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IX Juegos: Jamaica salvó la historia con una justa modesta

Cartel oficial de los IX Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Cartel oficial de los IX Juegos Centroamericanos y del Caribe.

La novena edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe estuvo marcada por tropiezos desde que Puerto Rico presentó su imposibilidad de organizarlos dos días después de ser elegido en el propio enero de 1959, cuando ningún país había mostrado interés en acoger esa versión, de 1962.

Con mucha humildad y sin grandes recursos, Jamaica aceptó la sede, aunque en un congreso extraordinario en su propia capital, Kingston, en mayo de 1959 se aprobaron varias indicaciones referidas al abaratamiento de los Juegos, que incluían eliminación del Congreso Técnico y de fiestas innecesarias, la  reducción de dirigentes, asesores y jueces, así como transporte colectivo y menos personal en los Comité Organizadores, entre otras.

La edición (15 al 28 de Agosto de 1962) inauguró una nueva fase para estas citas regionales. Por vez primera un país de habla inglesa los acogía, en tanto la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe ODECABE, mucho más fortalecida desde su creación oficial en Chicago, 1959, contribuyó a demostrar que una nación pequeña y con escasos recursos podía ser sede de estas fiestas.

Dos países angloparlantes debutaron Bahamas y Barbados. Para Cuba esta lid significó su retorno tras su ausencia cuatro años atrás, y no todo sería de maravillas, dado el fuerte componente político que trataron de crear algunos mercenarios de la Revolución en la sede del certamen.

Respuesta cubana en el estadio Sabina Park

En medio de los éxitos galopantes que obtenía Cuba en esa novena versión no faltó la provocación de los apátridas que habían abandonado la Isla después del triunfo revolucionario de 1959. Todo para empañar el prestigio creciente de nuestro naciente movimiento deportivo.

Y escogieron mal el escenario para las mismas, pues en las tribunas del estadio beisbolero Sabina Park recibieron la respuesta de varios miembros de la delegación en medio de un partido de béisbol. Enérgico, firme y tan contundente resultó el enfrentamiento que en el resto del programa competitivo no se lanzaron a fabricar otro incidente.

Miguelina Cobián tuvo el honor de ser en aquella ocasión la primera sprinter cubana en ganar un título en el hectómetro; en tanto Hilda Ramírez, conocida como La Bambina triunfó en lanzamiento de jabalina, válido para iniciar un camino que la llevaría a concurrir a seis de estas citas —hasta 1982—, todo un récord para cualquier deportista.

Con doce coronas, cuatro de ellas en boxeo, Cuba marcó la huella de lo que muy pronto fuera una realidad: comandar por países la tabla de medallas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Ocho años después lo conseguiría con determinación y pujanza.

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