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Falsa cruzada contra el terrorismo

Sucesivas administraciones estadounidenses continúan invirtiendo la realidad sobre su rol en la lucha contra el terrorismo: mienten con total desfachatez y endilgan a otras naciones responsabilidades que solo atañen a su avieso comportamiento político.

Estados Unidos, la mayor amenaza para la paz mundial, responsable de condiciones caóticas y desestabilizadoras en todos los continentes, y factor de profunda inestabilidad a la seguridad dentro y fuera de sus fronteras, vuelve a asumir ante la comunidad internacional el papel de víctima de grupos extremistas y violentos, y ahora en la propia voz del presidente, Donald Trump.

En su discurso ante el 72 período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas —en una suerte de retórica agresiva e imperial—, el mandatario norteamericano expresó:

“Detendremos el terrorismo radical islámico porque no podemos permitir que destruya nuestra nación y, de hecho, destruya el mundo entero.

“Debemos negar a los terroristas refugio seguro, tránsito, financiamiento y cualquier forma de apoyo a su vil y siniestra ideología.

“Debemos expulsarlos de nuestras naciones. Es hora de poner al descubierto y responsabilizar a los países que apoyan y financian a grupos terroristas como Al Qaeda… y otros que asesinan a personas inocentes.

“Estados Unidos y nuestros aliados estamos trabajando juntos en todo Oriente Medio para aplastar a los terroristas perdedores y detener el resurgimiento de refugios seguros que usan para lanzar ataques contra toda nuestra gente”.

La verdad es que Estados Unidos y sus aliados no están involucrados en una cruzada real contra el terrorismo en el Oriente Medio. Se trata de una guerra imperial que tiene como objetivo saquear enormes recursos naturales como el petróleo y el gas en Siria e Iraq, y también disminuir las esferas de influencia de otros actores internacionales en esa región; para ello utilizan a grupos terroristas como Al Qaeda, Daesh, Frente al Nusra y sus derivados, todos de su propia creación, a los que financia, organiza y apoya.

Lo que sí es cierto y no menciona Trump es que la coalición internacional, lidereada por Estados Unidos, masacra sistemáticamente a poblaciones civiles en Siria e Iraq, arma y respalda al régimen israelí, su más fiel socio en la región, en la colonización de los territorios palestinos ocupados.

Trump “parece” desconocer el prontuario criminal de verdaderos terroristas asentados en el hemisferio occidental, y en particular en el sur de la Florida. ¿Acaso existe alguna diferencia entre Daesh y Omega 7; entre Bin Laden y Posada Carriles; entre Alpha 66 y Al Qaeda? Quizás para quien utiliza la tribuna de la ONU para promover la guerra, el odio y el dolor, muchas de esas interrogantes no tienen importancia alguna.

Señor Trump, Cuba ha sufrido desde 1959 acciones terroristas practicadas por grupos anticubanos radicados en su país, con un saldo de 3 mil 478 muertos y otras 2 mil 99 personas a las que la integridad física les fue quebrantada.

El 6 de octubre se cumplirán 41 años de la explosión en pleno vuelo de una nave de Cubana de Aviación, en Barbados, donde 73 personas perdieron la vida, 24 de ellas integraban el equipo juvenil de esgrima de Cuba, ganadores de todas las medallas de oro del finalizado Campeonato Centroamericano y del Caribe de ese deporte en 1976. Aún Luis Posada Carriles, criminal confeso y uno de los autores intelectuales de ese abominable crimen, continúa vivo y protegido por el Gobierno de EE.UU.

El pueblo de Cuba no tiene otra alternativa que seguir reclamando justicia.

En el escenario de la ONU Trump expresó: “Queremos armonía y amistad, no conflictos ni luchas”. Entonces, cumpla esa voluntad. Venere a su pueblo y asegure un mundo pacífico para todos.

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