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“Yo soy Fidel” nació del sentimiento colectivo

Aquella noche de noviembre, mientras la verdad se esparcía como un un rayo fulminante y el desconsuelo se adueñaba de millones de cubanos, los jóvenes de la Universidad de La Habana sintieron que la desaparición física de Fidel tenía mucho que ver con ellos.

De izquierda a derecha, Vicente Díaz Milián, Juan Carlos Imbert Mayola, Alejandro Benítez, Alejandro Redondo Ramos, Ailed Borges Senra y Juan Pablo Cabrera Díaz. Fotos: Eddy Martin Díaz

Allí el Comandante de la Revolución se hizo abogado, consolidó sus ideas revolucionarias y aprovechó sus espacios —sobre todo la Plaza Ignacio Agramonte y la escalinata— para despertar conciencias, movilizar a las masas y sumar a la lucha a cuantos quisieran un futuro mejor para la patria.

Por ello, la confirmación de que la muerte había “sorprendido” a uno de los seres humanos más grandes de nuestra tierra no solo se asumió en esta comunidad universitaria como un gran pesar, sino que en pocas horas se convirtió en una tribuna de apoyo a su pensamiento y al proceso de transformación social y de justicia que él había encabezado desde mediados del siglo pasado.

Foto: Cortesía de la Universidad de La Habana

Del aquel suceso que enlutó a Cuba durante días ya transcurrió un año. Hoy, sobre todo por deber y profundos sentimientos, Trabajadores vuelve a los recuerdos de aquellos momentos cuando los universitarios hicieron suya la hermosa frase de “Yo soy Fidel”.

 

 

 

 

 

La crónica nacida de un dolor

Guardias de honor se hicieron durante toda la jornada de homenaje al Comandante en Jefe.

“El Comandante falleció, se da la noticia y a las ocho de la mañana estaba la escalinata llena de gente exclamando `Yo soy Fidel`, expresión que después el mundo hizo suya”, señaló a propósito de la fecha Alejandro Benítez, estudiante de Periodismo, quien rápidamente entregó en esta redacción una nota sobre el hecho.

Sin lugar a dudas fue un fuerte impacto. “Como cadete insertado en esos momentos estaba albergado, pues al día siguiente tendría lugar un ensayo del desfile militar que tendría lugar el 2 de diciembre en la Plaza de la Revolución. En tales circunstancias nos enteramos del hecho, estábamos desesperados llamando a nuestros familiares y amigos para confirmarla, lo cual ocurrió una vez que el Presidente Raúl en su alocución se dirigió al pueblo”.

En la actualidad, Alejandro integra la secretaria de Comunicación de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) en la UH, pero en aquellos momentos solo era colaborador. “Al amanecer del sábado, cuando salí de la institución la idea que tuve fue venir directamente a la UH, si alguien tenía que responder con rapidez ante tamaña desgracia éramos nosotros, aquí él se formó como revolucionario, como él mismo dijera en más de una ocasión.

“Los muchachos del Instituto Superior de Relaciones Internacionales se sumaron. La movilización fue espontánea, se llenó toda la escalinata, la gente lloraba, expresaba el sufrimiento de diferentes maneras. Fue algo verdaderamente sentido. Y la manera que yo encontré para expresar lo que sentía fue ir a la redacción de este semanario y escribir una crónica. Estábamos viviendo un momento histórico y era importante demostrar al mundo que los jóvenes continuaríamos el legado de Fidel”.

 Cuando el Alma Mater se vistió de luto

“Ahora mismo solo imagino el momento y las lágrimas delatan la tristeza”, apuntó Vicente Díaz Milián, actual presidente de la FEU en la UH, quien cursa el quinto año de la Licenciatura en Física.

“Realmente estábamos muy conmovidos. De manera espontánea, a través de los celulares, empezamos a localizar a los estudiantes, y muchos nos decían que ya estaban en camino. Ha sido de las movilizaciones más grandes que se han organizado. La escalinata empezó a llenarse sobre las siete de la mañana y ya sobre las nueve estaba prácticamente colmada de personas.

