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Un aliento moral extraordinario

En el cementerio Tomás Acea, de
la ciudad de Cienfuegos, se  levanta el obelisco erigido en homenaje permanente a los mártires de laacción. Foto: Modesto Gutiérrez

“El hecho del levantamiento de Cienfuegos significó un aliento moral extraordinario para los combatientes de la Sierra Maestra. Ya la tiranía no podía continuar hablando de la unidad de sus fuerzas armadas”.

“Y en ese cayo había alrededor de 300 armas, más armas que las que nosotros poseíamos en ese momento en la Sierra Maestra. Digamos que realmente la idea era correcta y, más que correcta, brillante: que los cienfuegueros se hubiesen levantado junto a los marinos de Cayo Loco y hubiesen marchado hacia las montañas del Escambray”.

“Desde muy temprano, el pueblo de Cienfuegos se sumó a la sublevación. Primero fueron unos 60 o 70 combatientes del Movimiento 26 de Julio, y después fue todo el pueblo: hombres, mujeres y hasta adolescentes se aparecieron allí pidiendo armas para luchar contra la tiranía. Y, efectivamente, las armas se repartieron entre el pueblo”.

“Al pasar por el cayo, y al pasar por el colegio San Lorenzo, el parque Martí, y el Ayuntamiento, recordábamos aquellos días. Nos parecía estar viendo al pueblo lleno de ardor revolucionario; nos parecía estar viendo los jeeps y camiones cargados de combatientes, de marinos y de pueblo. Me parecía estar presenciando aquellas horas de angustias, y aquellas horas amargas al final, de derrota”.

“El Cienfuegos de hoy se puede comparar con orgullo con el Cienfuegos de ayer. Por dondequiera vemos construcciones, creaciones, obras, cosas nuevas, en el orden material. El Cienfuegos de ayer era entusiasta, revolucionario, valiente y heroico; pero el Cienfuegos de hoy —quién no lo sabe— es un Cienfuegos entusiasta, muy revolucionario, valiente y heroico”.

“¡Marchemos adelante a construir el porvenir con el mismo valor, la misma audacia y el mismo heroísmo que los combatientes del 5 de septiembre!”.

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