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¿ Aulas sin dueños?

A golpes de inventiva y esfuerzo. Buscando, a veces, donde no hay. Creciendo. Pensando/creando alternativas. Esa es la “fórmula” con la que los pedagogos camagüeyanos han conseguido suplir durante otro curso escolar más, el gran déficit de maestros que presenta la provincia.

Se trata de un fenómeno que llega a todas las enseñanzas; nadie ha escapado y la carencia de docentes anda ya por los cerca de mil 750. Si se mirara fríamente el dato muchos pensarían que, si se necesitan un poco más de la décima parte de lo que la plantilla y la realidad exigen, una proporción del alumnado no tendría de quien aprender.

Un escenario así no cabe ni en las circunstancias más excepcionales. Mucho menos si se tiene presente que desde hace décadas la Revolución convirtió a la educación en un derecho inalienable de los cubanos, sin importar lugar de residencia o características personales. Por eso, y por su compromiso con la sociedad, los docentes agramontinos han ensayado múltiples alternativas para que ni un estudiante quede sin guía.

Entre las más habituales ha estado el incremento de la “carga docente” (siempre que sea factible), la reincorporación de jubilados del sector y la contratación de profesionales de diversas ramas, que sobre todo en la enseñanza técnico profesional han llegado para paliar las numerosas ausencias. Además, se han establecido mecanismos para que las madres al frente de las aulas tengan prioridad a la hora de los otorgamientos de nuevas plazas en los círculos infantiles.

No se trata de medidas ociosas. De acuerdo con datos oficiales, el 82,3% del claustro agramontino está integrado por mujeres, lo que significa que deben simultanear las exigencias del aula con la “doble jornada” en sus hogares y la atención a sus hijos o familiares enfermos.

Durante un intercambio reciente con la dirección provincial de la CTC en Camagüey, Clay Pérez Jiménez, subdirector de Educación en el territorio, apuntaba que a pesar de los esfuerzos, no debe  considerarse que el problema esté resuelto. En primer lugar, por lo envejecido de la masa profesoral (88,5% de los docentes tiene 45 años o más y el 9,2% más de 60); en segundo, porque el salario, entre otras cuestiones, no atrae al personal y muchos prefieren cambiar de sector (para cuando concluya el curso han solicitado la baja alrededor de 227 educadores); y en tercer lugar, que a pesar de la prioridad otorgada, todavía no se consigue el necesario relevo generacional.

Esto último se constata cuando comprobamos que de los miles de alumnos que se han graduado en la escuela pedagógica Nicolás Guillén de Camagüey, un poco más de 440 ya no están vinculados a la profesión.

Vivimos una etapa, como dijera Raúl Castro, en el que no podemos cometer errores, en el que debemos caminar de la mano para que todo nos salga bien.

Si los maestros se agobian de papeles y de constantes inspecciones  que cuestionan cualquier esfuerzo y quitan todo deseo de trabajo, ¿no será momento de revisarnos?

La formación vocacional debe mejorar y en muchos municipios agramontinos debe ser la primera preocupación, porque las alternativas no deben ser siempre la opción para resolver el déficit y el éxodo que sufre el sector educacional.

Los sindicatos camagüeyanos, se lo han puesto como tarea y buscan, a través del diálogo, respuestas a los porqué de las bajas; buscan sensibilizar, enamorar porque si no queremos ver aulas sin profes al frente, es hoy el momento de actuar, de prever y de evitar.

 

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