“También recuerdo cuando llegaron los muchachos del ISRI con carteles, diciendo consignas. Hoy no me queda claro si la frase de `Yo soy Fidel” nació de ellos o de algunos de nosotros, creo surgió por la propia emoción del momento”.

Es difícil encontrar diferencia alguna en los testimonios de quienes vivieron esas jornadas. Juan Carlos Imbert Mayola, secretario general de la UJC en la UH y profesor de la facultad de Economía, refirió que una vez conocido el hecho comenzó a tener muchas llamadas.

“¿Que hacemos, dónde nos vemos, cómo nos movilizamos?, fueron de las primeras interrogantes de la gente. Entonces lo que hicimos fue citarnos para las primeras horas de la mañana. Cuando llegué sobre las seis y media de la mañana, ya estaban allí el rector, los vicerrectores, estaba montado el sistema de trabajo de la universidad, listo para lo que nosotros necesitáramos. Entonces surgió la idea de enlutar el Alma Mater y la rodeamos de banderas, carteles, imágenes de Fidel.

“También de manera espontánea organizamos una guardia de honor, la cual comenzó ese propio sábado, una vez terminado el acto, y se mantuvo todos los días hasta que tuvo lugar el acto de despedida de sus restos en la Plaza de la Revolución.

“En relación con la frase de `Yo soy Fidel`, se afirma que los estudiantes del ISRI la venían coreando, pero a nosotros nos enorgullece que se dijo aquí en la Universidad de la Habana, junto al Alma Mater que es todo un símbolo”.

En Derecho, una vigilia

Juan Pablo Cabrera Diaz, hoy dirigente sindical en la facultad de Geografía, se desempeñaba el pasado año como secretario general de la UJC en la UH.  Impresionado por todo lo que hizo esta Casa de Altos Estudios, resaltó la vigilia organizada en la facultad de Derecho el sábado en la noche y en la cual participaron muchos estudiantes, también alumnos extranjeros y profesores.

Destacó la realización de las guardias de honor que se hicieron a los pies del Alma Mater durante todo el tiempo hasta que sus  cenizas fueron colocadas en el campo santo de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, y aseguró que “`Yo soy Fidel`no es una frase vana, sino representa la continuidad de sus ideas”.

Al rememorar el acontecimiento, Ailed Borges Senra, vicepresidenta de la FEU y alumna de cuarto año de la carrera de Sociología, aseveró que la respuesta de la comunidad universitaria fue grandiosa. “En ocasiones, en las actividades que hacemos (político-ideológicas o de otra índole) nos esforzamos para lograr una masiva participación, sin embargo, en esos momentos no hizo falta”.

En esos instantes, siendo presidenta de la FEU en la facultad de Filosofía e Historia, no imaginó una respuesta tan sentida. “Hoy no podemos afirmar con exactitud quién creó esa frase, simplemente brotó de la multitud y se impregnó en cada uno de los escalones de esta histórica universidad. La gente interiorizó que Fidel no estaba muerto, sino vivo en cada uno de nosotros, aunque en realidad Cuba había perdido físicamente la figura más grande de este siglo.”

“La noticia, sin dudas —subrayó Alejandro Redondo Ramos, presidente de la FEU en la facultad de Derecho— despertó la necesidad de demostrar el apoyo y el respeto que los universitarios sentían hacia Fidel.

“Lo hermoso es que la mayoría de las acciones nacieron de los propios estudiantes. Hubo un Libro de Condolencias, donde se reunieron alrededor de mil 500 firmas, se repartieron tizas para escribir mensajes de amor, se hicieron carteles y esta facultad redactó una declaración de apoyo y como continuadores de su obra. El día siguiente a su fallecimiento, organizamos una vigilia.  Reunimos dinero, compramos velas, flores, y por la noche estuvimos junto a las imágenes que nos recordaban su vida.

“Soy del criterio de que más allá de quien pudo haber sido el autor de la frase, lo que importa es quiénes se adueñaron de ella. No pertenece a uno u a otra institución, sino a toda la juventud y al pueblo de Cuba”.

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