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Impétigo: una infección prevenible

El impétigo es una enfermedad contagiosa, puede comenzar alrededor de la nariz y la boca y extenderse a otras zonas del cuerpo. Tiene más incidencia en los niños. Foto: Tomada de Epidemiologia Escobar
El impétigo es una enfermedad contagiosa, puede comenzar alrededor de la nariz y la boca y extenderse a otras zonas del cuerpo. Tiene más incidencia en los niños. Foto: Tomada de Epidemiologia Escobar

La niña tenía una gripe bastante complicada; la secreción nasal era abundante, verdosa y gruesa, mas una mañana al despertar hubo que limpiarle bien alrededor de la nariz, pues la mucosidad se había adherido a la piel y fue imposible quitarla con un simple lavado de la cara.

Al concluir ese proceso, la abuela se dio cuenta de que justo a la entrada y debajo de ambos orificios nasales había una lesión; tomó algunas medidas como ponerle violetas gencianas y lavarla varias veces al día. Sin embargo, no mejoraba, por el contrario, le salieron ampollitas purulentas alrededor de la nariz, los ojos, la oreja y una rodilla.

La doctora de la familia diagnosticó impétigo y remitió a la niña a un pediatra especialista en piel para que indicara el tratamiento más apropiado y detener la infección antes de que se propagara por otras partes del cuerpo.

Así, Alejandra Rodríguez fue atendida por dicho especialista, quien la revisó cuidadosamente con una lupa, ratificó la opinión de la médica, y dijo que el impétigo es una enfermedad bacteriana de fácil transmisión, que circula en diferentes zonas del país, pues había sido requerido por varios pacientes en los mismos días.

No quitar la costra

El galeno explicó a los familiares de su paciente que contrario a lo que se había convertido en práctica, no era preciso quitar la costra de las lesiones, pues entonces se corre el riesgo de que queden marcas en las zonas dañadas, y la curación de las ampollas sea de más larga duración.

Indicó un antibiótico oral, una pomada de igual característica para poner sobre las lesiones y, además, fomentos de permanganato de potasio, los cuales serían capaces de arrastrar las bacterias que estuvieran sobre la superficie. Una vez seca el área, aplicar la crema mencionada.

Sugirió no emplear más violetas gencianas, ni hacerle baños de agua hervida con hojas de guayaba, verbena ni manzanilla, pues esas no eran la solución para este tipo de afección.

Puso el tratamiento por 7 o 10 días —de acuerdo a la evolución de la paciente—, pronosticó que una vez comenzara a tomar el antibiótico no le saldría ninguna otra ampolla; y ciertamente así fue, las lesiones fueron mejorando y al término del plazo fijado de una semana, Alejandra estaba curada.

No obstante, buscando información para elaborar este trabajo, conocí de otros casos de niños con impétigo que no han recibido la misma atención médica: no fueron valorados por pediatras ni especialistas en piel, y han tenido una respuesta muy lenta a los tratamientos por lo que las ampollas se les han extendido no solo por el rostro sino por el cuello, el cuerpo y los miembros inferiores y superiores, que constituyen lesiones significativas.

Infección cutánea común

Varias fuentes consultadas coinciden en que el impétigo es una infección cutánea contagiosa y común, causado por las bacterias estreptococos o estafilococos, algunas de las cuales se están haciendo resistentes a antibióticos.

La incidencia máxima se da entre los dos y los cinco o seis años. Su prevalencia es mayor en países tropicales y subtropicales, y durante los meses de verano en otros.

Las personas enfermas, tales como las que tienen infección de garganta o cutáneas, son más susceptibles de multiplicar la enfermedad.

Según un trabajo publicado en el sitio digital Medline- Plus, la piel normalmente contiene muchos tipos de bacterias. Cuando hay una ruptura esos microorganismos pueden ingresar al cuerpo y multiplicarse, lo cual causa inflamación e infección, aunque define que el impétigo también se presenta donde no hay un daño visible.

Es más frecuente en los niños, y en los adultos suele seguir a otro problema de la piel, o desarrollar después de un resfriado u otro virus. El contagio con otras personas se produce por el contacto directo en una zona abierta de la piel con el líquido que supura de las ampollas.

El impétigo consiste en una ampolla llena de pus, que es fácil de reventar, puede producir picazón y se diseminan con el propio rascado de la piel. Es más común en la cara, los labios, los brazos o las piernas, que se propagan a otras zonas; en el caso de los bebés aparece en el área cubierta por el pañal. También puede haber ganglios linfáticos inflamados cerca de la infección.

Las úlceras se curan lentamente. Las cicatrices son raras. La tasa de curación es muy alta, pero con frecuencia el problema reaparece en niños pequeños.

Lo más importante es prevenir

Algunas recomendaciones de los especialistas para prevenir la propagación de esta infección es mantener la higiene adecuada, el uso de artículos personales, lavarse habitualmente el rostro y las manos.

Si ya padece de impétigo es preciso usar siempre paños limpios cada vez que se lave; no compartir toallas, prendas de vestir, ni otros artículos de aseo personal; evite tocar las ampollas que están supurando; lávese las manos minuciosamente después de tocar la piel infectada.

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