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La impronta que Bolsonaro no podrá borrar

“Yo fui ubicada en un municipio del interior de Sao Paolo, llamado Sudmennucci, de unos 7 mil 200 habitantes, que se encuentra a ocho horas por carretera de la capital de ese estado brasileño. Era la única doctora del Programa Más Médicos ubicada en esa zona”.

 

.- La doctora Anni en su hogar del reparto Aguilera, en Las Tunas. Fotos: Ángel Chimeno Pérez

 

La especialista tunera en Medicina General Integral Anni del Carmen Hechavarría hace el relato desde su hogar: “me encantó regresar, pero mis pensamientos a veces vuelven al encuentro con esas personas humildes que me aceptaron como a una hija. También fue buena la acogida brindada por las autoridades de Salud y la Prefectura.

“Yo vivía en la comunidad donde trabajaba. Establecí una relación normal y muy próxima con los pacientes, a veces me parecía que estaba aquí, porque las personas son muy tratables y las costumbres  parecidas. Yo me sentía querida y al mismo tiempo muy necesitada por ellos.

“Allí el 95% de la población es pobre. La única fuente es un central azucarero que no tiene capacidad para dar trabajo a todo el mundo y cuando para la zafra la gente queda en tiempo muerto.

Siembra de amor y salud

La sonrisa del Agradecimiento. Foto: Cortesía de la entervistada

Relata que en ese municipio hay quienes no acuden al sistema de asistencia primaria de salud, “porque tienen dinero y sus médicos particulares, pero ellos son minoría. Allí yo consultaba diariamente como promedio de 32 a 36 pacientes”, dice en un tono melancólico, pensando en el  desamparo actual de ellos.

“En mi área tuvimos el caso de una señora de 56 años de edad con diagnóstico de cáncer de mamá. A ella el médico privado que le daba seguimiento la envió para la casa con dictamen en estado terminal. La enfermera y yo fuimos a verla y nos percatamos de su extrema depresión. Entonces le orientamos el tratamiento acostumbrado aquí y en la tercera visita la encontramos haciendo limpieza general de la vivienda. Nos contó que había ido manejando a otro municipio, distante, y solo atiné a decirle, ´si alguien le pregunta por  su enfermedad diga que usted está sana´. ¡Su alegría era inmensa!”

Esa es solo una de las numerosas anécdotas que ilustran el enfoque humanista y ético del desempeño  de los galenos cubanos: “eso  me pasó a mí, pero cuando me comunicaba con colegas ubicados en otras zonas me contaban muchos relatos similares”, enfatiza la especialista.

El desamparo, la otra huella

“Yo no sé cómo van a solucionar esta situación, en ese lugar  tienen una Santa Casa, como ellos la llaman, un hospital de socorro o centro de pronto atendimiento,  pero  allí les  tratan los síntomas, no sus causas.

“El gobierno no puede  dar una respuesta  rápida al problema creado, por el irreverente comportamiento del presidente electo, y con la salida de Cuba del programa se hace todavía más tensa, porque eleva el déficit a más de 9 mil especialistas.

“Ya los prefectos se quejaron y su Federación hizo una carta, porque ellos  estaban reclamando desde hace mucho tiempo esos mil 600 médicos para extender las atenciones de salud. Ahora esa población queda muy vulnerable y sin el cariño que les dispensaban los galenos cubanos

En el aeropuerto…

Cuando llegamos al aeropuerto habían muchos carteles que daban ¡Vivas a Cuba!, ¡Vivas al programa Más médicos! y, un grupo de personas gritaba consignas: ¡Cuba sí, él no (Bolsonaro)!

“Entre ellos distingo a un hombre de unos 40 años con bata blanca. Él se acercó y me preguntó en buen español que de qué parte de Cuba era y le dije de Las Tunas, y me contó: ´Yo me formé en Cuba, en Camagüey, y conozco Las Tunas porque fui a ver juegos de pelota.

“Me comentó que él es parte de un grupo de 40 profesionales formados  aquí y que se mantienen muy unidos gracias a lo aprendido acá y que cuando hicieron la reválida ellos fueron los de mejores resultados. Sobran los comentarios”, remarca la doctora Anni.

Epílogo

Esas huellas de amor sembradas y cultivadas por los médicos cubanos, y el desamparo en que quedan sumidos los humildes, que son en definitiva los más vulnerables, es la impronta que Jair Bolsonaro no podrá borrar.

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