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Islazul y sus complejos

Por: Juanita Perdomo, Betty Beatón y José Luis Martínez Alejo

Coherente con las transformaciones impulsadas por el país, el Grupo Empresarial Hotelero Islazul decidió apostar por la extensión de la estructura administrativa de los complejos, consistente en la asociación de dos o más instalaciones que fungirían como unidades empresariales de base (UEB).

Potenciar la actividad comercial y reducir improductivas plantillas, determinó la fórmula en busca de apuntalar la eficiencia. A diferencia de otras cadenas del Ministerio de Turismo (MINTUR), aquí la mayoría de los hoteles se agruparon en complejos.

El complejo hotel Morón-San Fernando, de Ciego de Ávila, acumula pérdidas económicas, un problema que afecta a algunas UEB. | foto: José Luis Martínez Alejo

El modelo, que eliminó casi todas las empresas provinciales, conectó de manera vertical a las UEB con la Osde de Islazul, la Organización Superior de Dirección Empresarial.

A unos años de su materialización, se cuestiona la pertinencia de una iniciativa que sacudió la vida de los colectivos laborales. Al parecer, continúa virgen la resistencia a un cambio que unió en lo físico, no en los sentimientos. Se sigue hablando de mi hotel, no de mi complejo. Será porque “el sentido de pertenencia” no se hospeda aún en la estructura. Será porque “la gente no se reconoce en ella”, confiesa con la voz cansada Sonia Amable Mustelier, del hotel San Juan.

Oyéndola hablar, llega muy legible el recuerdo de su intervención en el balance anual del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Hotelería y el Turismo (SNTHT). En aquel marzo del 2017, ella había dicho que la estructura es insostenible. “Y lo mantengo. Los complejos son niños enfermos que no podrán salvarse”.

En los últimos meses el debate sobre el controversial tópico subió de perfil con el proceso de la Segunda Conferencia del SNTHT.

La recurrencia de los reclamos se entronca con fuerza en la centralización de la Osde, en La Habana. Allí suelen determinarse contrataciones, la comercialización, entre otras decisiones.

Demora en la restructuración de unos precios, afectaron las ventas veraniegas del Aparthotel Azul, justo la etapa donde generan sus mayores ingresos, rezonga el director avileño Yovani Hernández.

“Está demostrado que la falta de autonomía en los hoteles impacta en los resultados generales”, resume Alys García Hernández, delegada de Islazul en Ciego de Ávila, provincia marcada por las mermas económicas. El Morón-San Fernando cerró septiembre con más pérdidas en su moneda total que las que acumuló en el 2017.

A otros territorios también viaja el negativo saldo. En Acuazul-Club Karey-Punta Blanca, Varadero, a Rolando Bueno y Rigoberto Echarte, dirigentes sindicales, el asunto les inquieta. Y es lógico. Con un panorama así, imposible que el salario engorde.

Pobres saldos, pobres salarios

Al término del primer semestre del año, el salario de los empleados en Islazul promedió 418 pesos.

La Resolución 6 (R6) para los hoteles que cobran en efectivo (convencionales), la compensación del 2 % de las utilidades en los Todo Incluido, y el pago del estímulo por la eficiencia, son las tres vías para abultar carteras y bolsillos en Islazul.

En hoteles como el santiaguero San Juan, celebraciones de 15 años, de bodas, la preferencia de las empresas por el sitio, y artistas de gira que eligen hospedarse allí, salvan sus finanzas. Así y todo, no se recuerda la última vez que vieron un peso por encima del salario.

No obstante los sobrecumplimientos de Villa Artística, no siempre les pagan por los resultados. Su homólogo, el Canimao, no aporta en igual proporción, y ello disminuye o limita la sistematicidad de las erogaciones.

Los bajos salarios es preocupación constante entre los trabajadores. | foto: Noryis

Como regla, los complejos amarraron la distribución al cumplimiento de todas sus unidades. No basta con que una cumpla, “algo injusto por privar a los trabajadores del derecho de recibir pagos según sus aportes”, señala la matancera Marta Yarisleydis Torriente Sánchez.

La concepción desestimula a los afiliados y atenta contra la efectividad de la representación sindical, coinciden los entrevistados. Sin embargo, Víctor Soto Bell, miembro del Secretariado Nacional del SNTHT, sugiere elevar la exigencia en la base. “La organización debe asegurarse de la justeza de los reglamentos de distribución. Ahí se gana la partida”, afirma. Lo otro, argumenta, es establecerlo en los convenios colectivos de trabajo. En predios avileños, donde el salario medio cerró septiembre en 367 pesos con 80 centavos, la delegada de Islazul es una convencida de que aún abundan reservas de eficiencia en pos de incrementar los ingresos, y de gestionar mejor los costos y los gastos.

Aunque con ella concuerda el santiaguero César Ulises Larrea Rodríguez, especialista principal de Economía en Las Américas-Rancho Club-San Juan, a él le preocupa la persistencia de errores asociados a la planificación. “Los planes no siempre son objetivos, alcanzables, y por ahí comienza a torpedearse la Resolución 6, que mide el crecimiento de los ingresos de una etapa comparada con su precedente”.

Dalia Coca, de ese mismo complejo, recuerda que “hicimos un estudio, una propuesta de alternativa que pudiera generar ingresos para la entidad y los trabajadores… Nunca recibimos respuesta”, se queja. En ese complejo el salario medio de octubre promedió 331 pesos.

Si esa realidad afecta a los hoteles del llamado sistema convencional, a los Todo Incluido tampoco les va bien. Ellos, exceptuados de la aplicación de la R6, están obligados a generar utilidades en CUC, para, de ahí, repartir el 2 % de esas ganancias.

