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Cuba y Puerto Rico: mucho más que una metáfora.

Fernando González Llort, Héroe de la República de Cuba y presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), se dirige a los integrantes de la Brigada puertorriqueña de solidaridad con Cuba, Juan Rius Rivera, en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella (CIJAM), de Caimito, Artemisa. FOTO/Odalis ACOSTA GÓNGORA
Fernando González Llort, Héroe de la República de Cuba y presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), se dirige a los integrantes de la Brigada puertorriqueña de solidaridad con Cuba, Juan Rius Rivera, en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella (CIJAM), de Caimito, Artemisa. FOTO/Odalis ACOSTA GÓNGORA

Hassan Pérez Casabona⃰

Hablar de los vínculos entre Cuba y Puerto Rico es mucho más que referirse a determinados acontecimientos. Esa relación constituye, en primer lugar, un sentimiento inquebrantable de amistad que brota desde lo más profundo del alma de ambos pueblos. Esos nexos de larga data se acrecientan en la actualidad con renovados bríos, en buena medida porque en las dos islas son innumerables las voces que los cultivan desde múltiples ámbitos.

Tenemos además el estímulo de ser tierra de hombres y mujeres de extraordinaria significación, sin los cuales no puede escribirse la historia de este continente. Bastaría solo evocar, entre muchos imprescindibles,  a Hostos, Betances, Albizu Campos, Lolita, Cancel Miranda, Juan Mari Bras y Filiberto Ojeda, por los borinqueños o a Céspedes, Agramonte, Martí, Maceo, Mella y Fidel, por la Mayor de las Antillas.

El afecto entre los héroes Oscar López Rivera y Fernando González Llort, surgido desde lo oscuro de las prisiones del imperio (en las que no debieron estar ni un solo segundo de sus vidas) es uno de los tantos puentes que, a manera de símbolo, hemos levantado las dos naciones.

Entre los momentos en que nuestros caminos confluyeron, ora por la vocación irredenta o por imposiciones foráneas está 1898.  El 10 de diciembre de aquel año, con la firma ignominiosa del Tratado de París, Estados Unidos se abrogó el derecho de intervenir en los asuntos de Cuba, Puerto Rico, Filipinas e Islas Guam.

Fue un zarpazo —so pretexto de la voladura del acorazado Maine—, camuflada por la Resolución Conjunta de ambas cámaras del Congreso, mediante la cual la élite de poder estadounidense presentó cartas credenciales, acerca de que había llegado la hora de actuar como el gran centro de poder universal, desplazando a las potencias europeas de antaño.  No en balde Lenin señaló, con precisión inequívoca, que la intromisión del poderoso vecino, en la contienda bélica que libramos durante más de treinta años con España, fue la primera guerra imperialista de la historia.

Luego, en muchos sentidos, los senderos entre la plena y el son se bifurcaron. En otros, por el contrario, cada día se fortalecieron más los lazos de afinidad. “No han podido eliminar nuestra lengua ni cultura. En eso seguimos siendo un bastión de resistencia como los cubanos”, expresó hace unas horas emocionada Angélica María, joven nacida en San Juan que se siente una más entre nosotros, desde que con 12 años pisó por primera vez el verde caimán, en la etapa más dura del Período Especial.

Amor con amor se paga

La Brigada puertorriqueña de solidaridad con Cuba, Juan Rius Rivera, junto a miembros del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). FOTO/Odalis ACOSTA GÓNGORA

Cargados de sueños arribaron otra vez a Cuba los integrantes de la XXVI Brigada Juan Rius Rivera. Este colectivo diverso no ha dejado de visitarnos desde 1991, trayendo consigo en cada edición  proyectos concretos que continúen cimentando la fraternidad.

En esta ocasión los brigadistas cumplimentarán un amplio plan de actividades que se extenderá hasta el 1ero de agosto, que incluye recorridos e intercambios de trabajos por Playa Girón y Santa Clara. De manera especial rendirán un homenaje al inolvidable Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara, en el 50 aniversario de su asesinato en suelo boliviano.

En el acto inaugural participaron Edwin González, delegado de la misión puertorriqueña en nuestro país y el presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) Fernando González, quien resaltó el valor de las acciones que ellos emprenden en defensa de nuestra causa.

Milagros Ribera Pérez, fundadora de la comitiva y presidenta del Comité de Solidaridad con Cuba, ratificó el orgullo de contribuir a estrechar las relaciones con valores comunes. Si algo quedó claro es que el amor entre los dos pueblos trasciende la belleza de una metáfora.

Instante especial resultó el tributo al revolucionario boricua Julio Vives, ante la tarja que perpetúa su memoria y en presencia de dos de sus hijas. Este luchador independentista también consagró su vida al apoyo incondicional a la Revolución Cubana.

Los brigadistas recibirán diferentes conferencias sobre temas de la actualidad antillana e internacional, entre ellos el proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas emprendido con Estados Unidos, a partir  del 17 de diciembre del 2014. En ese sentido manifestaron su enérgico rechazo a las medidas anunciadas por el presidente Donald Trump en su infausto discurso del pasado 16 de junio, en Miami.

El programa previsto contempla jornadas de trabajo voluntario en la agricultura, en las inmediaciones del Campamento Internacional Julio Antonio Mella, enclavado en el municipio de Caimito, así como diálogos con figuras relevantes del deporte y la cultura y representantes de las organizaciones de masas de nuestro país.

Juan Rius Rivera nació el 26 de agosto de 1848 en Mayagüez. Se incorporó a nuestras gestas independentistas el 19 de enero de 1870, cuando desembarcó al oeste de Punta Brava, en Manatí, como parte de la expedición  del yate Anna, al mando de Melchor de Agüero.  Se opuso a las sediciones de Lagunas de Varonas, el 26 de abril de 1875 y de Santa Rita, el 11 de mayo de 1877.

Fue uno de los patriotas que acompañó a Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá y también uno de los redactores de la Constitución de ese año. Resultó herido en diversas ocasiones, entre ellas en los combates de Potrerillo y Proenza, en 1875 y en el de Cabezas de Río Hondo, el 28 de marzo de 1897, en el que recibió tres impactos de balas. Cumplió prisión, desde diciembre de ese año, en  el Castillo de Montjuic, Barcelona.

En noviembre de 1900  fue elegido por Pinar del Río a la Asamblea Constituyente. Desde el cargo de vicepresidente de la misma rechazó las presiones estadounidenses.  Como muestra de su hidalguía se ausentó a la sesión donde se conocía sería aprobada la Enmienda Platt, como apéndice que cercenaba nuestra soberanía.

En 1905 ingresó en el cuerpo diplomático, función en la que nos representó ante varias naciones centroamericanas. Decepcionado por la situación imperante en Cuba marchó a Honduras, la tierra de su esposa, de manera definitiva en 1907. En predios catrachos falleció el 20 de septiembre de 1924. Sus retos mortales fueron traslados a nuestro país el 29 de abril de 1958, descansando desde entonces en la Necrópolis de Colón. El Consejo de Gobierno lo ascendió el 31 de diciembre de 1896 a Mayor General, el más alto grado conferido por el Ejército Libertador.

Profesor Auxiliar del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana.

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