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El buen negocio de invertir en las mujeres

“Allí donde las mujeres están plenamente
representadas,
las sociedades son más
pacíficas y estables”;
Ban Ki-moon, exsecretario general
de las Naciones Unidas

 

Los actores del mundo moderno podemos vanagloriarnos de los cambios conquistados por la condición social y jurídica de las mujeres. Tales conquistas solo fueron posibles por la lucha consciente de activistas y movimientos que modificaron el tácito convenio patriarcal predominante en el mundo y convirtieron la discriminación, la violencia y la exclusión de género, en actos delictivos o al menos condenables por buena parte de la sociedad.

foto: Blog Mejorando vidas-BID

No es que el problema se haya resuelto, sino que el mundo ha avanzado hasta el punto de comprender que la desigualdad y la discriminación existen y son injustas.

Ninguna otra lucha por la justicia social ha alcanzado igual profundidad ni ha tenido un impacto tan extendido. Nada ha generado tal consenso como para trascender, incluso, al ámbito legal internacional y doméstico. Vale recordar los múltiples instrumentos suscritos por numerosos Estados: Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; Plataforma de Acción de Beijing; Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; Declaración del Milenio; y Agenda 2030.

Esta última, aprobada en septiembre del 2015, y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son quizás los proyectos más pretenciosos que asumen el desarrollo como un proceso que integra el crecimiento económico, la inclusión social y la protección del medio ambiente.

Los derechos de las mujeres y las niñas tuvieron un espacio propio en la Agenda 2030. En esta se clama por la igualdad de género y el empoderamiento de mujeres y niñas por justicia y como estrategia para el desarrollo.

“Invertir en las mujeres, en su formación y liderazgo, en la igualdad de oportunidades, no es solo hacer lo correcto, sino que es hacer lo más inteligente. El cambio está ocurriendo, pero requerimos que sea más rápido. Crear un mundo con mayor igualdad para las generaciones futuras es el reto más decisivo y urgente de este siglo”, afirma un estudio realizado por la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres).

¿Por dónde vamos?

A pesar de los avances en los últimos 30 años, la participación de las mujeres en la fuerza laboral sigue siendo muy desigual en comparación con la de los hombres (47 % frente a 72 %), reporta el informe citado.

Las disparidades en cuanto a oportunidades, trato y resultados, persisten en muchos sectores del mercado laboral. El estudio asegura que solamente en 20 de 128 economías hay igualdad de derechos legales entre mujeres y hombres. Persisten además los estereotipos de género, responsables, en alguna medida, de que las mujeres no tengan pleno acceso al empleo, a la formación profesional, ni a los esquemas de contratación y ascenso de muchas empresas.

La participación femenina en la toma de decisiones es significativamente minoritaria en los principales cargos de decisión, específicamente, en los niveles gerenciales y ejecutivos de las empresas y grandes corporaciones; su presencia en los consejos directivos oscila entre el 10 % y el 5 por ciento. Solo el 13 % de esta son presididos por una mujer, dicen los autores del estudio Principios para el empoderamiento de las mujeres de las empresas, coordinado por la entidad especializada.

Esta realidad persiste aunque el sector femenino representa el 50 % de los diplomas de doctorados del mundo, el 57 % de los de maestría, y la cifra es aún mayor entre los títulos universitarios.

Si no se cambia el statu quo tomará alrededor de ocho décadas cerrar la brecha de género en la participación económica. Lograr la paridad en la cúspide empresarial, entre 100 y 200 años.

Invertir pero no en cualquier sector

El 60 % de los graduados universitarios en América Latina son mujeres, pero solo 3 de cada 10 de ellas optaron por carreras del área conocida por su acrónimo en inglés STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), vitales en la transformación digital que vive el orbe y que, sin duda, marcará el futuro del mundo del trabajo.

Estas cifras, publicadas por el Instituto de Estadística de la Unesco, reflejan un fenómeno que también se expresa a nivel global y es preocupante en tanto muchas de las nuevas oportunidades de empleo estarán relacionadas con la creación y el uso de la tecnología.