Según las estadísticas manejadas en el SNTHT, al término de septiembre, solo se había beneficiado el 36,7 % de los 776 trabajadores del sistema Todo Incluido. El pago, efectuado solamente en dos ocasiones, promedió 7,12 CUC.

Hasta donde pudimos averiguar, los complejos no pagan el estímulo por la eficiencia económica, el llamado mes 13, impedimento que agrava la percepción de cobrar muy poco en una cadena donde decaída anda su longeva población laboral.

Luego de casi 40 años como capitán de servicio gastronómico en el hotel Morón, el avileño Luis Pérez Benavides presume retirarse con 200 y pico de pesos, cantidad que es posible reciba también Virgen Silega, del santiaguero hotel San Juan. “Ya presenté la jubilación y sé que será muy poco mi paga”, dice con tono apesadumbrado.

En la propia instalación, el cocinero Alexis Tamayo sonríe para no llorar, diría cualquiera. El hombre, que ha devuelto los miles de pesos que se ha encontrado en 43 años de labor en el MINTUR, se pregunta: ¿Y la mía, de cuánto será mi chequera?

En contra de la fórmula

En el camino de su implementación algunos factores se ubicaron del lado contrario y juegan en contra de esta fórmula. La exclusión de puestos claves en economía, calidad o en el control de los portadores energéticos, se dice que no fue inteligente.

Dejar menos camareras en el San Juan incrementó la carga de estas empleadas santiagueras. Hoy, la situación es otra, “se lo debemos al sindicato del hotel, que echó la pelea y la ganó”, refiere satisfecha Yanet Pérez, jefa de brigada.

A juicio de la indómita Inalvis Ayarde Guevara, secretaria general del Buró Provincial la estructura debilitó el control interno, puerta por donde se cuelan los delitos.

Desaguisados en la política de cuadros se anota en la relación de inconvenientes. Siete directores han pasado por el matancero Club Karey en los últimos tres años, lo atestigua Filiberto Valencia Saldiña, uno de los secretarios del núcleo del PCC.

A la estructura también la daña la distancia entre los establecimientos de un mismo complejo. La carencia de transporte agrava la situación.

Más de 40 km entre Villa Artística, en Cárdenas, y el Canimao, en Matanzas, es mucho; igual que entre Costa Morena y La Gran Piedra, en Santiago de Cuba, separación que al decir del matancero Rigoberto Echarte, “aleja la atención directa al personal, el factor humano se afecta. Queda muy lejos quien decide”.

En predios yumurinos, el funcionamiento sindical también se reciente con tanta lejanía, dificultad acentuada por la inexistencia de una organización parecida a la estructura de los complejos.

A criterio de la matancera Marta Yarisleydis Torriente Sánchez, miembro del Buró Provincial del SNTHT, un asunto que desde su concepción misma compromete las finanzas radica en que “la dirección de los complejos absorbe el 10 % de los ingresos de cada una de sus entidades. No se le concibió presupuesto, y hay que solventarle los gastos”.

La otra cara de los complejos

Maité Pereira Conde, secretaria general del Buró Provincial del SNTHT en tierra espirituana, considera que las mejores luces brillan en el Plaza-Rijo, hotel este último premiado en el exigente movimiento emulativo de Líder de la Calidad.

Su homóloga tunera, Maribel Rivera Ordóñez, afirma que aunque la provincia no es precisamente un emporio turístico, allí se conspira para que cualquier centro sea de excelencia.

El complejo Islazul lo es, afirma, en referencia a Las Tunas-Cadillac, el dueto que la directora Odalmis Martín Hidalgo y su equipo logró sacar de la pérdida económica, y hoy exhibe, con legítimo orgullo, la Condición de Vanguardia Nacional por los tres últimos años.

Unos siete km separan los dos establecimientos. El secreto está, dice, Odalmis, en convertir lo particular en especial, en ofrecer en un hotel, lo que el otro no brinda, complementarlos, para que se parezcan a lo que son, a lo que vende la promoción.

Con dos auditorías satisfactorias, la fortaleza de Las Tunas- Cadillac está en el “amor a la tarea sembrada en los trabajadores y en la estabilidad de los cuadros y del consejo de dirección, férreo en la postura de cerrar cualquier causa que provoque delitos. Todo no está logrado, pero avanzamos”.

El Royalton Bayamo es una de las joyas de la hotelería en Granma. Este líder de la calidad es también poseedor del reconocimiento Por las Sendas del Triunfo. ¿Por qué en unos complejos sí y en otros no? “La calidad y capacidad de los cuadros, eso marca la diferencia”, sentencia el secretario general del SNTHT, Víctor Lemagne Sánchez.

Tan óptimas señales no esconden la realidad. Los complejos no han reportado los objetivos que inspiraron su masificación en Islazul, presume el santiaguero César Ulises Larrea Rodríguez.

Hoy, se dice, la estructura será modificada. La pérdida de autonomía en la base, “limita la participación de los afiliados en la toma de las principales decisiones, algo que atenta contra el propósito de lograr mejor gestión económica…”, apunta Víctor Soto Bell, miembro del Secretariado Nacional del SNTHT.

En las sesiones finales de la Segunda Conferencia del SNTHT, del 16 al 17 de esta semana, quizás se arroje más luz sobre un asunto que sigue sacudiendo la vida de no pocos colectivos laborales.

Por lo pronto, coinciden entrevistados, la temporada de alza turística se presenta como la mejor oportunidad de seguir apostando por un turismo que rinda igual a sus potencialidades. Un propósito al que, con complejos o sin ellos, Islazul deberá tributar.

 

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