Che: El trabajo debe ser la señal del revolucionario

Che: El trabajo debe ser la señal del revolucionario

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Se ha afirmado con razón que por su contacto permanente con los trabajadores el Che fue uno de los alumnos más sobresalientes del Comandante en Jefe.

Ello se hacía palpable en sus frecuentes visitas a los colectivos laborales, y también en su participación en los trabajos voluntarios promovidos por él, a los que acudía junto con sus compañeros del Ministerio de Industrias. Le concedía gran importancia a esta práctica por su carácter formador de conciencia que contribuiría a una visión nueva del quehacer cotidiano, no como un penoso deber, sino como una obra de creación en beneficio colectivo, y era el primero en dar su ejemplo personal para que esta tarea calara en las masas.

Por tanto no permitía que su presencia, que sin lugar a dudas  constituía un motivo de satisfacción y un acicate para los demás participantes, se tergiversara, ni aceptaba ningún gesto distintivo hacia su persona.

Así ocurrió en la fábrica de confituras, antigua La Estrella, cuando al terminar las labores y dirigirse hacia el auto, el administrador le trajo unos paquetes de caramelos, bombones y galleticas para su comitiva, con el argumento de que en nombre de los trabajadores quería hacerles ese regalo por haber ido allí a colaborar.

El Che, muy disgustado, le dijo: “Oye, compañero, ¿y desde cuándo te dieron la propiedad de esta fábrica para que tú puedas disponer de lo que es del pueblo? Además, nosotros vinimos a trabajar aquí de forma voluntaria, y que yo sepa el trabajo voluntario no se paga”.

Fueron numerosas sus visitas a los colectivos laborales. En una ocasión el Che se trasladó a las minas de Matahambre, en Pinar del Río, que en aquel tiempo llegó a ser la más profunda de América. Quiso bajar hasta el último nivel de la mina, para constatar las condiciones en que trabajaban los obreros. Estaba estipulado que los que tuvieran catarro no podían llegar hasta allí, pues había déficit de oxígeno. En ese ambiente, por supuesto, no debían trabajar los asmáticos.

El director de la mina, capitán Alberto Fernández Montes de Oca (quien cayó años después combatiendo en la guerrilla boliviana), contó que cuando estaban llegando a ese nivel el Che respiraba con cierta dificultad, pero quiso seguir bajando. Decidió imitar a un minero que sentado en el suelo rompía material manejando el martillo de aire con sus pies.

Se preocupó por la alimentación y la salud de los mineros y por  la situación de los troncos que sostenían el techo de la mina, y le respondieron que la Juceplan había asignado madera blanda de segunda y se requería madera dura de primera, lo cual fue discutido por el Che, quien comentó con ironía que sería interesante llevar allí al señor burócrata de la Junta para que la próxima vez la asignación de madera fuera la correcta.

No solo mediante su acercamiento personal a los trabajadores, sino con su prédica revolucionaria, el Che resaltó en numerosas ocasiones  el papel del trabajo que adquiría una connotación diferente en la nueva sociedad.  Basten dos ejemplos:

En una reunión con los mineros de  Nicaro, el 22 de enero de 1961, expresó: “Solo con el trabajo y el sacrificio se podrá producir más. Es más fácil morir en la trinchera que pasar los 365 días del año trabajando. Por esto, mientras no llegue la lucha armada, nuestra lucha es la del trabajo, que será la que en definitiva nos dará el triunfo”.

El 30 de abril de 1962, en el acto de homenaje a los obreros y técnicos más destacados en el primer trimestre, expresó:  “Está claro que el trabajo va a ser lo que cree las riquezas a nuestro Estado, y lo que le dé nuevas características para ir cambiando su aspecto actual. El trabajo, entonces, debe ser la señal del revolucionario. Y el trabajo debe ser tomado por todos como el deber fundamental”.

Fuente: Arcos Bergnes, Ángel. Evocando al Che, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2009.

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