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Iraq, un giro en el ámbito político

Muqtada Al Sadr
Muqtada Al Sadr

La victoria en las elecciones parlamentarias en Iraq de la heterogénea coalición —incluye al Partido Comunista— lidereada por el popular clérigo de confesión chiíta Muqtada Al Sadr, introduce un notable cambio en la correlación de fuerzas y en el panorama político iraquí.

El triunfo de esta formación tendrá una gran preeminencia en las negociaciones para la formación del nuevo Gobierno y la elección del primer ministro de la nación árabe, las cuales deberán completarse en 90 días.

La alianza Revolucionarios por la Reforma de Al Sadr obtuvo 54 de los 329 diputados del Hemiciclo y 1,5 millones de sufragios, cifras  confirmadas por la comisión electoral, ente que demoró una semana en dar a conocer los resultados, tras el recuento solicitado por partidos kurdos.

La coalición Al Fatah, de Hadi al Amiri, y la unión Al Nasr, del actual primer ministro, el también chiíta Haidar Al Abadi, obtuvieron 47 y 42 escaños respectivamente, mientras la alianza Estado de ley, del anterior premier Nuri Al Maliki, consiguió 26 diputados.

El resto de los representantes en el Parlamento se distribuyó entre otras organizaciones políticas, entre las que figuran, con 25 diputados en esa región autónoma, el gobernante Partido Democrático del Kurdistán, la Unión Patriótica del Kurdistán con 18 y la del chií Ayad Allawi, ex vicepresidente de Iraq con 12.

La fragmentación interna de coaliciones, bloques y alianzas  que conformarán el nuevo Hemiciclo auguran una ardua tarea en la formación del Ejecutivo, en el que según analistas, Teherán pudiera ejercer una marcada influencia.

Muqtada al Sadr, prestigioso religioso e influyente político que no ha ocupado con anterioridad cargo alguno en el Gobierno iraquí, basó su campaña electoral en la necesidad de una batalla contra la corrupción generalizada, reformas institucionales y eliminación del sectarismo. Se pronuncia, además, por un Gobierno en el que estén representadas las distintas fuerzas políticas del país.

Al Sadr, de 42 años, es acérrimo adversario del Gobierno de Estados Unidos al que sus milicias combatieron durante la invasión de las tropas norteamericanas a Iraq en el año 2003, y que exige la retirada del remanente de sus asesores militares.

En los últimos años, el líder Muqtada ha enfrentado también a las hordas terroristas del denominado Estado Islámico, de alegada confesión sunita, que intentaron implantar en Mosul un fallido califato y fueron obligadas a la huir en desbandada en el año 2017.

De igual modo considera al Estado sionista de Israel como un enemigo común de los pueblos árabes y condena sus agresiones a Palestina y la decisión de Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital israelí y trasladar la embajada norteamericana a la Ciudad Santa.

No por gusto su victoria ha sido recibida con desagrado por Washington, que ve en esta la posibilidad de la pérdida de parte de su influencia e injerencia en Iraq; una relación más directa con Irán, que puede extender por el Oriente Medio, y una potencial amenaza a sus intereses económicos, fundamentalmente el petróleo.

En opinión de especialistas, la defensa de los objetivos estratégicos de Estados Unidos en la región conducirán a mayores presiones sobre Bagdad con el fin de neutralizar el avance de Al Sadr y una de las vías podría ser obstaculizar que logre conformar un Parlamento que no le sea hostil.

Este propósito burlaría el repudio de la población iraquí a la presencia militar estadounidense que ha sido víctima de una injusta, ilegal e inmoral guerra que ha cobrado la vida de 1 millón de civiles, mientras dos millones 2 millones se han visto forzados a buscar refugio en países vecinos.

Quince años después de la invasión a Iraq, persisten las secuelas de la enorme devastación causada, la destrucción de las infraestructuras económicas, el empobrecimiento de una población que disfrutaba de un alto nivel de vida, el desempleo, a división sectaria y confrontación entre las confecciones religiosas, la inseguridad, los actos de violencia y terrorismo, y la falta de un gobierno central de mayoritario apoyo popular.

En este panorama son muchas las expectativas de cuánto podrán influir en la vida nacional, los cambios políticos, económicos y sociales que se estiman traerán aparejados el triunfo de la coalición de Al Sadr en las elecciones legislativas, las primeras celebradas después de la derrota el Estado Islámico.

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