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Otra alfabetización

Uno de los temas sociales que de modo más vertiginoso evoluciona en estos momentos en Cuba es el empleo de las tecnologías de la comunicación, el acceso a Internet, a la telefonía móvil y la producción de programas o aplicaciones para tales soportes.

En la reciente Feria Internacional del Libro de La Habana no fueron pocas, por ejemplo, las opciones de multimedia y de diversos productos concebidos para interactuar desde otras plataformas tecnológicas. Siguen en crecimiento las zonas públicas del país donde las personas pueden acceder a Internet mediante redes inalámbricas o wifi, en salas de navegación, y pronto, desde los teléfonos móviles.

Impresiona esta gran popularidad del acceso al ciberespacio, a lo que ha contribuido también la disminución progresiva de la tarifa horaria, no obstante los altos precios que todavía tiene. Es innegable la avidez y la necesidad que nuestra ciudadanía tiene de insertarse en la llamada sociedad de la información y las comunicaciones. Los hechos, más que las palabras, han dado continuidad a la política expresa del Estado de avanzar hacia un proceso de expansión de estas nuevas tecnologías, lo cual determinará en gran medida las posibilidades de acceder e incrementar el desarrollo económico y social del país.

Nadie discute ya la trascendencia de la informatización para la sociedad, y hay mucha claridad sobre las numerosas fortalezas y asimismo las debilidades que tenemos para asumir ese proceso.

Nuestra llegada relativamente tardía a ese estadio de desarrollo social tendríamos que transformarlo entonces en un hecho positivo, al permitir preservarnos de cometer los errores y sufrir los sinsabores que nos enseña la hasta ahora bastante amplia experiencia internacional.

Lo ocurrido con el fenómeno de la wifi basta para percatarnos de las habilidades y capacidades que ya habíamos podido desarrollar de manera masiva entre la población. Personas de todas las edades interactúan con estas tecnologías y demuestran el deseo de saber y la voluntad de aprender, en una interacción que todavía para tantas personas responde a fines muy primarios de comunicación, pero donde igualmente ya hay otra parte que pudiéramos denominar clientes avanzados.

Como nueva alfabetización esta tiene además el rasgo muy característico de que la liderean infantes, adolescentes y jóvenes, quienes como norma poseen las mayores destrezas.

Para satisfacer a este grupo creciente y nada despreciable de personas con habilidades por encima del promedio, hay que intensificar la producción de contenidos y servicios que resulten no solo atractivos, sino sobre todo, útiles para quienes los utilizan.

No puede haber entidad, organización o grupo humano que permanezca al margen de este imperativo de los nuevos tiempos. En cada lugar debería existir una estrategia, un pensamiento sobre cómo impactar y resolver problemas específicos de cada campo de la producción y los servicios mediante el empleo de la informatización. Este tiene que ser un asunto cardinal en la mira de todos los organismos del sector público cubano.

Instituciones y ciudadanía todavía tienen mucho que interiorizar y proyectar para conseguir que verdaderamente la informatización conlleve beneficios concretos en el modo en que brindamos servicios, deliberamos sobre problemas públicos e interactuamos para la solución cotidiana de tareas individuales y colectivas.

Todo ello, además, sin una pizca de ingenuidad, pues resulta evidente que lo virtual no solo constituye un espacio de aprendizaje, solución de problemas prácticos y entretenimiento, sino al mismo tiempo de confrontación de ideas y enfrentamiento de poderes globales económicos y culturales muy desiguales.

La injerencista decisión del actual Gobierno de los Estados Unidos de crear contra Cuba una fuerza especial para Internet revela muy bien esas viejas intenciones que hoy afloran con más fuerza de tratar de subvertir, también por esta vía, nuestro orden constitucional, desmontar el socialismo y derrotar a la Revolución.

Frente a tales desafíos, únicamente el trabajo, la participación y la inteligencia plural nos permitirán apropiarnos de las tecnologías de la informática de un modo enriquecedor y seguro, que nos permita alcanzar mayores cotas de conocimiento, de participación ciudadana y de bienestar humano.

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