“La baja propensión de las mujeres a seguir carreras en estas áreas puede significar que no accedan a las nuevas oportunidades. Hoy en día, solo el 1 % de las mujeres empleadas en la región trabajan en el sector de tecnología e información. A las puertas de la cuarta revolución industrial, esta estadística debe cambiar”, aseguran Monserrat Bustelo y Georgina Raygada, expertas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que han abordado el tema.

En nuestra región, las mujeres pueden ganar, por igual trabajo, hasta un 40 % menos que los hombres, y solo ocupan el 33 % de los trabajos mejor pagados. Tales brechas de género se reproducen en las áreas STEM, y el poco acceso femenino contribuye a perpetuarla.

Los decisores tienen a la mano numerosos estudios donde se demuestra que el cierre de la brecha salarial de género implicaría beneficios, no solo para ellas y sus familias, sino también para las economías de los países.

La Organización Internacional del Trabajo sostiene que si las mujeres ganasen lo mismo que los hombres, la riqueza global aumentaría un 14 % y crecería además el ingreso per cápita ya que ellas dedican un mayor porcentaje de sus beneficios a la educación, la salud y la nutrición.

El BID propone diseñar políticas públicas que estimulen la entrada de mujeres al área STEM, para lo cual los Gobiernos podrían emplear las herramientas que ofrecen las ciencias del comportamiento, novedad que integra saberes de la economía, la psicología y la antropología social para comprender e influir sobre los individuos a la hora de tomar decisiones, como puede ser optar por una carrera universitaria.

Para el año 2020, la fuerza económicamente activa del mundo contará con cerca de mil millones de mujeres, un poderoso y pujante sector en cuyo seno podría estar, incluso, la resiliencia necesaria para tiempos de crisis y recesión.


La igualdad de género ayuda a mejorar los indicadores económicos de las empresas porque:

• Las mujeres son agentes económicos clave que generan prosperidad, empleo, innovación y son un potente motor del desarrollo. Su inserción en el mercado laboral, además de avanzar en su autonomía económica, conduce a otras oportunidades, recursos y bienes que llevan una mayor movilidad social que beneficia a sus familias, la comunidad y la sociedad en su conjunto. Cuando el número de ocupadas aumenta, las economías crecen.

• Existe una correlación positiva entre la actividad empresarial femenina y el crecimiento del PIB. Se ha estimado que la productividad en América Latina y el Caribe podría aumentar un 25 % si se desbloquearan los obstáculos que impiden el potencial femenino.

• Las empresas con más mujeres en su junta de dirección son más rentables. Un estudio elaborado por la ONG especializada Catalyst, en el 2017, observó que esos casos eran 16 % más rentables.

• El aprovechamiento del talento femenino representa beneficios diversos para las empresas: estarían en sintonía con un mercado de consumo cada vez más orientado por las mujeres, aprovecharían la creatividad propia de la diversidad de género, mejorarían la gestión empresarial y, por ende, los resultados de las empresas.

• Un estudio de la consultora estratégica global McKinsey sobre 101 compañías de Asia, Europa y los Estados Unidos reveló que en las que por lo menos el 30 % de los puestos superiores estaban ocupados por mujeres, tenían un sólido desempeño y obtenía resultados considerablemente mejores.

• Las empresas que promueven el ascenso de las mujeres a los cargos más altos suelen tomar decisiones con mayor rigor; invierten más en investigación, innovación y tecnología; y reducen la proporción de transacciones financieras de alto riesgo.

• Las empresas con una mayor presencia de mujeres tienden a desarrollar mejores esquemas de responsabilidad social corporativa y una mayor diversidad de trabajo filantrópico; mejoran su reputación e imagen de marca, acceden a nuevos clientes e inversionistas, retienen y captan un mayor talento profesional, e incrementan la productividad debido a la satisfacción de sus trabajadores y trabajadoras, clientes y socios. | Con información de ONU Mujeres


 

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