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El Estado que nos ha impuesto el terrorismo

“No debe olvidarse, ni por un instante, que nuestro pueblo, como consecuencia del terrorismo de Estado, ha acumulado una cifra de muertos y desaparecidos superior a los que causaron los atentados a las Torres Gemelas y Oklahoma juntos”.

Así lo señaló el General de Ejército Raúl Castro Ruz, en el acto efectuado el 6 de octubre del 2010, en ocasión de instituirse esa fecha como  Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado.

Mientras que esos hechos ocurridos en territorio estadounidense   estremecieron la opinión pública de ese país, y tuvieron una gran repercusión internacional, el terrorismo de Estado fue utilizado por Washington como un instrumento permanente de su política exterior hacia Cuba, desde los inicios mismos del triunfo revolucionario.

Nuestro pueblo nunca olvidará el monstruoso acto terrorista ocurrido precisamente el 6 de octubre de 1976,  cuando se produjo la explosión en pleno vuelo de un avión civil con 73 personas a bordo. No hubo sobrevivientes.

Lo más repugnante fue que los grupos integrantes del CORU, organización formada por la CIA con la anuencia de la Casa Blanca para ejecutar sabotajes y actos terroristas contra nuestra patria, dieron a conocer dos meses antes, en un periódico de Miami, un “parte de guerra” donde, además de jactarse de sus recientes acciones vandálicas contra Cuba,  anunciaban con total desfachatez: “Muy pronto atacaremos aeronaves en vuelo”.

Dentro de la lista de hechos criminales que sería interminable reseñar, las cifras de víctimas son un dedo acusador contra el imperio. ¿Cómo  no recordar la doble explosión que hizo volar en pedazos el vapor La Coubre? El espectáculo que encontraron quienes acudieron al lugar a ofrecer ayuda resultó dantesco.  Murieron 101 personas y los heridos y mutilados fueron centenares.

La agresión mercenaria de Playa Girón, rechazada heroicamente en menos de 72 horas,  provocó la pérdida de 176 compatriotas y más de 300  heridos, entre ellos vecinos de la zona de combate, ametrallados por la aviación mercenaria, y 50 discapacitados.

Entre 1959 y 1965 actuaron prácticamente en todo el país 229 bandas armadas integradas por 3 mil 995 mercenarios, organizados, financiados y abastecidos por la CIA, que se dedicaron a sembrar el terror y la muerte en las zonas campesinas, y causaron la pérdida de 449 vidas de combatientes, campesinos y alfabetizadores, miles de heridos y cientos de discapacitados.

A todo ello se suman las secuelas de los sabotajes a objetivos económicos, ataques aéreos, guerra biológica como la introducción del dengue hemorrágico que cobró la vida de 158 personas, 101 de las cuales eran niños; ataques piratas a embarcaciones pesqueras, asesinatos de diplomáticos, bombas contra representaciones cubanas en el exterior y en instalaciones turísticas, subversión ideológica y cientos de planes de eliminación física del Comandante en Jefe.

Un inventario detallado de estas agresiones está contenido en la Demanda del Pueblo de Cuba al Gobierno de Estados Unidos por daños humanos, a los que se suman cuantiosos daños materiales.

La persistencia del bloqueo de Estados Unidos constituye una violación flagrante de los derechos humanos de los cubanos,  es causa de privaciones, limita el acceso a medicamentos y a técnicas médicas que podrían salvar vidas, dificulta la adquisición y producción de alimentos, y obstaculiza el desarrollo del país.

Esa política califica como acto de genocidio  y es, sin duda, una expresión de terrorismo de Estado, recrudecido por la administración Trump, que se ha empeñado en estrechar el cerco.

Con el burdo pretexto de ataques sónicos, nunca demostrados, canceló los servicios consulares en su embajada, lo que  obliga a los cubanos que deseen viajar a Estados Unidos  a hacer esas gestiones en un tercer país; eliminó los viajes educativos grupales pueblo a pueblo, las licencias a aeronaves no comerciales y embarcaciones recreativas en estancia temporal, incluidos los cruceros, lo que reduce sensiblemente la cantidad de visitantes al país y los ingresos por esa vía; restringió sustancialmente el envío de remesas, con lo cual “estamos frenando el mal comportamiento del Gobierno cubano, mientras continuamos apoyando al pueblo de Cuba que tanto sufre”, declaró cínicamente el secretario del Tesoro Steven Mnuchin; activó el Título III de la Ley Helms-Burton, bien llamada Ley Garrote; y ha desatado una feroz persecución contra  barcos y entidades para evitar que trasladen petróleo de Venezuela a Cuba.

Pero el vecino del Norte ha calculado mal la capacidad de resistencia de los nacidos en esta tierra. Su terrorismo de Estado ha demostrado ser una política fallida. No doblegará a los cubanos de hoy y no permitiremos, como dijo el poeta, que nuestros hijos mendiguen de hinojos la patria que los padres nos ganaron de pie.

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