Che y los sindicatos, las contradicciones del cambio

Che y los sindicatos, las contradicciones del cambio

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Por Jorge Rodríguez Hernández

Nada en el intenso quehacer de Ernesto Guevara de la Serna (Che) transcurrió como una aburrida línea recta en la accidentada carretera de la vida, la cual transitó con la verticalidad ética y de principios, desde el proverbial ejemplo de su existencia.

Los albores de la década de los sesenta del pasado siglo, se caracterizaron por el debate y la polémica de los temas más diversos, y el Che participó, de forma activa y consecuente, en ese proceso de cambio hacia un nuevo modelo político y económicosocial.

Un período de no pocos criterios encontrados y divergentes, en el cual la crítica y la autocrítica hallaron espacio en el quehacer diario y en los medios de prensa. Desde sus altas responsabilidades en el Gobierno Revolucionario, entre ellas el Ministerio de Industrias (MININD), el Guerrillero Heroico, entonces inmerso en la solución de los problemas, a la vez acuciantes y estratégicos, no eludió las lógicas contradicciones de los cambios en curso, y las asumió de forma creativa y renovadora.

El precursor del trabajo voluntario se preocupó por conocer las dificultades existentes en ese ámbito, pues le inquietaba que con ese tipo de labor se estuvieran tapando deficiencias propias de las fábricas. Así reaccionó ante opiniones contrarias e inquietantes acerca de esa iniciativa por parte de algunos dirigentes sindicales.

En aquellas complejas circunstancias, el Che se cuestionaba por qué importantes actividades que eran de competencia directa de la clase obrera tenían que surgir siempre como iniciativas “burocráticas”, y ante dicha suplantación de funciones, consideraba que “por algún tiempo esto tiene que ser así, pues nuestro aparato de dirección administrativa es más fuerte todavía que el movimiento sindical, estamos más preparados para cualquier tipo de tarea movilizadora u organizativa”.

En septiembre de 1963, Lázaro Peña González, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba- Revolucionaria (CTC-R) participó en un consejo de dirección del MININD, para profundizar sobre contradicciones que se habían producido entre distintos sindicatos y empresas del Ministerio en torno al trabajo voluntario.

En el intercambio se expresaron los respectivos puntos de vista, sin ambages, con la transparencia y convicción requeridas.

El propio Che aclaró que las preocupaciones de la CTC-R por posibles fallas eran también del MININD”, por su parte, Lázaro Peña prometió que se analizarían las experiencias de las que habló el Che, entre ellas “las bases del movimiento y del plan de los bonos y del certificado, para aplicarlos a nivel nacional”.

En una ocasión, estando el Che de visita en una fábrica se le acercaron unos trabajadores para quejarse de que el sindicato le había quitado la asignación de una casa a un obrero, ante lo cual él expresó: “Nosotros no podemos resolver eso.

Ustedes tienen que ganar en conciencia de trabajadores, porque fueron ustedes los que eligieron a sus sindicatos y si estos no actúan bien son ustedes los que deben pedirles cuenta y sustituirlos”.

El Che consideró también que “en el socialismo resulta esencial la dirección obrera porque garantiza su propiedad sobre los medios de producción.

Las masas deben participar de manera colectiva en el diseño del plan, estableciendo las normas y en las decisiones cotidianas sobre la producción y el consumo”.

En este difícil camino de transformaciones y cambios, no exento de contradicciones, en pos de nuevos y renovados paradigmas, los sindicatos tienen aún mucho que aprender del Che, quien desde los saberes, y armado de la teoría y cultura necesarias, se habituó “a ser analítico, a problematizar, único modo de buscar lo cierto, lo esencial y los caminos”.

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