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Jornada de la Canción Política: abran paso que traigo una guitarra

De tantos consabidores hacia lo largo y ancho del archipiélago y por sus aportes al progreso de la trova contemporánea, la Jornada de la Canción Política anda ya entre los eventos más respetados de su tipo en el país. Desde los consagrados al género entre ellos Augusto Blanca, Pepe Ordaz, Eduardo Sosa, Heidi Igualada o Martha Campos hasta los más jóvenes en esa reputada cumbre, como es el caso de “La Trovuntivitis”, insisten en reverenciar cada año en Guantánamo, del primero al cuatro de agosto, los días de canto comprometido.

Discurrida hace mucho tiempo, en si los cantores que en ella se presentan defienden temas políticos o no, la jornada tributa a los mártires locales de una fábrica clandestina de bombas al servicio del movimiento 26 de julio, cuyo estallido accidental segó la vida de seis jóvenes patriotas y cuyas memorias robustecen, animan… y encandilan invitados de todas partes.

Esta vez son más de 30 con acervo y nombre propios, entre ellos:  el grupo Moncada, Rolo Rivera de Cienfuegos, el ilustre Alberto Tosca, y los novísimos Erick Sánchez, Rey Montalvo, Yaima Orozco, Miguel Ángel De la Rosa,  y Michel Portela. Todos en franco contubernio con artistas de la plástica, de rap, reaggae y la música electroacústica, además de  escritores, poetas, investigadores  y periodistas de Villa Clara, Holguín, Santiago de Cuba y Las Tunas.

Debates en tono a la obra del Héroe Nacional de Cuba, José Martí y su figura entre la juventud que vive el aniversario 165 de su natalicio, así como intercambios en torno a los desafíos del trovador cubano hoy más allá de los circuitos mediáticos, tendrán las experiencias e indagaciones -muy esperadas, por cierto- del historiador, Premio Nacional de Ciencias Sociales, Pedro Pablo Rodríguez y del periodista y crítico Joaquín Borges Triana, respectivamente.

La ocasión reserva también entre sus móviles, el aniversario 35 de vida artística del insigne trovador local Josué Oliva, uno de los iniciadores de este fuego en los años 70, cantor de los versos más eclécticos del bardo guantanamero Regino Eladio Boti para la misma aldea,  que en disímiles poéticas salidas de este espacio ha pasado de ser  de “Villa Iris amada” a  una “ciudad Libélula”.

Quizás por eso, para muchos en la tierra del Guaso, la propuesta que lidera la Asociación Hermanos Saíz no tiene contendientes durante el verano, con fe de ello ya alistan sus interiores galerías de la ciudad, instituciones culturales, centros laborales y comunidades, que como es costumbre, recibirán a muchachos y muchachas dispuestos a mostrar lo que les une, bajo el acorde cómplice de una guitarra.

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