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Para proteger la fuerza motriz

Como es conocido, Cuba carece de abundantes recursos hídricos. Las precipitaciones, siempre inestables, son la única fuente existente. Y si a eso se suma la baja eficiencia de los sistemas y malas prácticas en su uso, el abastecimiento y la sostenibilidad se convierten en serios problemas que requieren la máxima atención.

La presa Mayarí, en Holguín, la más alta de Cuba y segunda por su capacidad de embalse. Foto: Barreras Ferrán

Estudios realizados indican que los recursos hídricos potenciales provenientes de las precipitaciones se evalúan en 38 mil 100 millones de metros cúbicos, de ellos, 6 mil 400 millones de metros cúbicos son subterráneos y los restantes están en las aguas superficiales, principalmente en las cuencas hidrográficas.

Cuba cuenta con once de interés nacional: Cuyaguateje, Ariguanabo, Almendares─Vento, Ciénaga de Zapata, Hanabanilla, Zaza, Sagua la Grande, Cauto, Toa, Mayarí y Guantánamo─Guaso y 51 de interés provincial.

El índice de disponibilidad de agua a partir de los recursos hídricos potenciales existentes es de alrededor de 3 mil 400 metros cúbicos por habitante en un año. Esa cifra ocupa el lugar 105 en una lista de 182 países y está considerado como baja.

Así está recogido en un sustancioso documento presentado en la reunión que sostuvieron directivos del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRI) con dirigentes sindicales de ese sector en todo el país.

También resulta significativa la identificación de 2 mil 364 fuentes contaminantes, que afectan las aguas terrestres de los cuales mil 500 corresponden a sistemas de tratamiento administrados por varios organismos con alta incidencia en vertimientos inadecuados, lo cual afecta a la salud humana y al medio ambiente.

Esas, entre otras muchas razones, propiciaron la aprobación de la Política Nacional del Agua, la cual establece, promueve y canaliza a través de sus principios rectores cuatro prioridades estratégicas: el uso racional y productivo del agua disponible, el uso eficiente de la infraestructura construida, la gestión de riesgos asociados a la calidad y la gestión de riesgos asociados a eventos del clima.

Entre sus principios están que es renovable, escasa y vulnerable, su uso equitativo y el derecho a ella, el enfrentamiento a inundaciones y sequías, su significación para el desarrollo y el valor económico y la articulación de la gestión hídrica con la ambiental.

La infraestructura hidráulica construida por la Revolución significa casi la totalidad de las obras existentes en el país, las que permiten enfrentar los principales programas sociales, económicos y ambientales.

Según considera la dirección del INRH, la ineficiencia que presentan actualmente las obras hidráulicas en sentido general y el uso irracional e improductivo de tan valioso recurso se debe a la prolongada explotación de esa infraestructura sin el adecuado y necesario mantenimiento, a la afectación de eventos hidrometerológicos, limitaciones financieras, prácticas erróneas en la operación y a la persistencia de precios subsidiados, entre otros factores de influencia.

Eso está unido a conductas y actitudes negativas predominantes en la sociedad, sobre todo porque a través del tiempo y debido a múltiples factores, ha prevalecido una “cultura” del derroche. Y como señala un proverbio inglés: “No se aprecia el valor del agua hasta que se seca el pozo”.

Consideran los especialistas que esos problemas deben afrontarse y resolverse de manera paulatina y afirman que la gestión de financiamiento es una premisa esencial para el desarrollo del sector hídrico en el país, pues constituye una actividad altamente costosa y demanda asignación de recursos monetarios permanentes.

Por otro lado, el uso del agua impone un alto costo energético por el bombeo. Debido a la baja eficiencia de los sistemas se genera un sobre consumo estimado en unos 300 Gwh. El abastecimiento a la población y el riego a las plantaciones agrícolas son los más influyentes en ese sentido.

 

¿Con qué se cuenta?

Sin considerar las nuevas obras de los trasvases en ejecución, el país dispone de 242 presas, con una capacidad de embalse de 9 mil 150 millones de metros cúbicos; 788,4 kilómetros de canales magistrales; 729 micropresas, con una capacidad de embalse de 600 millones de metros cúbicos, y más de 25 mil kilómetros de canales de riego y drenaje que son patrimonio del Ministerio de la Agricultura y el Grupo AzCuba, los que administran además, 35 mil estaciones de bombeo. Existen también otras 16, consideradas grandes, dirigidas por el INRH.

Notable esfuerzo de los trabajadores hidráulicos en la rehabilitación en tiempo récord de un tramo en la conductora de Cuenca Sur, en Mayabeque. Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

Debido al mal estado técnico y a una operación y manejo inadecuados de esos sistemas está estimado que se pierden más de mil 300 millones de metros cúbicos cada año, los que podrían recuperarse.

Los acueductos que son operados por el INRH abastecen de agua a   2 mil 484 asentamientos urbanos y rurales, en los que residen 8 millones 240 mil personas. Se estima que otros dos millones 705 mil reciben el suministro por sistemas administrados por otras entidades o camiones cisternas y que 492 mil acceden del agua, pero deben cargarla a larga distancias de sus viviendas.

¿Hacia dónde se dirige ese sector? La respuesta a esa interrogante está en la visión respecto al desarrollo hidráulico nacional, sobre la base de que constituye una prioridad para el Gobierno cubano la gestión del agua como recursos indispensable y motor impulsor del desarrollo sostenible de la nación.

Sin una adecuada previsión continua para garantizar el suministro para las actividades inherentes a los seres humanos no es posible el desarrollo urbano. La sostenibilidad del progreso agrícola, pecuario y forestal depende de la disponibilidad del líquido, como también lo es para las industrias y la generación en las hidroeléctricas.

Por tanto, existe la visión clara de que “en Cuba se gestiona el agua de forma integrada a escala de la sociedad, la economía y el medio ambiente, proporcionando desarrollo sostenible y seguridad a la nación”.

Entre los objetivos, indicadores y acciones estratégicas de la Política Nacional del Agua figuran rehabilitar obras, darle valor de uso a las que se terminen, reducir las pérdidas, elevar la calidad de los servicios de abastecimiento, disminuir la carga contaminante, elevar la utilización de las aguas residuales, aumentar la cobertura boscosa, fomentar un programa de formación y motivación de recursos humanos, fortalecer las capacidades técnicas en proyectos e investigaciones y experimentar formas de gestión económica no estatal en la administración.

También es esencial darle mayor prioridad y atención al programa de educación ambiental, divulgación y participación comunitaria.

Como afirmó Leonardo Da Vinci: “El agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza”. Entonces, estamos todos en el deber de aprovecharla bien.

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