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Un encuentro nocturno entre la música y la justicia

Por Roly Ávalos Díaz

El XI Encuentro Internacional Justicia y Derecho 2018, que comenzó en horas de la mañana del 23 de mayo, en el Palacio de Convenciones de La Habana, y en el que participan varias delegaciones de profesionales cubanos y de otros países del sector jurídico, tuvo una gala de bienvenida esa misma noche, en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

En el escenario los músicos de Pancho Amat y su Cabildo del Son, momento de gratos ritmos autóctonos.

“La igualdad de acceso a la cultura figura como otra conquista de la justicia verdadera”, escribió Abel Acosta, viceministro de Cultura, según podía leerse en las palabras que figuraban en el programa del evento. “El espectáculo que con infinito cariño hemos preparado para ustedes, es solo una muestra de lo que nuestro pueblo ha logrado con justicia e igualdad. ¡Que lo disfruten!”.

Por su parte, Rubén Remigio Ferro, presidente del Tribunal Supremo Popular, se mostró honrado de tan concurrida convocatoria y agradeció a los participantes leyendo un pequeño discurso, antes de que se escuchara el primer acorde de la gala, que se inició con temas de la autoría de José Luis Cortés, Premio Nacional de Música 2017, y Zeguiña Abreu. A través del conjunto de flautas de la Camerata Cortés, dirigido por el maestro Antonio Pedroso, se deleitó a los presentes con una sonoridad que conjugaba equilibrio, frescura y ritmos de lo mejor de nuestras tradiciones musicales.

Igual sabor cubano imprimió la Orquesta de Cámara de La Habana, muy aplaudida luego de la interpretación de Pan con timba, de Aldo López-Gavilán, y Tócame un mambo, de José Víctor Gavilondo.

Un salto hacia el jazz propuso Alejandro Falcón y Cubadentro. Piano, bajo eléctrico, tumbadora y batería hicieron vibrar las paredes y lunetas del teatro con el electrizante Caribeña y Danzando entre puentes, ambas compuestas por el líder de la banda.

De los segmentos más ovacionados fue el del argentino Rodrigo Sosa y la Quenística, cuyo virtuosismo con el instrumento de la quena sorprendieron y maravillaron. Rodrigo Sosa, además, lució una proyección escénica con un baile paralelo a los ritmos que prodigaba, y secundado por un grupo con un formato musical semejante.

Inesperadas y no programadas aparecieron en escena las muchachas de Habana Compás Dance, sincronizando en sus coreografías danzas españolas con percusión cubana. Elegancia, fuerza, colorido, magia, teatralidad, fiesta de la expresión corporal que agradecieron con creces los ojos y las palmadas del público.

Lentamente, y uno a uno, ocuparon su lugar en el escenario los músicos de Pancho Amat y su Cabildo del Son, momento de gratos ritmos autóctonos. El Rápido de Güira de Melena, con su inseparable tres y la clásica maestría de su ejecución, hizo sonar su bailable Ajiaco. Acto seguido el también Premio Nacional de Música invitó a los espectadores a participar a coro con la historia de Un bongosero en Nueva Orleans, canción salpicada de notas de jazz y aires norteños.

El plato fuerte del programa de esta Gala Homenaje de la Cultura a la Justicia fue el grupo Yoruba Andabo, que a golpe de tambor, rumba y guaguancó interpretó El callejón de los rumberos. Por una pata izquierda y otra derecha del escenario entraron otros integrantes y le sumaron baile al canto. Con El necio, de Silvio Rodríguez, continuaron y dieron paso al cierre. En medio del tema todos los asistentes al teatro se pusieron de pie bailando, coreando estribillos y formando un jolgorio gigantesco. El gran telón rojo de la sala García Lorca cerró mientras Yoruba Andabo invitaba a un coro que repetía: “¡Qué viva Fidel!”

De esta manera concluyó el espectáculo dirigido por Efraín Sabás, un botón de muestra de lo que es nuestro arte musical cubano, su alcance y grandeza. Así se le rindió homenaje “a las instituciones de la justicia que en todo el planeta luchan cada día por construir sociedades que apuestan por la libertad y el crecimiento del ser humano”, según lo corroboraron las palabras de Abel Acosta.

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