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“No cambio el cariño de mi pueblo por todos los premios del mundo”

Ayer domingo, Rosalía Palet Bonavia (Nueva York, Estados Unidos, 1923) —conocida en Cuba y en buena parte del mundo como Rosita Fornés— celebró su cumpleaños 95.

“Yo nací en los Estados Unidos, pero me crié y me formé en este país. ¡Yo soy cubana! Quiero mucho a España y a México, pero mi patria es Cuba”. | foto: Del autor

“¿Te imaginas? Son muchos años. Pero sigo aquí, feliz por todo lo que he vivido, rodeada por mi familia y mis amigos, agradecida siempre a ese público que no me ha olvidado nunca y al que le debo todo”.

La gran vedette de Cuba, una de las más talentosas y queridas artistas de nuestro país, es una figura esencial del teatro, la música, el cine, la radio y la televisión nacionales y de América Latina; ha recibido grandes homenajes y reconocimientos: Premio Nacional de Teatro en el 2001, Premio Nacional de Televisión en el 2004, Premio Nacional de Música en el 2005, Orden Félix Varela en el 2005, Orden del Mérito Civil de España, otorgado por el Rey Juan Carlos en el 2011…

Pero ella está convencida de que no hay premio mayor que el aplauso y el cariño de su público: “Eso es lo más grande que puede recibir un artista. Mis momentos más emocionantes han sido frente a un teatro lleno; yo no tengo palabras para expresar lo que eso significa para mí. Esa es la dicha”. Nada más lejos de esa idea de la diva etérea y distante que Rosita Fornés.

Nos recibe en su sala, amable y jovial, para evocar un itinerario que no cabría en una sola página de este periódico.

¿Qué ha significado para usted el escenario?

Ha sido mi vida, aunque seguramente lo ha dicho mucha gente. Ahí fue donde yo logré el máximo de mi felicidad. Tuve la suerte de cultivar diversos géneros.

Y disfruté tanto hacerlos, yo lo disfrutaba todo. Me preguntaban si a mí me habían enseñado cómo moverme, cómo caminar sobre un escenario. La verdad es que no, yo lo hacía espontáneamente. Pero siempre tenía bien en cuenta lo que estaba representando.

Hice muchos personajes. Unos se movían de una manera y otros de otra. Pero te insisto: eso para mí era la vida. Me encantaba mi trabajo, subir al escenario era mi mejor momento. Y siempre tuve la suerte de hacerlo frente a bastante público, siempre a teatro lleno.

Yo nunca me creí la mejor. Nunca me dije “esto o aquello me sale mejor que a cualquiera”. Yo siempre me he encontrado defectos. Hacía la obra, me salía, pero siempre me decía “fallé en esto, en esto y en aquello”. Claro, era algo muy íntimo, me callaba la boca y no se lo comentaba a nadie; pero me servía mucho analizarme.

Triunfó en el cine, la radio y la televisión, “pero la emoción de estar frente a un público es única. Por eso amé siempre la zarzuela y la opereta, el teatro lírico, las comedias y el drama”. En la foto,
interpretando una de sus obras preferidas: La viuda alegre.

Usted ha sido una artista multifacética: bailaba, cantaba, actuaba… De todo eso, ¿qué era lo que le resultaba más cómodo?

A mí todo me resultó cómodo, porque me gustó hacerlo todo. Cuando te gusta lo que haces, tienes muchas posibilidades de que te salga bien. Claro, tuve excelentes maestros, para todos los géneros y todas las manifestaciones.

Recuerdo por ejemplo a Enriqueta Sierra, una actriz muy reconocida en aquellos años, formó a varias de las actrices del momento. Tuve el privilegio de tenerla como maestra. Tuve además muy buenos maestros de canto. Yo al principio solo cantaba cosas bien ligeras, hasta que me dijeron: “Tú tienes voz de soprano”, me pusieron a vocalizar y resultó que llegaba hasta un do sobreagudo.

“¡Con esa voz puedes cantar hasta ópera, si quisieras!” No, yo no aspiraba a tanto. Ahora, el género de la zarzuela y la opereta sí me encantaba. Y lo que más me gustaba era la posibilidad de cantar y también actuar. ¡Y son tan distintos los papeles que puedes asumir! Ese fue uno de los géneros que más disfruté siempre.

Buena parte de sus reconocimientos llegaron gracias a ese arte…

Sí, muchísimos. Aunque siempre los recibí con la mayor humildad, nunca hay que creerse la gran artista, siempre lo podemos hacer mejor. Eso también me lo enseñaron desde el principio. Pero sí, me han dado muchos premios: diplomas, trofeos, medallas… Creo que son la prueba de que he tenido una vida muy intensa. Pero te repito y lo voy a repetir siempre: el premio más grande es el afecto y el cariño que me ha demostrado mi pueblo.

Conoció a algunos de los grandes maestros de la música, el teatro, el cine y la televisión…

No solo los conocí, ¡trabajé con muchos de ellos! Y tuve la suerte de ser amiga de grandes figuras, grandes entre los grandes… Yo los recuerdo a todos con inmenso cariño. Pero son tantos que no tengo todos los nombres en la mente. No quiero mencionar a algunos y que se me olviden otros.

Vamos a hablar del cine. Usted hizo mucho cine en México…

No, no hice mucho cine en México. Pude haber hecho más. Yo me fui de México por cuestiones personales. Me fui en un momento en que iba a hacer muchas más películas, tenía las propuestas.

Pero es indudable que hizo más películas en esos años que después… Hubo una época de ausencia en la filmografía cubana, hasta que hizo Se permuta…

Pues fue maravilloso ese regreso. Me encantó hacer esas películas. Y lo mejor fue la acogida que tuvieron, casi todas las que hice, en las que participé, tuvieron éxito. Creo que a la gente le gustó verme de vuelta al cine, aunque nunca dejaron de verme, porque siempre hice teatro y televisión. ¡Hasta el cansancio!

¿Y alguna vez de verdad se cansó? ¿Alguna vez quiso hacer un alto?

La verdad es que no. Incluso, a veces he trabajado sintiéndome muy mal, con un catarro terrible, con destemplanzas… Sí, claro, ha sido difícil, pero era más fuerte el compromiso.

Una pregunta que seguro le han hecho muchas veces: ¿Qué hace falta para ser una artista, una buena artista?

Primero que todo: tiene que gustarte lo que haces. Gustarte mucho. Tienes que disfrutarlo más allá del esfuerzo y de las dificultades que implique tu arte. Y después, y no menos importante: hay que estudiar, estudiar mucho. Tienes que tratar de ponerte en contacto con lo mejor de tu arte, con las mejores obras y artistas. ¡Hace falta talento, pero hacen falta también deseos!

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