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Ilustres: Vilches, ¡qué muralla!

Raúl Vilches, uno de los grandes voleibolistas de todos los tiempos.
Raúl Vilches, uno de los grandes voleibolistas de todos los tiempos.

El verano de 1976  fue paisaje ideal para que el deporte cubano se exhibiera ante los ojos del mundo. En Montreal, Canadá, sede de los Juegos Olímpicos, orgullo, pasión y talento crearon un cóctel que puso a temblar a los rivales.

La avalancha emanó de la cancha de  voleibol, en la cual el conjunto masculino se vistió con un bronce, que relució como el oro. Su exhibición provocó que los aficionados presenciaran ciertas fases de los partidos de pie.

El ímpetu de este puñado de valientes contó con varios liderazgos. Descolló un moreno de poco más de dos metros de altura, que se erigió en muralla y martillo. Su nombre Raúl Vilches, afilada arma que ingeniaba matices y dotaba a su equipo de vigorosas herramientas y soluciones en las diversas fases del juego.

Desde su posición de central inspiró a hombres de la talla de Idalberto Valdés, Ihosvany Hernández y Pavel Pimienta, quienes años después asumieron igual responsabilidad en la selección nacional.

Reseñan añejas publicaciones que cuando el desarrollo del pleito no acompañaba los sueños previstos, Vilches afloraba como disipador de tensiones y nudos emocionales. Su seguridad sobre la red y la eficacia de sus remates provocaban el derrumbe del adversario.

Es cierto que Leonel Marshall Steward, Victoriano Sarmientos, Ernesto Martínez, Víctor García, Carlos Salas, Jesús Savigne, Lorenzo Martínez, Diego Lapera, Antonio Rodríguez, Alfredo Figueredo y Jorge Pérez Vento se repartían actuaciones exquisitas, pero Vilches, con su poder absorbente, hipnotizaba a los espectadores, intimidaba a los contrarios y favorablemente condicionaba a sus compañeros.

Su catálogo de triunfos no solo recorrió la cita olímpica de Montreal y la de Moscú en 1980. Incursionó también en cuatro campeonatos mundiales, seis Juegos Centroamericanos  y del Caribe e igual cantidad de citas Panamericanas.

En 1981, aferrado a su ideal de perseguir el acierto, sacó a bailar a la gloria en el plano individual.  En la Copa del Mundo de Japón, donde Cuba ocupó el segundo lugar fue escogido el mejor atacador.

La mayor isla del Caribe ha cincelado un puñado de voleibolistas, que han sido santo y seña de múltiples conquistas. En ese grupo descolló un talismán, un mago de la calidad, capaz de cambiar la suerte de los suyos con un sólido remate o un certero bloqueo. Su nombre vale la pena repetirlo: Raúl Vilches. La mole de poco más de dos metros, que sus rivales conocían como la muralla.

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