas autoridades religiosas.

En el libro de visitantes de la iglesia católica San Simeón y Santa Elena, conocida como la Iglesia Roja, Díaz-Canel agradeció la atención dada por las autoridades religiosas y elogió la belleza del templo. (Foto: Estudios Revolución)
En la Catedral del Espíritu Santo San Cirilo y Metodio, el Presidente cubano departió con los miembros y líderes de la comunidad religiosa. (Foto: Estudios Revolución)

También recorrió la Plaza de la Independencia y la Plaza de la Libertad. En el barrio Troistky, por donde caminó alrededor de un kilómetro a través del paseo construido en la ribera del río Svisloch, se dirigió a la Isla de las Lágrimas, monumento que rinde homenaje a los 789 soldados bielorrusos que dieron su vida en las misiones internacionalistas soviéticas en Afganistán en los años 80 del pasado siglo.

La heroica historia del pueblo bielorruso durante la Segunda Guerra Mundial se puede conocer a través de sus calles. (Foto: Estudios Revolución)
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