Icono del sitio Trabajadores

Maternidad: acto de amor

El contacto temprano piel a piel es probablemente uno de los períodos más sensibles que experimenta la madre del bebé prematuro. Foto: René Pérez Massola
Foto: René Pérez Massola

No importa si La Biblia le vaticina “parirás con dolor”; o si la ciencia le asegura que sentirá como si 20 huesos del cuerpo se le quebrasen a la vez; o si, con pelos y señales y de carretilla, la prima le repasa el nacimiento de su niña, que-asomó-la-cabeza-a-base-de-espátulas, después-de-seis-horas-en-el-salón- y cómo-cuándo-para-porque…

No importa que la tía le adelante que “los hijos son lindos pero dan un trabajo que tú no te imaginas” y que, “a según se estiran, aumentan los dolores de cabeza, porque hijo chiquito, problema chiquito, pero hijo grande…”.

No importa si las amigas experimentadas en el arte de la maternidad le recomiendan que se vaya desprendiendo de los pequeños placeres de la vida, como series y lecturas nocturnas, noches románticas, sábados de fiesta, carnavales y modas que promueven el abdomen afuera.

No importa si dentro de poco será un reto mantenerse limpia y llena a la vez, o si la cervical se le convertirá en el talón de Aquiles, o si el desespero encontrará la cima, y el dique contenedor de lágrimas, tan fuerte siempre, cederá ante cualquier síntoma de malestar de la criatura.

Nada importa. Ella quiere conocer la historia de primera mano. Y allá va, hecha una “bola” de esperanzas, dispuesta a soportar hasta 57 unidades de dolor, de las 45 que puede resistir el cuerpo humano. Con una mano sobre la barriga espanta el temor y su mundo interior se inunda de fuerzas para darle paso a un ángel. Ahora sabe lo que es conjugar el verbo amar en todos los modos y los tiempos, más allá de los libros de gramática.

Compartir...
Salir de la versión móvil