Icono del sitio Trabajadores

La espada dorada de Cuba en Lima

Yunior Reytor en la final contra Argentina. Foto: sitio oficial del evento.
Yunior Reytor en la final contra Argentina. Foto: sitio oficial del evento.

Lima.- Cuando Yunior Reytor definió el combate semifinal (43-42) nada menos que contra el campeón olímpico y mundial, Rubén Limardo, de Venezuela, nuestro equipo de espada comenzó a soñar seriamente en la corona de esa arma en estos Juegos Panamericanos, luego de 12 largos años de espera. Cuatro horas más tarde, los mosqueteros de oro lo confirmaron con fácil victoria sobre Argentina (45-33).

Claro que la historia tuvo sus momentos culminantes. Un inicio sin complicaciones contra Brasil (45-37) en cuartos de final dejó listo el pareo frente a uno de los conjuntos más ranqueados del certamen, con el cual vivimos un duelo que solo quienes han tenido esta arma metálica en las manos saben que apunta al sacrificio y a la certera y fina posibilidad de dar una estocada, cual huella de honor.

Contra los venezolanos, o mejor contra los hermanos Limardo Gascón: Rubén, Jesús y Francisco, nada podía fallar. Eran nueve asaltos para dejarlo todo sobre la pistilla. Yunior, Luis Enrique Patterson y Reynier Henríquez lo tenían claro. Como cuarto hombre sentado en las sillas, por si alguna lesión ocurriera, Humberto Luis Aguilera.

El match llegó parejo a 12 puntos y Yunior no pudo conservar esa ventaja y entrega el sexto round debajo 19-22. Había que hilar fino con la estrategia a seguir y sus compañeros Patterson y Henríquez intentaron, pero no pudieron recortarla. Último asalto y tocó por rotación el desquite de Reytor. Eran claves ecuanimidad y precisión para remontar el 30-33 en tres minutos.

Toque a toque, esquivando los ataques de Rubén, y con más de un grito de victoria cuando sentía que su espada pinchaba el cuerpo del morocho, el cubano fue tejiendo lo que parecía imposible. Remontó los tres puntos y se puso delante 42- 41 cuando faltaban 20 segundos. La casta del sudamericano lo emparejó y hubo que decidir en el minuto extra o punto de oro.

Silencio en la Sala. Se echó a andar el reloj y ninguno de los dos atacaba. Silencio en la Sala y cuando faltaban 15 segundos sobrevino la acción. Limardo, con su acostumbrado ataque diagonal, se lanzó y Reytor solo necesitó barrer su arma y acto seguido buscar el hombro izquierdo. Era el punto final. Cuba era el ganador y virtual monarca.

Sin subestimar o bajarle la calidad al contrario -los argentinos derrotaron en semifinal a la potente escuadra de Estados Unidos-, las tensiones para los nuestros habían bajado. La discusión del oro se abrió desde que Yunior marcara diferencia de dos toques en el asalto inicial. Nunca perdieron la punta y en las gradas se escuchaban a sus compañeros coreando sus nombres en cada presentación.

“Fue un trabajo de equipo, habíamos ganado el campeonato panamericano, y sabíamos que los equipos a vencer aquí eran Venezuela y Estados Unidos. Siempre tuve mucha confianza. Conozco a Limardo desde hace muchos años. Nos hemos enfrentado en infinidad de ocasiones y asumí ese momento final como uno de los más grandes de mi carrera deportiva”, contó todavía emocionado Reytor al término de ese combate.

Por su parte Patterson dedicó esa victoria a su familia y valoró que tras ganarle a Venezuela el camino se abrió. “Desde los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla dijimos que no queríamos otra cosa en Lima que el título y aunque la pelea fue dura hoy podemos regalarle al pueblo la certeza de que la esgrima cubana, y la espada en particular, no les falló”.

Finalmente el entrenador Jaine Hernández comentó que todos los muchachos pusieron su granito de arena en esta victoria, que se suma al bronce individual de Reytor. “Ahora nos queda pensar en Tokyo, para lo cual necesitamos participar en al menos dos Copas del Mundo pues estamos en punta en el ranking de América”.

Los mosqueteros de oro de la esgrima cubana son quizás los más fieles exponentes de que siempre los pronósticos pueden romperse. “Todos para uno y uno para todos”, volvió a ser su máxima ahora. Solo que no defendían al rey Luis XIII ni enfrentaban a la guardia del Cardenal Richelieu, sino al reino de Cuba y a su escuela de esgrima.

Celebración tras el oro de la espada por equipos (m). foto: Sitio del evento
Compartir...
Salir de la versión móvil