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La Nakba: El terrorismo israelí

El nacimiento y la expansión de Israel estarán siempre marcados por el signo de la bestialidad y el genocidio perpetrado en Palestina.

Setenta años después de su proclamación, el 14 de mayo de 1948, el Estado hebreo continúa su sistemática labor de exterminio de la población palestina.

La nefasta Resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas, que en noviembre de 1947 determinó la arbitraria partición de Palestina en dos Estados —de los cuales el mayoritario árabe no llegó a materializarse —propició la limpieza étnica que los ideólogos  de la ultraderechista  doctrina del sionismo concibieron y ejecutaron mediante el denominado Plan Dalet.

La Nakba (catástrofe en árabe), iniciada por Israel un día después y aún antes de su proclamación, constituyó la génesis de la expulsión en l947-1949 de más de 800 mil palestinos, obligados por las masacres y la represión a huir hacia países árabes vecinos, cuyo número se estima hoy en cerca de 7 millones de refugiados.

En la horrible matanza de la aldea de Deir Yassin, realizada el 9 de abril de 1948, por las bandas paramilitares de la Hagana y el grupo   terrorista Irgun, comandada por Menagem Beguin, años después primer ministro, fueron asesinadas 254 personas, incluyendo mujeres, niños y ancianos. Esta, como más tarde la de Sabra y Chatila, mostraron al mundo el carácter brutal y racista del régimen Estado sionista.

A esa masacre siguió la destrucción de 531 poblados y aldeas, y el destierro masivo de sus habitantes, lo que conformaría el drama de los  refugiados palestinos dispersos por el mundo.

Acerca de la limpieza étnica palestina, David Ben Gurión, judío nacido en Polonia, fundador y primer ministro por varios años de Israel, proclamaba ya en 1938: “Soy partidario del traslado forzoso, no veo nada de inmoral en él”, mientras Golda Meir, que fuera primera ministra del Estado, declaraba en junio de 1969 al Sunday Times: “No existe el pueblo palestino, los palestinos no existen. ¿Cómo vamos a devolver los territorios ocupados? No hay nadie a quien devolvérselos. No hay tal cosa llamada palestinos”.

Ambas, cínicas expresiones de la discriminación y el odio racial,  son aplicadas por la política sionista en contra de las naciones árabes.

Desde la primera guerra árabe-israelí (1948-1949), la historia de Israel, fiel aliado y principal gendarme de Estados Unidos en el Oriente Medio, es la historia de continúas contiendas bélicas, ataques armados y agresiones dedicadas a expandir y colonizar los territorios más allá del que le fueron conferidos por la ONU.

En ese conflicto, perdido por los países árabes, Tel Aviv se anexó 6 mil 600 kilómetros cuadrados del territorio destinado al Estado árabe palestino, mientras que en la guerra de1967, en que ocupó la península egipcia del Sinai, las alturas sirias  del Golán, Cisjordania, Jerusalén oriental y la Franja de Gaza, añadió a su superficie más de 60 mil kilómetros cuadrados.

En la actualidad los ilegales asentamientos de colonos judíos en Cisjordania y Jerusalén oriental se calculan en varios miles, con la constante destrucción de las viviendas y expulsión de sus genuinos moradores palestinos.

La represión en la Franja de Gaza, bloqueada por aire, mar y tierra, y asediada permanentemente por el ejército israelí, cobra también una gran cuota de vidas y heridos, en su mayoría jóvenes, entre el millón y medio de palestinos que la habitan en muy precarias condiciones.

Hoy en las cárceles sionistas se hacinan injustamente más de 6 mil 500 prisioneros políticos palestinos, incluyendo mujeres y niños.

En las pasadas semanas francotiradores del ejército israelí han asesinado a más de 50 de jóvenes palestinos participantes en la pacífica marcha del Derecho al Retorno conmemorativa de la Nakba y en reclamo a la constitución de su Estado independiente y soberano con Jerusalén oriental como capital y dentro de las fronteras de 1967.

Es paradójico que el único Estado creado por Naciones Unidas sea —amparado por el veto protector estadounidense— el más contumaz  violador de su Carta y de sus múltiples resoluciones, el mayor obstáculo para la solución de tan prolongado conflicto y un latente peligro para la paz y la seguridad en la región.

Con total impunidad, Israel tiende, además, sus tentáculos en el Oriente Medio y participa en las guerras y agresiones a otros países árabes como Siria, Líbano, Libia o Iraq, y amenaza a la República Islámica de Irán, sin prever que provocar una conflagración internacionalizada extendería sus llamas al Estado sionista, a un costo imposible de asumir por sus incendiarios instigadores.

 

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