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Con el taxi a cuestas

Por: Gabino Manguela Díaz y  Leidys Luisa Hernández Mitjans

Ya no son los tiempos de guaguas con incontables pasajeros colgados en  cada puerta, ni de aquellos  inmensos camellos que, en tanto solución divina, amenazaban  también el tránsito. El transporte en la capital de todos los cubanos evolucionó —para bien— hacia un esquema de mejoras, pero  aún mantiene manifiestos lunares  que afean la circulación vial y la  transportación.

Para las autoridades, lo principal es potenciar el sistema público  de transportación, los ómnibus urbanos, asegura Maribel Poulot Bravo, al frente de la Dirección General  de Transporte en La Habana.

“En función de esto se nos asignan anualmente 90 ómnibus, que nos  permiten oxigenar un poco el transporte masivo. Pero a pesar de eso y de saber que el día en que se logren  transportar 1 millón 300 mil pasajeros la solución estará al alcance de  la mano, esta Dirección General y el  gobierno en el territorio nos centramos además en el ordenamiento del  transporte complementario, en especial el servicio de taxis”.

Liborio continuó con la carga a sus espaldas  

“Por ello determinamos aquellas rutas habituales de los porteadores privados, a fin de rediseñarlas y que tengan una distancia aceptable para la transportación de la población, y a la vez que le sea atractivo al porteador prestar el servicio.

“Todo esto teniendo en cuenta que se enlacen nudos importantes en la movilidad de la población y que además se relacionen con hospitales o instituciones principales  donde las personas acuden con más  frecuencia”, indicó.

Tras las medidas instrumentadas, y en franco desafío a las autoridades encargadas, los precios de los  porteadores privados continuaron  su aumento. Solo una cosa no varió:  la carga pesada en las espaldas de  Liborio.

La situación se complejizó —para algunos entendidos debido a la ineficacia de la propia medida, mientras otros lo imputaban a la modorra de las autoridades—, y ya para febrero del 2017 los porteadores privados decidieron cortar las  rutas con el mismo precio del referenciado.

A partir de entonces se agilizaron acciones estatales en aras de  solucionar las evidentes contradicciones con los porteadores privados.  El estudio realizado determinó la  necesidad de 23 rutas de taxis en la  ciudad, las que incluían explícitamente la transportación por autos  privados.

“Están vinculadas, de cierta manera, a todos los municipios de la capital y de ese total en la actualidad solo funcionan cinco rutas”,  recalcó Poulot Bravo. “La intención  es que el sector privado y el estatal  convivan en este servicio y la población pueda acceder a cualquiera de  ellos bajo las mismas condiciones”, precisó.

Se trata de 252 carros, la mayor parte de la marca Lada, con 25  o 30 años de explotación, una cifra  muy por debajo de las necesidades  y que echa por tierra la posibilidad —expresada por la directora  general de transporte en el territorio— de lograr por el momento  una frecuencia de tres minutos  entre un auto y otro.

Entre esas vías se encuentran Reparto Eléctrico a G y 3ra. en el Vedado; desde Altahabana a 27 y D, cerca del hospital Fructuoso Rodríguez; San Agustín al Parque de la  Fraternidad, y las que opera TaxiCuba con los llamados microbús, desde  Santiago de las Vegas hasta 27 y O en el Vedado y la de Cubataxi: desde  Santiago de las Vegas hasta la Terminal de Trenes.

A estas se unen 10 importantes trayectos, por ejemplo Parque de la Fraternidad-Mantilla y Coppelia-Playa de Marianao, entre otros, que son  cubiertos por las guagüitas amarillas de cooperativas. Cobran cinco  pesos por viaje completo y constituyen un complemento al transporte  público, por ómnibus, aunque con  un servicio mucho más limitado en  itinerarios donde exista mayor concentración de personas.

“Pero la primera de esas líneas, la que cubría desde el Parque de la Fraternidad hasta Alamar, desapareció”, se lamentó una  ciudadana que sufre la falta de un  servicio que ofreció evidente acomodo a los pobladores de la concurrida comunidad al este de La  Habana.

