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Aniversario 30 de los Joven Clubs: La otra casa de la familia cubana

Como parte de las actividades veraniegas y las celebraciones por el 30 aniversario de la creación de los Joven Clubs, en todo el país se realizaron jornadas de promoción de la plataforma EcuRed, con tal motivo en el Joven Club Buey Arriba I, de la provincia de Granma, se realizó un intercambio con clientes y trabajadores referido al funcionamiento de esta plataforma. Texto y foto: www.grm.jovenclub.cu

Lianet Suárez Sánchez y Gretel Díaz Montalvo

Hace 30 años, al calor de un verano, aumentó el ritmo de las neuronas de los miembros de la Unión de Jóvenes Comunistas y las Brigadas Técnicas Juveniles. Los unía un objetivo: acercar las nuevas tecnologías a niños y jóvenes, a la población toda. Así organizaron una exposición activa de computación en un local aledaño al Pabellón Cuba; a partir de ahí, nacerían más tarde los Joven Clubs de Computación y Electrónica (JCCE).

Eran tiempos en los que pocos sabían cómo era una computadora o qué se hacía con esta, pero tras la exposición, muchos —con el apoyo inestimable del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz impulsor del empeño— se enamoraron de la idea de acercar las tecnologías a la ciudadanía, como una forma diferente de mirar al futuro.

Los encargados de tamaña misión fueron jóvenes interesados en las ciencias que, aun cuando no estaban pedagógicamente muy capacitados, se adentraron en la tarea con bastante entusiasmo.

De aquellos aventureros, pocos hoy laboran en los JCCE, que suman 600 en todo el país. Con algunos de esos protagonistas conversó Trabajadores.

Aprender y enseñar siempre

Nancy considera que los Joven Clubs juegan un papel importante en el barrio, lo que hay que saber aprovecharlo más. Foto: Leandro Armando Pérez Pérez

Corría 1987 y la camagüeyana Nancy Hernández Martínez no encontraba un centro de trabajo donde aplicar sus conocimientos de técnica de nivel medio en Programación.

“Así fue hasta un día en que a través del periódico Juventud Rebelde me enteré de una convocatoria para participar en un proyecto para los Joven Clubs”, cuenta. “Me presenté, y pasé una serie de exámenes tan abarcadores que de cientos de asistentes solo aprobamos tres. Fuimos los que más tarde nos trasladamos a Villa Clara para pasar unos cursos preparatorios y empezar a trabajar.

“Al comienzo era un poco difícil. Sabíamos que la idea era informatizar a la sociedad, aunque solo teníamos los conocimientos y no la pedagogía. Era un reto enfrentarnos a las aulas. Pero en cuanto di mi primera clase me enamoré de ese mundo y ahora cada vez que aprendo algo enseguida lo quiero enseñar.

“Era muy gratificante ver cómo aumentaban las visitas. Fíjate que se hacían colas para los cursos más demandados. Ahora no es tanto así, pues muchos tienen una computadora en casa y ya no se acerca tanta gente. Eso me apena, porque este es un espacio para el barrio que puede aprovecharse en algo más que reuniones con el delegado. Hay que buscar alternativas para estas instalaciones. Por ejemplo, está el llamado trabajo del ‘callejero’, que va de casa en casa ofertando servicios. Tenemos que mejorar nuestras tecnologías para competir con los particulares. Ahora Mi Mochila es una buena y atractiva opción, pero nos queda por hacer.

“Hay que estar muy preparados, porque ahora cualquiera llega con una pregunta ‘dura’ y uno debe saber responderla. Mi trabajo no es solo dar clases, también investigo, pero ya la cervical y la vista no me acompañan en mis deseos de hacer algo en todo momento y de participar en cuanto evento de Informática se convoque”.

Para Nancy el Joven Club es su otra casa, la que no le gusta ver vacía o empleada únicamente para videojuegos. “Aquí he estado desde el comienzo. Me han llegado varias ofertas de trabajo con mejores salarios, pero esto es lo que me gusta y ahora es difícil que me vaya. Yo voy a ser la ‘instructora del Joven Club’ siempre”.

Pasión de profesora

Marlenis Núñez Zamora está orgullosa de su trabajo en los Joven Clubs. Hoy se desempeña como
especialista principal de la propia institución que fundó y que ahora cumple 30 años. Foto: Lianet Suárez Sánchez

Marlenis Núñez Zamora es una granmense enamorada y orgullosa de su quehacer, con el cual ha ayudado a introducir al pueblo en el mundo de la informatización.

“Este es el único trabajo que he conocido. Son tres décadas que no han pasado muy deprisa y durante las cuales el Joven Club y yo crecimos juntos”, confiesa con humildad.

“Al inicio ya se vislumbraba que eran el futuro y en ese año, 1987, la novedad. Como me había graduado de técnico de nivel medio en Máquina Computadora, en la escuela Eduardo García Delgado, de La Habana, me interesé por trabajar en el que abrirían en Manzanillo. Lo percibí como una oportunidad de oro, y los años me demostraron que no estuve equivocada”.

Tal vez para Marlenis, el popular programa fue como el nacimiento de un bebé que luego ha visto desarrollarse. La tecnología, su medular sustento, ha pasado de poco a más y de obsoleta a moderna.

“Me complacía que nos visitaran para poder enseñar a las personas; pero en la medida que pasaba el tiempo han crecido las exigencias de los clientes en cuanto a la actualización de los dispositivos y la técnica en general.

“Sin grandes saltos fuimos mejorando en ese sentido, aunque persisten insatisfacciones, como una mayor conexión a Internet, algo que tratamos de resolver desde nuestra posición de hacer cada día un trabajo mejor, por lo que ofrecemos alternativas que luego nos agradecen”.

En 30 años hay mucho por hacer y Marlenis, quien es hoy la especialista principal de la propia institución que fundó, no se ha dejado vencer. El ser inconforme la ayuda para alcanzar metas.

“Realmente me gusta el trabajo aquí: llega a ser al mismo tiempo escuela, casa y hasta el barrio. Por la parte profesional logré licenciarme, hacer una maestría y nutrirme de conocimientos, que a su vez me han permitido establecer valiosas relaciones con otros centros laborales mediante la capacitación que ofrecemos.

“Es indescriptible lo que sientes cuando en la calle niños, jóvenes, adultos y hasta personas de edad avanzada te llaman profe, te consultan cualquier tema relacionado o simplemente agradecen y saludan. Creo que esa es la razón por la que permanezco en el mismo lugar y ya no sabría qué hacer si tuviera que ingeniarme otro mundo fuera del Joven Club”.

Treintañera juventud

Nancy y Marlenis hoy rondan los 50 años y las fuerzas no son las mismas de cuando comenzaron en los JCCE. Pero la pasión del principio aún les guía en su trabajo de educar y orientar a las personas. Cada una desde su labor defiende la apropiación y el conocimiento de las tecnologías desde un enfoque social, como una posibilidad, cercana y cierta, al alcance de todos nuestros barrios.

De esfuerzos como los de ambas, y de tantos otros como los de ellas, depende la perenne “lozanía” de los Joven Clubs… que a 30 años de su fundación siguen abriendo sus puertas a toda la familia cubana.

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