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Palma Soriano, una batalla sin par

El 27 de diciembre de 1958, con la toma de Palma Soriano por el Ejército Rebelde, quedó expedito el camino hacia Santiago de Cuba

Por: Pilar Quesada González

La batalla de Guisa, que tuvo lugar entre el 20 y el 30 de noviembre de 1958, marcó el inicio de una gran ofensiva que lanzó el Ejército Rebelde contra poderosas agrupaciones militares que había concentrado la tiranía en la provincia de Oriente con el fin de desarticular a las tropas revolucionarias.

 

A partir de ese momento se fueron liberando pueblos y ciudades en todo el territorio, así como en otras localidades a nivel nacional.

Como parte de esta ofensiva, el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, Fidel Castro Ruz, ordenó el ataque a la ciudad de Palma Soriano con el propósito de liberarla y dejar expedito el camino hacia la capital provincial donde, según su plan estratégico, debía librarse la batalla definitiva contra el oprobioso régimen.

El enemigo ocupaba seis posiciones en aquella ciudad, las cuales debían ser rodeadas y neutralizadas por los rebeldes. Estas eran el aeropuerto, el central Palma, la estación de policía, el hotel, el cuartel y los almacenes del Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (Banfaic).

Para impartir las órdenes precisas, el Comandante en Jefe convocó una reunión en el central América, a la que asistieron los jefes de las distintas agrupaciones que debían ejecutar las operaciones, pertenecientes principalmente al Tercer Frente Mario Muñoz, reforzadas por fuerzas del Primer y Segundo Frentes, con armas tales como cañones 21 y 81 milímetros, y bazucas.

En dicha reunión ordenó al comandante Guillermo García Frías posicionarse en las proximidades de una pista de aterrizaje, aledaña al central y al cuartel de Palma Soriano, con el objetivo de capturar al jefe de la plaza militar, quien diariamente aterrizaba en aquel lugar, procedente de Santiago de Cuba, y era recibido por un pelotón de soldados que allí lo esperaba.

Para esta misión García Frías recibió el refuerzo de una ametralladora calibre 50 y dos morteros del Primer Frente José Martí.

Asimismo ordenó al capitán Universo Sánchez Álvarez ubicar una emboscada entre la pista y el cuartel, de manera que, al producirse la acción anterior, ellos impidieran el avance de cualquier refuerzo que intentaran enviar desde el enclave militar. El objetivo de esta acción era propiciar un golpe psicológico que facilitara el posterior avance rebelde.

Al comandante Vitalio Acuña Núñez, reforzado por efectivos bajo el mando del capitán Diocles Torralba González, y apoyado por una bazuca, le ordenó penetrar por el sector oeste del poblado y hostigar la estación de policía, de modo que impidiera la salida de sus efectivos de aquel local. Finalmente debía cerrar el cerco por el sur, respaldado con una agrupación bajo el mando del capitán Filiberto Olivera Moya, procedente del Segundo Frente Frank País, quien entraría por el sector este.

Por encontrarse el Comandante en Jefe dirigiendo el cerco a una agrupación enemiga en el poblado de Maffo, indicó al comandante Juan Almeida Bosque, jefe del Tercer Frente Mario Muñoz, asumir el mando directo de las acciones en Palma, para la cual, por vez primera, se unieron fuerzas del Primero, Segundo y Tercer Frentes, independientemente de que Fidel Castro estuvo de manera directa vinculado a esta acción, conjuntamente con la de Maffo, para lo cual mandaba a buscar a los jefes de las pequeñas agrupaciones, visitaba las posiciones y puntualizaba las órdenes impartidas.

Los combates se desarrollaron impetuosamente. Comenzaron a las dos y media de la madrugada del 23 de diciembre, cuando todas las unidades implicadas en la batalla ocuparon sus correspondientes posiciones y empezó el ataque a la estación de policía. Simultáneamente el comandante Guillermo García y el capitán Universo Sánchez tomaron sus respectivos puestos en zonas aledañas a la pista de aterrizaje.

La captura del jefe de la plaza militar, que debía aterrizar en el lugar, se vio frustrada al escapársele un tiro a un combatiente, lo cual alertó al piloto de la nave, quien ya realizaba maniobras de descenso, y de inmediato remontó el vuelo; no obstante, el pelotón que esperaba el arribo del alto oficial tuvo un encuentro con los rebeldes, quienes les ocasionaron seis muertos y tres prisioneros, además de ocuparles 11 armas. Los soldados restantes corrieron en desbandada hacia el cuartel donde permanecieron, cercados por los rebeldes, hasta la mañana del día 25, cuando decidieron rendirse.

Simultáneamente las fuerzas atrincheradas en la estación de policía, el ayuntamiento y las azoteas de los edificios Mestre y Sariol, continuaron hostigadas hasta que los revolucionarios lograron desalojar de allí a sus ocupantes. Estos últimos se refugiaron en una inmensa nave de los almacenes Casas y Compañía, donde se hallaba atrincherada la compañía 104, bajo el mando del capitán Francisco Sierra Talavera.

Al conminarse la rendición, Sierra Talavera pidió parlamentar con el jefe del Ejército Rebelde y fue conducido a su presencia.

El 1.º de enero de 1959, tan pronto Fidel conoció la noticia de la huida del tirano se dirigió a Palma
Soriano desde donde habló al pueblo de Cuba a través de Radio Rebelde.

Fidel acordó con él los términos de la entrega y lo envió de nuevo junto a su tropa, que confraternizaba con los rebeldes, con lo que quedó materializada la capitulación, llevada a cabo a las 05:00 horas del día 27.

En total se capturaron 256 prisioneros, y se ocuparon 357 armas, de las cuales 227 eran fusiles Springfield, 66 ametralladoras, 21 carabinas M-1, 19 Garands, dos fusiles ametralladoras Browning, un fusil ametralladora Johnson, una ametralladora FAL, una ametralladora Jane, cuatro ametralladoras calibre 30, una ametralladora calibre 50, una bazuca 3.5 y 85 mil balas de diferentes calibres, cientos de cananas, mochilas más otros pertrechos.

La utilización de un mortero de 81 milímetros manejado por Aeropagito Montero Zayas y uno de 60 milímetros, en manos de Emilio Rodríguez Aldama, más la ametralladora calibre 50 de Fidel Vargas Vargas, todos pertenecientes al Primer Frente, además de la entrada en combate de una unidad del Segundo Frente, determinaron el éxito de la acción y pusieron de manifiesto la importancia de la unidad de las fuerzas revolucionarias en tan importante batalla.

El apoyo incondicional del pueblo palmero desempeñó un papel primordial en el desarrollo de las acciones combativas, pues, incluso, en las azoteas de sus viviendas se ubicaron los combatientes revolucionarios para hostigar las distintas posiciones enemigas.

A partir de Palma Soriano, liberada definitivamente el 27 de diciembre, quedaron listas las condiciones político-militares para marchar sobre Santiago de Cuba.

Los combates victoriosos que se sucedían a lo largo y ancho del país llevaron a la victoria definitiva del 1 de enero de 1959. Largo y tortuoso había sido el camino, pero un mundo luminoso se abría al pueblo cubano, un mundo de paz, justicia e igualdad conquistado con el sacrificio y la sangre de sus mejores hijos.

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