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¿Por qué el Clásico de Ciclismo no puede terminar en el Capitolio?

Llegada en el Capitolio en el 2017.
Llegada en el Capitolio en el 2017.

A falta de seis días para que la caravana del VI Clásico Nacional de Ciclismo arribe a La Habana, no son pocos los pedalistas, comisarios, personal de apoyo y seguidores de este deporte que se hacen la pregunta increíble: ¿Qué impide terminar el giro frente al histórico Capitolio, un sitio tradicional y emblemático para esta disciplina, más ahora que la capital anda inmersa en los festejos por sus 500 años de fundada en noviembre venidero?

Según los organizadores, la gestión hecha con las autoridades deportivas habaneras arrojó como respuesta que en medio del proceso de mudanza de la Sala Polivalente Kid Chocolate, no era posible un cierre en el corazón y kilómetro cero de la carretera central, por lo cual propusieron pasar la meta final para Rancho Boyeros, a un costado de la Sala Ramón Fonst.

Demasiado facilismo y pocas ganas de respetar la huella de un evento se deriva de tal pronunciamiento. ¿Acaso en la época de mayor esplendor del Prado habanero y su Capitolio no se vitorearon allí a Pipián, Raúl Vázquez, Aldo Arencibia, Eduardo Alonso y Pedro Pablo Pérez, por solo mencionar algunos monarcas inolvidables? ¿Por qué romper, de golpe y porrazo, con un sello legendario e inspirador si antes de 1991 no existía la mencionada Sala polideportiva y siempre terminaron las Vueltas Ciclísticas a Cuba allí, con la excepción de la vez que se hizo en sentido inverso, es decir de Occidente a Oriente?

Para un pedalista que cubre el trazado de este Clásico, el objetivo supremo es llegar a la meta final aunque sea de último, a varios minutos de los líderes. Y si a alguien le pareciera simpleza el simbolismo del lugar para ellos no lo es, porque entraña la continuidad, el abrazo a la historia pasada, presente y futura, y como si fuera poco, permite brindar ese espectáculo tan necesitado y exigente que todo el país ha visto y que en La Habana encuentra su más alta expresión allí, por la numerosa cantidad de personas que pueden disfrutarlos en poco más de dos kilómetros de circuito.

Pudieran darse más razones. El buen estado de esa vía, la relación que existe entre el ciclismo y la población del lugar por los cientos de carreras dominicales celebradas, la connotación de arribar tras vencer 1293 kilómetros al lugar que da inicio a la carretera central o la posibilidad de ofrecer al turismo internacional una muestra más de cuánto ama al deporte este pueblo con un evento tan arraigado en su cultura como este.

Resta tiempo para rectificar y coordinar lo mínimo que se necesita: andamios para colocar el cartel de LLEGADA y una tarima para las premiaciones. El resto de las ideas que puedan sumarse, bienvenidas sean. Pesaría sobre los hombros de los decisores una gran contradicción social y política que en medio de la campaña comunicacional por los cinco siglos de la capital: “Por La Habana, lo más grande”, perdamos un momento tan hermoso y humano como este para seguirla engrandeciendo desde el ciclismo, desde el deporte cubano.

 

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