Una vez abiertas las cinco rutas, las principales quejas tienen que ver con los precios del pasaje, pues a veces no se entiende cuál es el momento  en que se suman los otros cinco pesos. “Aunque todos los carros tienen  las pegatinas, y que le insistimos al  chofer que tiene que informar dónde termina el tramo, aún esto sigue  generando críticas”, destaca Poulot  Bravo.

Para Cubataxi amplio reconocimiento social

Michel Concepción, director de Cubataxi —quizás la mayor entidad  dedicada a ese servicio— plantea  que las perspectivas de crecimiento de esa empresa están muy limitadas. “Nosotros recibimos un auto  que viene de un régimen de explotación que comienza en el MINTUR,  este lo traslada a TaxiCuba (carros  amarillos de techo blanco), y cuando allí cumplió los parámetros establecidos para el turismo pasan a nosotros, para que repongamos gradualmente el parque. Por ejemplo,  en el 2016 recibieron 311 autos, de  un plan de 303”.

Con poco más de 3 mil 100 taxis a nivel nacional, Cubataxi cuenta con amplio reconocimiento de la población. Su encargo estatal se vincula directamente al Ministerio de Salud Pública, funerarias, es- cuelas especiales y otras actividades sociales.

“Nuestro servicio básico es la atención a los hemodializados del país, para quienes se destinan cada día unos 670 autos. Además disponemos de piqueras en 37 centros  hospitalarios en la capital, de estos  8 nacionales, y en algunas provincias —autorizados por el MINSAP— brindamos servicio para  consultas  especializadas, sobre todo en niños”, aseveró Concepción.

En las bases el sindicato funciona

Alberto Elers Pujols, del secretariado del Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte y Puertos, es un conocedor del tema. “Sin  duda, la reorganización del sistema  de taxis en la capital es algo difícil, complejo. Pero a pesar de eso el  sindicato funciona en las bases, algo  que ayuda mucho a poder elevar el  servicio y mejorar las condiciones  de trabajo”, dijo.

Nos comenta que ahora muchos taxis tienen dos choferes y antes era uno solo, quien se podía llevar el carro a su casa. “Por ejemplo, los choferes se quejan de la cantidad de viajes diarios que tienen concebidos, así como de lo apretado del plan  de recaudación, más la cantidad de  kilómetros a recorrer para buscar  combustible, lo que hace decrecer la  eficiencia.

“Claro, en una base el salario de un taxista podría ser de 2 mil 500 pesos, pero las penalizaciones son fuertes, y el sindicato y la administración están concentrados  en establecer los anexos necesarios  al Convenio Colectivo de Trabajo”,  puntualizó.

“Lamentablemente, afirmó, con el parque del que dispone Cubataxi no se puede sostener el más adecuado Coeficiente de Disponibilidad  Técnica. Son carros de tercera mano  y se rompen mucho.

“En todo este engranaje es imprescindible solucionar las quejas   de los taxistas —tanto estatales  como no estatales— en La Habana  Vieja. Ellos protestan por la cantidad de piqueras que se han cerrado,  de las prohibiciones de estacionamiento para recoger clientes y otras  tensiones a que se ven obligados por  los agentes de tránsito”.

Aunque la directiva de Cubataxi refirió encomiásticamente  la buena situación de talleres y  almacenes, el disgusto mayor de  los choferes es el alto gasto en la  búsqueda de piezas, gomas y otros  insumos indispensables. “No nos  obligan a hacer esas compras, pero  si no las hacemos no podemos salir  a trabajar”, señalan.

El esfuerzo gubernamental ha sido grande en aras de mejorar un servicio que muy difícilmente pueda llegar a feliz término sin la solución previa del sistema de transportación pública de la ciudad.

Pero el abarrotamiento en las paradas de ómnibus en horario matutino y otros momentos pico, así  como las lamentaciones y criterios  de la población demuestran que las  disposiciones puestas en práctica  en los últimos años no han tenido  —por el momento— la repercusión  esperada.

 

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