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El recuerdo de Armando Hart

Hart fue un incansable defensor de la cultura cubana. Foto: René Pérez Massola
Hart fue un incansable defensor de la cultura cubana. Foto: René Pérez Massola

La tarde del domingo 26 de noviembre la cultura cubana se entristeció con la partida de Armando Hart Dávalos (La Habana, 13 de junio de 1930), un gran hombre, un buen hombre, un extraordinario revolucionario e intelectual que, como dijera el poeta y presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) Miguel Barnet, “lleva un nombre que ya está en los museos y en la leyenda, que no se puede separar de la Revolución cubana, de la cultura cubana, de la vida de los escritores y artistas, con los cuales ha mantenido un vínculo vivo y fértil, un vínculo entrañable”.

De su heroísmo y valentía en la lucha por la soberanía nacional desde sus años de juventud, cuando estudiaba Derecho en la Universidad de La Habana, hasta el triunfo del primero de enero de 1959 y los difíciles años posteriores, se ha hablado mucho en estos días de remembranza ante su fallecimiento, motivo por el cual, en vísperas del Día del Trabajador de la Cultura (14 de diciembre), quisiera recordar su impronta en la puesta en práctica y desarrollo de los programas revolucionarios por la educación y la cultura, sectores en los que respectivamente fue ministro fundacional.

Tras el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista, Hart fue designado por la dirección del Gobierno Revolucionario como ministro de Educación, cargo durante el cual organizó, junto al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, uno de los acontecimientos educacionales y culturales más grandes en la historia de la humanidad: la Campaña de Alfabetización, responsabilidad que alternó con otras tantas. La enseñanza, en cada uno de los niveles, se llevó a campos y ciudades, al alcance de todos.

Posteriormente, en el año 1976, cuando asumió la tarea de titular de Cultura, al fundarse ese Ministerio, puso a prueba una vez más su notable capacidad de organización y espíritu creativo, así como su entrañable respeto y amor por los valores históricos y culturales del pueblo cubano, del legado de sus antepasados, de sus héroes, y sobre todo, del Apóstol José Martí, de cuya vida y obra fue profundo estudioso. Hart fue un perseverante trabajador de la cultura.

Recuerdo la infatigable batalla del querido Ministro, a inicios de la década de los años 80 del pasado siglo, porque cada municipio del país pudiera contar con instituciones básicas, tales como casas de cultura, cines, teatros, bibliotecas, coros, grupos de danza y de música, etc., para propiciar el desarrollo de la cultura local y que esta fuera asequible a todos, en los más apartados rincones del archipiélago. Los festivales del Nuevo Cine Latinoamericano, de Ballet y de otras expresiones del arte, entre estas las prestigiosas ferias del Libro, encontraron en Hart a su más fiel defensor. Y supo hacerlo tras la remodelación del espíritu directivo y creativo del Ministerio de Cultura, al cual le adjudicó modernidad y sentido práctico, en el que prevaleció la defensa del programa cultural de la Revolución, impregnándolo de sentido de pertenencia, de justicia y nobleza.

“En la silla de ministro se sentó la cultura”, como ciertamente expresó el narrador y poeta Omar González Jiménez, durante un homenaje a la vida y la obra de Armando Hart Dávalos, con motivo de su cumpleaños 87, en la sala Rubén Martínez Villena de la Uneac.

La impronta de Hart en el Ministerio de Cultura tuvo trascendencia internacional. Nunca antes el prestigio de nuestra cultura alcanzó niveles de reconocimiento tan altos; en tanto se convertía en un profundo estudioso de la espiritualidad nacional, dejándonos, como relevantes obras, sus libros Del trabajo cultural; Cambiar las reglas del juego; Cultura en Revolución; Cubanía, cultura y política; Hacia una dimensión cultural del desarrollo; Cultura para el desarrollo; El desafío del siglo XXI; y Ética, cultura y política, entre otros, amén de la publicación de muchas de sus magistrales conferencias y discursos, como Marx, Engels y la condición humana: una visión desde Latinoamérica; José Julián Martí y Pérez: apóstol de nuestra América; y Con la honda martiana; además de las recopilaciones que sobre su vida y su proyección de intelectual revolucionario, martiano y antimperialista, en el año 2008 publicó la doctora Eloísa Carreras Varona —su compañera de vida—, con el título Armando Hart Dávalos, un revolucionario cubano: apuntes para un esbozo biográfico, y Hart, pasión por Cuba, que apareció en el 2014.

En la última Feria Internacional del Libro de La Habana fue presentada la colección de 16 tomos Cuba, una cultura en revolución, que contiene valiosa información aparecida en los artículos, discursos e intervenciones de Hart. Algunos de esos textos eran inéditos o parcialmente publicados.

En el año 1997 comenzó su afanosa dedicación al frente de la Oficina del Programa Martiano, adscripta al Consejo de Estado; y como presidente de la Sociedad Cultural José Martí, a través de las cuales estimuló el estudio y promoción del ideario del Héroe Nacional de Cuba y su proyección internacional.

Los periodistas sentimos gran regocijo cuando el pasado mes de febrero, Hart recibió el Premio Nacional de Periodismo José Martí, que se une a otras importantes condecoraciones, entre estas la Orden José Martí, que se otorga a ciudadanos cubanos, extranjeros y a jefes de Estado o Gobierno por grandes hazañas en favor de la paz y la humanidad.

El pensamiento de Hart, su lealtad a la Revolución y a Fidel, perdurarán en la historia de Cuba y en el recuerdo de los cubanos que lamentan su irreparable pérdida, y en particular de los trabajadores de la cultura que este día le rinden homenaje, junto al Héroe del Moncada Raúl Gómez García, el Poeta de la Generación del Centenario.

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